Opinion · Otras miradas

La heroica Anábasis de Ciudadanos

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su comparecencia este lunes en la sede del partido, en Madrid, en la que ha anunciado su dimisión como líder de la formación naranja tras los resultados de las elecciones del 10-N. EFE/Rodrígo Jiménez
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su comparecencia este lunes en la sede del partido, en Madrid, en la que ha anunciado su dimisión como líder de la formación naranja tras los resultados de las elecciones del 10-N. EFE/Rodrígo Jiménez

La Anábasis es una aventura portentosa que ha dejado para la posteridad el retrato de la zozobra de un ejército derrotado (y a la fuga) en tierra extraña, una angustia parecida a la que hoy viven sin duda los militantes de Ciudadanos: fue el gran relato de Jenofonte (uno de los protagonistas de la gesta) donde nos cuenta cómo, tras superar infinitas penalidades, logró regresar a Grecia junto al grueso de la expedición de 10.000 hoplitas pagados por el joven Ciro para arrebatar el trono a su hermano, el emperador persa Artajerjes.

Muerto aquél en la intentona, fueron los griegos traicionados y abandonados a su suerte en tierra lejana y hostil, pero lograron convertir su retirada en un gran éxito bajo el liderazgo de Jenofonte, quien supo insuflar a sus camaradas de valor, confianza y dignidad: las tropas llegaron sanas y salvas a casa, convirtiendo su derrota por lo tanto en un hermoso relato de superación que fue reclamado en otras obras literarias; también en el cine, como en The Warriors, de Walter Hill, ambientada en una trepidante guerra de bandas de New York.

Los 10.000 representan un hito histórico, pues fue la primera vez (en torno al 400 antes de Cristo) que de forma masiva se contrataran mercenarios para dilucidar un conflicto político exterior. Así, tal y como sucediera con estos mesnaderos, Ciudadanos también marcó un hito en las guerras de España: fueron pagadas sus tropas espléndidamente por los persas de hoy, y entrenados como pelotones de asalto que se querían ligeros y rápidos de movimientos, a izquierda o a derecha, se les desproveyó de cualquier pesada mochila de ideas o fundamento ideológico alguno… salvo el de insuflarles de un feroz sentimiento antinacionalista.

Sus estrategas y capitanas fueron seleccionados de entre los de mejor talle para ganar planos con un verbo machacante y pose atractiva aunque insustancial… y la cosa funcionó así durante años por las cadenas de televisión, lo cierto es que bastante bien.

Los hoplitas de Rivera, subastados en las más selectas ferias de lo bélico como mesnada de alto caché, tenían la misión de bloquear con sus ojazos de infarto el lado tenebroso de la crisis que catalizaba amenazadoramente Podemos: habría que concluir, pues, ante el batacazo del 10 N y el pacto alcanzado ayer entre Sánchez e Iglesias, que no culminaron sus campañas con éxito, como tampoco lo obtuvieran los griegos en tierras de Babilonia, aunque este extremo, para la intención de mi artículo es un hecho de valor relativo pues lo importante considero que es la concomitancia épica y la enseñanza común que pudiera extraerse sobre la angustia de los que son abandonados por su líder en mitad de la nada y, no obstante, consiguen volver a casa superando las adversidades con inteligencia, coraje y dignidad.

Y es así que una vez caído Rivera como fuera asesinado el general griego Clearco, los militantes de Ciudadanos deben sentirse hoy desorientados y en desamparo, huérfanos de líder y amenazados en las llanuras de esta península seca y hostil que es España, tal y como les sucediera en la inmensa Anatolia a los 10.000 de Jenofonte: “cuando los estrategas fueron capturados  y los capitanes y soldados que les acompañaban fueron pasados a cuchillo, se produjo un tremendo desconcierto entre las filas griegas” leemos.

Este es el momento clave de la narración: cuando los generales son decapitados, Jenofonte da un paso al frente y consigue aunar los ánimos de los griegos para batirse en una complicada e incierta retirada que pasaría a los anales de la guerra y de la literatura por el grado épico que alcanzó.

Yo creo que es ahora, en este durísimo trance poselectoral, cuando de entre las filas de Ciudadanos debe surgir otro Jenofonte que logre aglutinar a los supervivientes tras la catástrofe y conseguir llevarles sanos y salvos a casa a través de abruptos desfiladeros, superando trampas y calamidades sin cuento.

¡Aún está en sus manos convertir en éxito lo que es una derrota sin paliativos: ésta es la enseñanza de la Anábasis que deberían aprender!

¿Será Aguado el nuevo Jenofonte, Arrimadas, Villacís, o el exdirector mundial de refrescos con o sin cafeína? O aún peor, ¿no pretenderá ese papel trascendente Tony Cantó, mudo estos meses hasta la estridencia, como si se hubiera olido hace tiempo la tostada?

Mucho me temo que atosigados por sus antiguos pagadores, no quieran en Ciudadanos emular al héroe griego y mantengan sus posiciones hasta derramar estúpidamente la última gota de sangre en la trinchera de la inutilidad política, al estilo sacrificial, por ejemplo, de UPyD.

En mi opinión, perderán así la oportunidad de llenar de honor sus decisiones: habría pues que animarles a liberarse de los pactos que tanto les han ensuciado, y a que dejen caer al fin esos gobiernos afianzados con el tuit abominable de la derecha violenta: ésa es la Anábasis que debería dejarnos escrita la expedición mercenaria de Ciudadanos al emprender su última y gran retirada.

Si logran reunir sus maltrechas fuerzas en torno a la figura visionaria de un nuevo estratega, quizás vean claro que alejarse de la caverna es la única ruta posible que les llevará unidos y con la cabeza alta hasta las orillas del mar donde finalmente se diluirán como la gota, o lágrima apenas, que en realidad siempre fueron.

No pueden seguir apuntalando tras tamaña derrota militar, y la subsiguiente decapitación de Rivera, a una banda de persas como la de Ayuso o Moreno, que fían sus gobiernos a los exabruptos de un fascismo repugnante.

Ánimo pues, líderes de Ciudadanos, que todos sabemos que será una decisión arrojada que exigirá un alto grado de lucidez política, pero que tendrá sin duda la compensación de ser recordada como gesta honorable en los anales más consultados de la historia: quedará sin duda escrito para la posteridad que la mermada tropa de liberales alcanzó al fin sus añoradas tierras de Grecia, y todos desaparecieron así de la vida pública, para tranquilidad de Malú y del resto de castigadas familias, y para congratulación general de los muy sufridos habitantes del Peloponeso.

Qué gran aventura la de Jenofonte; ¡y qué buena película es The Warriors, de Walter Hill, en el fondo una inolvidable historia de amor! ¡No os la perdáis!