Opinion · Otras miradas

Furia en la caverna

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

Solo recuerdo una pataleta de los crueles pobladores de la caverna semejante al jaleo que hoy están armando: cuando Zapatero aprobó la ley de igualdad LGTBI. Para demócratas y amantes de las películas de vampiros, ver en soleada manifestación a los obispos vestidos de traje negro y gafas de calavera obligado a madrugar, fue tal acontecimiento que nunca tendrán palabras suficientemente elogiosas para agradecérselo a ZP. ¡Qué gozo!

Es verdad que la derecha es por naturaleza muy escandalosa, como recordaba Carrillo entre caladas, pero es que cada día que pasa tiene más rotos los nervios: obispos y mamporreros de los obispos, empresarios y mamporreros de los empresarios, toreros y mamporreros de los toreros, se desquician e irritan por un futuro que para ellos duele ya como un doloroso presente: subida de impuestos a los ricos, vicepresidencia para el Coletas, mamandurria a las feministas, ¡Cataluña votando!, salario mínimo por las nubes, maceteros de marihuana adueñándose de las terrazas de Lavapiés, persecución implacable a los corruptos… ¡un sindios!

Esta reacción desbocada, esta angustia que genera el miedo a perder lo que sin legitimidad uno se ha ido apropiando, hace que la carcundia se desboque en sus más granadas expresiones carpetovetónicas.

Esta zozobra se puede ver en Tendido cero, programa de TVE que se ha convertido (y con gusto) en la emisora oficial de los adentros más sombríos de VOX. En su última entrega da la palabra a un ganadero, Justo Hernández, para que hable con gozo de sus animales, claro, pero también para que raje de lo que de verdad importa: poner a caer de un burro a los animalistas, que están ahí, jodiendo la fiesta, con el objetivo espurio de “enriquecerse y conservar su estatus”. ¿Hay nervios o no? En ese programa es que desde hace unos años no se habla casi nada de tauromaquia.

Los obispos, para variar, andan también muy angustiados; aunque suene un poco impío, es como si estuvieran perdiendo la fe. Y motivos no les faltan porque, qué pasará si finalmente le descuadran las cuentas al ecónomo por lo del atraco a mano santa de las inmatriculaciones; y lo del Concordato, eh, y lo del coño en procesión absuelto, casi nada, y por no hablar lo de los ataques a la educación concertada…

Todo les atribula, y ante tanta inseguridad jurídicomoral su portavoz más travieso, el obispo Cañizares, como diablo Cojuelo que no para de enredar, llama en su última pastoral a “una sanación urgente”, que ha sido entendida por muchos como una llamada a alzarse más allá de lo espiritual con el fin de vacunarse contra este apocalipsis socialcomunista.

Cañizares puede parecer un `bocas’ pero la realidad es que calcula muy bien lo que dice: ojo con su parroquia, que menudas pulgas se gastan, sobre todo después de comulgar.

Hemos visto mucha rabia también en el Ayuntamiento de Madrid, espacio público donde el concejal Ortega Smith cada día que pasa gana algo más en infamia, si es que eso fuera posible; de nuevo ha sido por comportarse muy malamente con las mujeres, y a mí me parece que cuando a éstas se las desprecia de forma patológica, unos reaccionan denigrándolas hasta lo insoportable en sus gestos y discursos públicos, y otros, más extremos en la resolución del conflicto, como Ted Bundy, deciden bajarles los humos acechándolas en algún oscuro portal.

Es una similar sociopatía, aunque manifestada en dos niveles distintos: uno evidentemente criminal, y el otro… pues yo creo que en esa línea, pues aflojando en el hostigamiento social decae el ánimo político de perseguir con el temple debido al agresor: ¡algo habrán hecho las muy zorras, que son unas zorras!

A Nadia Otmani, faro que debería conducir las conductas contra el machismo rampante de Vox, ya le están pasando la cuenta por encararse con Ortega Smith los más nerviosos de su partido: un concejal de Puertollano, con síntomas evidentes de estar atravesando un momento angustioso en lo personal, descalifica en un tuit a la valiente activista como quien despelleja un conejo después de estrangularlo con delectación en la oscuridad de su corral.

Es evidente pues que hay inquietud en la caverna, sensación de que algo justo y cruel es perentorio que acontezca, como una intervención divina: que mañana amanezcan los ríos desbordados de sangre pútrida; o muy humana, sin embargo, como unas ilusionantes terceras elecciones, lo que sea con tal de tener una nueva oportunidad de aguar la fiesta a esta panda de rojos de mierda.

Pero junto a toda esta mala leche, a esta rabia tan turbia como escandalosa, también hay alegría con ganas ya de romperse en abrazos tras de conseguir al fin el primer Gobierno progresista desde la Segunda República. Ninguna pataleta de fachas lo va a evitar, pienso yo, por muy revueltos que estén, por mucha ira que les pudra por dentro…  aunque también están furiosos al parecer algunos relajados del PSOE, u otros en la misma Cataluña, celosísimos del protagonismo histórico que puede robustecer aún más (si cabe) al rojazo de Rufián.

Que pataleen, que se coman los uñas, pero que pierdan ya toda esperanza: ni con los refuerzos indebidos del napoleónico líder de Waterloo van a conseguir contener este río desbordado de ilusión.