Opinion · Otras miradas

Las razones de MásPaís

Mario Martínez Zauner

Antropólogo e historiador

Al mismo tiempo que Pablo Iglesias y Juan Luis Cebrián charlaban en el Círculo de Bellas Artes, en la presentación de un libro con título provocador, Cal viva, Íñigo Errejón desenterraba su proyecto de MásPaís en la sede madrileña de UGT para mostrarse a la nación como un hombre cargado de razones.

La coincidencia es notable, puesto que la referencia en sede parlamentaria a esa “cal viva” escenificó públicamente el primer enfrentamiento entre dos de los fundadores de Podemos, antaño amigos, ahora rivales. Por aquel entonces, en marzo de 2016, Iglesias no estaba dispuesto a permitir que Podemos apoyara un pacto entre PSOE y Ciudadanos, así que lo hizo saltar por los aires ante el estupor de Errejón.

Tres años, dos elecciones generales y una moción de censura después, el líder de MásPaís ha decidido retornar al Congreso, seguramente con la intención de consumar lo que no pudo llevar a cabo entonces: pactar con PSOE y Ciudadanos y demostrar que las fuerzas de cambio son también disruptivas en las formas y en su capacidad para llegar a acuerdos. Por lo que parece, Errejón cree firmemente que puede reconstruir el lazo comunitario y renovar el pacto social mediante un patriotismo verde y transversal al que se sumen conservadores y radicales. Un “ni rojos, ni azules” resuelto por la vía ecologista y feminista.

El problema es que la irrupción de MásPaís se produce en un contexto muy revuelto y bajo algunos antecedentes inquietantes: la aprobación por parte de MásMadrid de la Operación Chamartín; la sintonía de intereses entre el PSOE y la CEOE; la invitación explícita desde el entorno de Sánchez (y el propio Sánchez) a la concurrencia electoral de Errejón; o las acusaciones de traición desde la militancia de Unidas Podemos por haber roto el imperativo de “¡Unidad!” proclamado en Vistalegre II.

Todo ello ha obligado a Errejón a aparecer ante la opinión pública como un hombre cargado de razones. En primer lugar, como razón numérica: el desencanto por las negociaciones fallidas entre PSOE y UP conduce a una hipotética abstención que MásPaís podría recuperar para la causa progresista. Segundo, como razón instrumental: la presencia de MásPaís en el Congreso permitiría desbloquear el acuerdo entre liberales y socialdemócratas. Y tercero, como razón de Estado: el país necesita de una fuerza capaz de armonizar las necesidades de la mayoría con los intereses de una minoría mediante una institucionalidad fuerte y decidida.

MásPaís nace así como un partido de orden, bajo el auspicio de una “unidad de destino” (hasta ese punto llega la teorización del patriotismo democrático en autores del entorno errejonista como Clara Ramas). La hipótesis populista, basada en la conquista hegemónica de una “democracia radical” mediante la construcción de pueblo por su confrontación con las élites, según el esquema arriba/abajo, ha mutado. Ahora se trataría de un patriotismo transversal, una especie de paraguas de color verde para defender la soberanía e impulsar una refundición nacional. Años después del proyecto nacido de las plazas, emerge así una vía de resignificación progresista de la bandera, lo cual presenta dos peligros: jugar en el terreno de los símbolos nacionales, donde las derechas se mueven con mucha más soltura; y empobrecer el proyecto verde y feminista, subsumido en una proyección patriótica inconcreta.

Las elecciones de noviembre decretarán si las razones de Errejón resisten la contienda o bien se caen por su propio peso. La razón numérica podría acabar debilitando al bloque progresista; la razón instrumental podría acabar sirviendo únicamente a los intereses liberales, obviando los socialdemócratas; y la razón de Estado podría fagocitar la empresa progresista, como tantas veces le ha pasado al PSOE desde hace cuarenta años. Solo quedaría entonces lamentarse, por haber puesto el gobierno en bandeja a la sinrazón de las derechas, y por haber dejado en un segundo plano la razón poética del pueblo.