Otras miradas

Una Cumbre sin pueblos

Miriam Miranda

Activista hondureña y defensora de los Derechos Humanos y Ambientales

Mientras se sigan celebrando estas cumbres climáticas como una ceremonia de poder, no se va a conseguir establecer una estrategia y una ruta real que pueda combatir la crisis climática. Las cumbres, como la de Madrid, se han convertido en un espacio donde los organismos multilaterales y las empresas, que hacen una labor de lobby, trabajan para que no se asuman verdaderos compromisos y, sobre todo, para que se sigan implementando falsas soluciones a la coyuntura climática.

El hecho de que esta cumbre sea en Madrid supone que la mayoría de los pueblos del sur no tendrán posibilidad de participar. Se trata de una estrategia que muestra hasta qué punto el poder aleja a las voces de los pueblos de las tomas de decisión que atañen a la humanidad. Durante años, he venido insistiendo en que no hay una verdadera responsabilidad, mucho menos voluntad, para empujar hacia medidas radicales que consigan combatir la crisis climática de una forma real.

Es en estas cumbres, donde se aprueban fondos verdes que, sin embargo, terminan convertidos en instrumentos que fortalecen a las instituciones de los gobiernos más debilitados. Por un lado, se implementan proyectos para apoyar la reforestación de los bosques en Europa y, por otro, se permite que la deforestación del cono sur siga produciéndose, así como el desarrollo de multitud de proyectos extractivistas que fomentan y agrandan la crisis climática. Vengo de Honduras, el segundo país productor de palma aceitera, un Estado donde hace tiempo se dejó de sembrar comida para que la monoproducción pudiera seguir creciendo. Pero no es sólo Honduras, lo mismo ocurre en el resto de países del sur, desolados por otro tipo de monocultivos.

No hay decisiones políticas que sean verdaderas. Tampoco hay interés porque todo es una falacia. Seguirá siendo así hasta que las empresas y las multinacionales sigan marcando el camino de las decisiones políticas que se toman en este tipo de cumbres.

Mientras tanto, los pueblos seguirán sobreviviendo. Seguirán haciendo frente a unas catástrofes que también se convertirán en habituales en otras zonas. Lo que hoy se vive en el norte, también se vivirá en el sur. No se pueden declarar a los países del norte como verdes cuando son los que permiten que sus empresas exploten y destruyan los recursos de las sociedades del sur. No se puede permitir que hablen por nosotros. Son ellos, los países del norte, quienes consumen más recursos y, por ello, debe haber corresponsabilidad en la búsqueda de soluciones a la crisis climática.

Es hora de tomar decisiones radicales.