Otras miradas

El momento de ser valientes

Noe Ayguasenosa i Soro

Diplomada en Cultura de Pau, impulso la Unidad de Mediación de Mossos d’Esquadra

Gorka Espiau Idoia

Ex portavoz de Elkarri, el movimiento social por el diálogo y el acuerdo en el País Vasco y Senior Fellow del Instituto por la Paz de Estados Unidos

En momentos convulsos de injusticia, de emociones intensas, contradicciones y dolor, cuando la rabia brota, es necesario pararse e intentar ser más valientes que nunca. Venimos de una semana muy dura, ante lo que en gestión de conflictos se denomina una situación de escalada. Ante este escenario, queremos compartir las siguientes reflexiones para poder realizar esta reflexión con valentía.

Inteligencia colectiva para salir de esta situación. Pensemos en acciones interconectadas que permitan detener la escalada del conflicto. Nadie va a poder hacerlo sólo y necesitamos instrumentos para coordinar acciones.

Diálogo y escucha.  Cuando hablamos de diálogo no hablamos sólo de diálogo entre el Estado y Catalunya, hablamos de escucha activa, de diálogo social y comunitario, familiar, interpersonal, que implique a todos los sectores de la sociedad. Es necesario trabajar en cada uno de estos niveles. Potenciar el diálogo como el instrumento más democrático para la gestión de esta situación implica comprometerse con la vía de la no violencia. La práctica del diálogo no hace perder contundencia reivindicativa, no tiene ninguna connotación conformista ni de resignación. Que otros no quieran, no desacredita la vía dialogada.

Defensa de derechos y libertades. Nos reafirmamos en la reivindicación de una salida política a un conflicto de naturaleza política. Desde esta posición no podemos dejar de denuncian la aberración que ha supuesto la gestión judicial del conflicto. A partir de ahora, se hace indispensable pensar en la reparación de los daños causados y la búsqueda de fórmulas para que los presos políticos recuperen la libertad y puedan ejercer el diálogo des de su posición de lideres sociales y políticos.

No violencia. La vía pacífica radical es a corto, medio y largo plazo mucho más eficaz en la lucha contra las injusticias sociales. Este convencimiento profundo y radical no es incompatible con la constatación de que en este conflicto coexisten diferentes violencias con sus respectivas cuotas de responsabilidad. Tenemos violencia estructural, institucional, cultural, sistémica, violencia contra las personas, violencia contra las cosas, etc. Frente a este abanico de naturalezas violentas solo conseguiremos una legitimación del diálogo político si tratamos a todas las violencias con el mismo nivel de rechazo.

Existe el peligro de restar importancia a determinados tipos de violencia. Condenamos las violencias: TODAS LAS VIOLENCIAS. La violencia que supone la vulneración de derechos y libertades, la violencia urbana de grupos de ciudadanos, la violencia policial. Todas.

Comunicación no violenta. La forma en la que comunicamos sobre lo que está pasando influye directamente en la situación. Abogamos por un uso del lenguaje que destierre una proyección social dicotómica, que huya de los bandos, de la simplificación del enemigo. No debemos menospreciar el efecto del lenguaje violento y excluyente como promotor de la violencia. Es absolutamente recuperar y exigir la necesaria la aportación de matices y la capacidad crítica sobre nuestras propias posiciones.

Discrepancia. Educar y actuar en la discrepancia. No hay que perder de vista que los posicionamientos políticos de los adversarios son legítimos, e interiorizar como decía Albert Camus, la posibilidad de que el adversario tenga razón, o parte de razón.

Humanidad y empatía. Rehuir las posiciones nosotros/ellos y luchar contra la deshumanización del adversario. Comprender que en todo este proceso hay mucho dolor y sufrimiento de personas muy diversas, tan diversas como la sociedad. Saber reconocer el dolor de los demás y buscar soluciones conjuntas.

Política. Es la hora de la política en mayúsculas, la que tiene el imperativo de transformar la vida de la gente, la que resuelve conflictos y no los crea, ni los acentúa.  Política a la altura de las circunstancias sin partidismos ni electoralismo, que denuncie y huya de la judicialización de la política y ponga límites claros a la vulneración de derechos y libertades.

Democracia.  Democracia también con mayúsculas, donde se contemple la disidencia, la movilización, la discrepancia, y el ejercicio de derechos y libertades. Un sistema político democrático sano es aquel que admite en su seno la posibilidad de un cambio de marco jurídico y político respetando las mayorías sociales en cada ámbito de decisión.

Responsabilidad. La responsabilidad va mucho más allá de las responsabilidades de los representantes políticos. Cada una de nosotras tiene capacidad de influencia individual y colectiva en diferentes ámbitos de la sociedad, (cotidiano, colectivo, familiar, profesional, activista, ...) Todos tenemos nuestro ámbito de responsabilidad.

Oportunidad, debemos poner en valor la potencialidad que tiene un movimiento reivindicativo tan multitudinario que apuesta por la no violencia, tanto a nivel teórico como en la práctica. Un modelo reivindicativo pacífico es una oportunidad de profundizar en estos valores como elementos esenciales de nuestra sociedad. Esta es la manera en la que deseamos proyectarnos al mundo.

Movilización y lucha. Movilización y más movilización, para reclamar cada uno de estos puntos esenciales para la convivencia. La situación de clara vulneración de derechos provoca que cada vez sean más personas que demanden el cambio de modelo, de paradigma y si es posible con la máxima unidad de la radicalidad democrática.

Esta crisis nos plantea una posibilidad de construir un nuevo relato sobre nosotros mismos. ¿deseamos pasar a la historia por las barricadas de Barcelona o por las imágenes de la gente expresando su opinión de forma pacífica y democrática?