Opinion · Otras miradas

Educación, prevención y libertad de decisión

Luca Chao

Portavoz del Grupo Común da Esquerda

El eslogan es claro: educación, prevención y libertad de decisión. Un clásico del movimiento feminista, hoy reivindicado por las compañeras chilenas que armadas de pañuelos verdes insisten en la necesidad de una educación sexual que garantice relaciones informadas y libres. Pasa en Chile, y con menos épica pero igual necesidad, aquí, en nuestro país, donde el Partido Popular se encargó de eliminar del currículo educativo aquella famosa educación para la ciudadanía en la que se abordaban también este tipo de contenidos.

Sin embargo para los que insisten en negar las violencias machistas no fue suficiente. El ascenso y normalización de la ideología ultra va de la mano de propuestas tales como el PIN  Parental. Un documento que los centros educativos deberían pedir a las familias para que autoricen, o no, charlas, talleres y actividades “con carga ideológica o moral contraria a sus convicciones”. Propuesta que tras la negociación con el Partido Popular en Andalucía quedó aprobada así: “permitiendo que los padres puedan excluir a sus hijos de la formación no reglada por actividades complementarias o extraescolares cuando sean contrarias a sus convicciones”.  Es decir, las familias podrán vetar, si lo desean, la escasa formación en sexualidad o cualquier otro contenido de la que han empezado a llamar “ideología de género”. Pactos de gobierno al margen, lo mínimo que deberíamos exigirle a los llamados constitucionalistas del Partido Popular es que con la igualdad no negocien, la igualdad no es ni opcional, ni negociable.

Menos aún con la lamentable situación de la educación afectivo-sexual en las aulas. Ante la ausencia de una formación sistematizada, en el mejor de los casos el alumnado asiste a charlas esporádicas sobre prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. En el mejor de los casos, digo, porque no se trata de contenidos curriculares sino de conferencias que los centros pueden decidir, o no, impartir. Esto es, a día de hoy no hay nada más sistematizado para la educación sexual en los colegios que para, digamos, charlas que se pueden impartir en los centros sobre la promoción de la minería. Es la lógica del libremercado, los colegios reciben una oferta de coloquios e imparten los que deseen.

Todo esto al tiempo que las agresiones sexuales grupales, las tristemente famosas manadas, aumentan, que las violencias machistas se dan en gente cada vez más joven, se multiplican las agresiones lgtbi y proliferan las enfermedades de transmisión sexual.

En este sentido defender la incorporación de la educación afectivo-sexual en las escuelas supone tratar de garantizarla como un derecho que no dependa ni de la voluntad de los equipos directivos escolares, ni de la orientación ideológica de los gobiernos, ni del carácter público o privado de los centros. Una formación sexual y emocional que dote a las chicas y chicos de las herramientas necesarias para labrar relaciones informadas, libres, saludables y equitativas. Una formación que ayude a romper con los estereotipos de género en virtud de los caules las mujeres aprendemos desde niñas que nuestro papel es el de agradar, y que nuestro deseo estará siempre supeditado al del varón que nos acompañe. Una formación que entre en las aulas antes de que lo haga el porno, para que los niños aprendan también la empatía, la escucha, que solo sí es sí y detecten los comportamientos propios de la masculinidad dominante impuesta. Una enseñanza que supere el heteronormativismo, respete la diversidad, que diga que la normalidad es una invención y que no hay nada más democrático que el respeto a todas las diferencias. Que pueden ser quien quiera ser, y que pueden y deber amar y desear libremente.

Nuestra propuesta es la de una educación afectivo-sexual feminista, diversa e integral. Un pilar fundamentar de la educación en igualdad que debe extenderse desde los primeros años de vida hasta la etapa universitaria. Trabajar para una sociedad igualitaria implica que las niñas y niños aprendan sobre identidad y diversidad sexual, sobre consentimiento y deseo, sobre anticonceptivos, sobre salud, sobre relaciones afectivo sexuales libres, igualitarias y alejadas de las violencias machistas.

Los beneficios son múltiples. De acuerdo con los datos de la OMS, en los países con una educación sexual reglada, la iniciación sexual es más tardía, hay menos embarazos no deseados y menos enfermedades de transmisión sexual. Es decir, mejora sus vidas, y, por ende, mejora toda la sociedad.

El movimiento feminista lo lleva diciendo décadas, educación sexual para decidir. Así lo piden también las profesionales de la enseñanza, profesionales de la salud, y cada año, el movimiento estudiantil. Así lo recogimos ayer en el parlamento de Galicia donde, finalmente, conseguimos el apoyo de todos los grupos. Un paso importante para la enseñanza en igualdad en Galicia y una línea que sin dudas debe guiar la futura ley educativa.