Opinion · Otras miradas

El nietísimo

El líder Más País, Íñigo Errejón, durante la presentación de su programa. EFE/Chema Moya
El líder Más País, Íñigo Errejón, durante la presentación de su programa. EFE/Chema Moya

Javier Pradera tenía muchos mantras. «Más vale rojo una vez que ciento amarillo» era uno que repetía con frecuencia. Si ya de tranqui era un tipo que, por su seriedad y estatura, imponía un huevo, cuando se cabreaba acojonaba tanto como una osa grizzly (¡ursus arctos horribilis!), puesta en pie sobre sus cuartos traseros para defender a su cría. Que se lo pregunten si no a Felipe González, con el que tuvo más de una gresca a cuenta de la corrupción.

Otro mantra que repetía habitualmente era «las conductas humanas están siempre multimotivadas». Incluso en el caso de Eduardo Inda. Actúa por dinero, sí, pero también le mueven su estupidez y la rabia ante su propia mediocridad.

Pradera (todos le llamábamos por el apellido) hacía siempre hincapié en la complejidad de la psicología humana. Supongo que por eso era tan buen analista político. Siempre se esforzaba en no razonar como un cuñado. Igual que existe el Anticristo, él era el Anticuñao.

De la misma manera que Sherlock Holmes invitaba siempre a su leal y no–tan-tonto-como-la-gente-piensa amigo Watson a que aplicara sus métodos detectivescos, intentaré yo emplear el método Javier Pradera con Íñigo Errejón. Lo que dice en público El Nietísimo (¿hace falta decir, a estas alturas, Nietísimo de quién?) es que cuando la patria nos llama, hay que salir de la zona de confort y bajar a la arena.

Lo que viene a decir Errejón: «Yo podría haberme quedado tan tranquilo durante cuatro años en mi escaño de la Asamblea de Madrid, con plus de portavocía, sin el menor problema. Es la posturita cómoda. Pero estoy hecho de otra pasta. Tengo madera de héroe. Los héroes se sacrifican por los demás. Como mis compatriotas necesitan un gobierno ya, abandono mi mullida poltrona, porque no estoy en política para calentar sillones: me debo al bienestar de los más necesitados».

Lo bueno que tiene El Nietísimo es que llama patria a lo mismo que yo, o que su ex jefe Pablo Iglesias, o que Chicho Sánchez Ferlosio, del que, por cierto, se estrena en breve el documental de David Trueba Si se llevara el viento lo que yo canto.

Dicen que la patria es
Un fusil y una bandera
Mi patria son mis hermanos
Que están labrando la tierra.

Eso cantaba Chicho en los años 60, en plena dictadura franquista. Sigue siendo verdad, en plena democracia sanchista. La patria, mal que les pese al Trifachito, no son los símbolos. Que a ellos les ponen, inexplicablemente, la carne de gallina. Pero la patria no es ni la bandera rojigualda (cuanto más grande mejor), ni el himno español (cuanto más atronador, mejor), ni el Código Penal (mejor cuanto más decimonónico y punitivo). Los símbolos patrióticos son los burladeros que sirven de refugio o de coartada a los canallas. La patria son los niños en riesgo de pobreza (un 30% en España), las familias que no pueden afrontar gastos imprevistos ni permitirse un solo día de vacaciones (una de cada tres), o las madres que no se animan a tener un niño porque no saben si podrán mantenerlo en la España miserable que nos han legado Zapatero y Rajoy. Y que Irene Lozano, desde España Global, se empeña, a lo Cándido de Voltaire, en decir que es el mejor de los mundos posibles.

De acuerdo pues, con el Nietísimo, en cuanto a la patria. Pero hay en él un ansia, casi una necesidad compulsiva por quedar bien, que despierta mis recelos. ¿Qué mueve a Errejón? El afán de ayudar a los demás, desde luego. Esa motivación no se la niego. Pero hay más, como nos enseña Pradera. Él se sabe un superclase. Es un gran político, con una cabeza muy bien amueblada y un piquito de oro. Y sin embargo está jugando en 4ª Regional. No lo digo por decir: en la Autonómicas quedó el cuarto. La Operación Ahora Madrid le salió MAL. Ganó a Podemos, es cierto, pero ¿a qué precio? Ni siquiera es el líder de la oposición. Gabilondo le dobló en votos y en escaños. Su candidatura no ha servido para frenar al Trifachito, que gobierna en colusión para mangonear a su antojo un presupuesto de 20 mil millones de euros. Y él no puede hacer nada para impedirlo. Errejón no lucía. Y se le escapaba la vida. Y la tele, que tanto se ocupa en cambio de su extronco Pablo Iglesias. ¿Qué ha hecho entonces? Ha comprado un décimo de lotería para el Congreso de los Diputados y si le toca (cualquiera sabe lo que puede pasar el 10–N) intentará defender a los más desprotegidos, sí. Pero también exhibirse en la tele a tutiplén, en plan Pitagorín político, como si fuera un cantante de moda. Y decir frases brillantes en las entrevistas. Lucirse en un ego trip a escala nacional. Es delirante la cantidad de horas de atención mediática que reciben los líderes políticos.

¿Y si no le sale? El Nietísimo no ha abandonado su escaño en la Asamblea. Ese desde el que prometió protegerme como madrileño durante cuatro largos años. Pero no se quedará colgado de ninguna farola, como el pobre paraca del 12 de Octubre. Si no saca  grupo parlamentario en noviembre (que puede pasar) no volverá a la Universidad, pero no se quedará en el Congreso, a pintar la mona. Errejón se ha montado una puerta giratoria política. De la Asamblea al Congreso y del Congreso a la Asamblea. De oca a oca y tiro porque me toca.

De modo, Nietísimo, que no nos vendas más que te sacrificas heroicamente por la patria, porque el salto al Congreso te la pone durísima. Y te tiras con paracaídas y sin farola a la vista.

Así también doy yo el salto ¿no te jode?