Opinion · Otras miradas

Gobierno de España y ‘coalición Navalagamella’

Luis Moreno

Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Bandera de la localidad madrileña de Navalagamella.
Bandera de la localidad madrileña de Navalagamella.

En Alemania, país acostumbrado a la formación de coaliciones en el gobierno federal y en los Länder regionales, suelen “bautizar” a tales coaliciones con el nombre del país cuyos colores representa a los partidos involucrados en los acuerdos de gobierno. Así, tras las últimas elecciones federales del 24 de septiembre de2017, se habló mucho, y se negoció la posible formación de una coalición Jamaica. Es decir, llegar a  acuerdo de gobierno entre los democristianos de la CDU-CSU de Angela Merkel (cuyo color se representa con el negro), los amarillos Liberales del FDP liderados por Christian Lindner y los Verdes de Cem Özdemir y Katrin Göring-Eckardt. Los tres son los colores de la bandera del país caribeño.

Las negociaciones entre los tres partidos que sumaban la mayoría parlamentaria en el Bundestag se iniciaron el 18 de octubre de 2017, pero las conversaciones colapsaron el 20 de noviembre después de que el FDP se retirara, argumentando que las conversaciones no habían producido una visión o confianza común. Pese al pragmatismo de buena parte de la clase política germana, el enfoque neoliberal del FDP chocaba frontalmente con los postulados de un desarrollo sostenible o la implementación de un ingreso básico el sistema de seguridad social propuestos por Los Verdes.

Con tales antecedentes, y a la vista de los resultados producidos en la elección del 10-N, pensé que para la redacción del presente artículo quizá podría encontrarse una bandera que incluyese los colores característicos de aquellos partidos que podrían facilitar la investidura del candidato del PSOE, cuando menos en segunda votación, mediante una votación simple de más síes que noes. En tal acuerdo inicial, participarían el PSOE y Unidas Podemos (ambos partícipes en un gobierno de coalición) y el Partido Nacionalista Vasco, el cual no ha mostrado deseo de integrarse en el ejecutivo central español, pero nunca ha desdeñado su activa participación en los asuntos de España, especialmente en lo que afecta a la preservación y mejora de su autogobierno. Otros partidos con menor número de diputados, tales como Más País o el Partido Regionalista de Cantabria podrían sumarse a la coalición Navalagamella.

Pensaba que algún país habría en el mundo que incorporarse los colores rojo (PSOE), morado (UA) y verde (PNV) y que pudiera ilustrar gráficamente la propuesta que aquí se apunta. Pues no. Según parece el color morado siempre ha sido difícil de mantener en las grímpolas nacionales y, hasta hace poco, sólo algunos de ellos lo han utilizado (Qatar, por ejemplo, cuya tonalidad es más bien granate). Ante la insistencia de su padre, mi hija consiguió identificar una bandera con los tres colores antedichos, representativos de PSOE, UA y PNV. Se trata de la correspondiente a Navalagamella, un municipio al este de Madrid de poco más de 2.600 habitantes. Hágase la salvedad de que los dos colores principales de la bandera son el rojo y el morado, los cuales deberían estar en principal sintonía con la acción principal del gobierno PSOE-UA. El escudo interior incorpora también el verde del partido vascuence.

Llegados a este punto conviene desgranar las bondades de la opción Navalagamella. En primer lugar, debe destacarse la inevitabilidad de un acuerdo gobierno entre PSOE y UA. Ya no ha lugar a recriminaciones infantiles por la preferencia de las poltronas, ni a atender a los cálculos más o menos sofisticados de consejeros áulicos (ahora se les denomina más finamente spin doctors, utilizando la jerga anglosajona). Estos nunca suelen reconocer resbalones estrepitosos, aduciendo elementos contingenciales imprevistos o circunstanciales en sus proyecciones de futuro. Pero siguen dando la vara, sustituyendo el valor de la política por la modelización de las conductas del median voter, tan del gusto de las escuelas comportamentalistas anglo-norteamericanas.

Naturalmente el peso principal dentro del nuevo gobierno debería recaer en el PSOE, pero sin alharacas mediáticas ni prepotencias inútiles. UP debe confrontar las responsabilidades del gobierno central en manera inédita, pero sin perder sus señas de identidad. Entre estas últimas destaca, la lucha cual “ángel exterminador” contra las prácticas corruptas en las que no sólo los partidos de derecha se han metido a hoz y coz esquilmado dineros públicos a discreción El propio PSOE, involucrado en indeseables casos de corrupción, se beneficiaría enormemente de un socio que hasta ahora ha esquivado los escándalos del trinque, lo que es uno de sus mayores activos políticos.

El PNV no es un partido de izquierda. Miembro fundador de la Internacional Cristianodemócrata tiene un pedigrí democrático impoluto, el cual otros partidos parvenu quieren ahora manchar en modo rastrero y mezquino. Fue responsable, en su gobierno vasco de coalición con el PSE-PSOE, de implementar el primer programa de rentas mínimas en España con su Plan contra la Pobreza de 1989.

Más País, Partido Regionalista de Cantabria y algún eventual diputado podrá añadirse al voto de la segunda votación de investidura. Sólo un voto negativo agregado de franquistas nostálgicos, conservadores, secesionistas y desorientados de C’S haría posible lo que ahora parece como improbable. Sería su responsabilidad. Si Sánchez se convierte en presidente del Gobierno, se le presentará subsiguientemente el gran reto de su legislatura. Y este no es otro que presentar y negociar con sus socios, y también con aquéllos que no le hubieran votado (por activa o pasiva), los Presupuestos Generales del Estado. Si fallase, su carrera política tocaría a su fin. Antes incluso de encarar un problema de mayor envergadura cual es la articulación territorial de la piel de toro y el acomodo de Catalunya en la Espanya Gran.

Se dirá, y con no poca base argumentativa, que la propuesta apena pergeñada es alambicada y liada como la pierna de un viejo romano. Pero es el espejo de un empecinamiento multipartidista que persiste por voluntad de los electores. Ciertamente, hay una vía más expeditiva y simple: Gobierno de coalición PSOE-PP. Quizá algún spin doctor trate de sacarla de la chistera de lo inverosímil.

A modo de postrer chascarrillo, baste recordar que Navalagamella tiene alcalde del PP desde 2015. Lo cortés no quita lo valiente…