Opinion · Otras miradas

Javier Bardem, el dedo o la luna

Marta Nebot

Periodista

El actor Javier Bardem, en la Marcha por el Clima, en Madrid. EFE/Kiko Huesca
El actor Javier Bardem, en la Marcha por el Clima, en Madrid. EFE/Kiko Huesca

A veces me llaman de Telemadrid para participar en un debate mañanero cortito de tú a tú que titulan La réplica. Los madrileños que nos ven, mientras, votan quién de los dos ponentes tiene razón. Los temas suelen ser de actualidad e interesantes. Hoy he perdido por un 95% de goleada y me he quedado con ganas de explicarme más. Quizás es que tengo mal perder: ¡Culpable!

La pregunta era: ¿Crees que quienes lideran la lucha contra el cambio climático deben predicar con el ejemplo? La cuestión iba acompañada de unas imágenes de Javier Bardem y Penélope Cruz en el coche más contaminante del mundo y de Greta Thumberg desayunando, en un tren, alimentos que venían en envases de plástico.

¿Mi argumento principal? Predicar con el ejemplo sí, ser santos no. Estamos mirando más al dedo que a la luna que nos señala.

¿El principal argumento de mi oponente (hoy, Carmen Tomás)? A mí me enseñaron de pequeña que hay que ser honesto y consecuente.

El resto ha sido defender y atacar a Javier Bardem y ahí es donde creo que me he equivocado.

Que Bardem es un tío solidario es indiscutible. Lleva años gastando energía, tiempo, dinero e imagen en muchas causas. En 2003 se atrevió a decir alto y claro «no a la guerra», en 2007 produjo el documental Invisibles en colaboración con Médicos Sin Fronteras (sobre los niños soldado de Uganda; la violencia sexual contra niñas en El Congo, el Chagas en Latinoamérica, que ya ha matado a 18 millones de personas; los campesinos colombianos en medio de una guerra entre el narco y el Estado y sobre el Mal del Sueño, que mata a 100 personas diarias que podrían curarse con un producto que en Occidente usamos para depilarnos). En 2012, produjo Hijos de las Nubes, otro documental, esta vez sobre el Sáhara. Consiguió llevar el asunto a Naciones Unidas y que el embajador francés reconociera que «Marruecos es una amante con la que se duerme todas las noches, de la que no se está particularmente enamorado pero que se debe defender». Aquel episodio generó una crisis diplomática. Con este trabajo, consiguió que en la ONU, al menos, se pusieran colorados por vender al Sáhara y al pueblo saharaui a Marruecos para que siga haciendo de tapón de África. Bardem nos recordó que los saharauis eran españoles, hasta que Franco y el Rey Juan Carlos los abandonaron, y que conservan sus DNIs que lo atestiguan en los campos de refugiados argelinos en los que continúan su lucha.

Ahora es embajador de Greenpeace y ha hecho con ellos otro documental en la Antártida, Santuario. Está empeñado en conseguir que el 30% del mar sea protegido antes de 2030, para que no colapse, y por eso fue quien dio un discurso este fin de semana en la manifestación más grande contra el cambio climático que ha habido en España.

Sin embargo, nada de esto importaba a los televidentes que me estaban viendo esta mañana y es normal, porque probablemente muchas de estas causas no las consideran propias. Tampoco han tenido en cuenta la información que he aportado. El coche que se vende en las redes sociales como suyo, el más contaminante del mundo, no es suyo. Es un coche que le mandaron para recogerle y llevarle a algún evento. Javier Bardem tuvo coche eléctrico y pequeño (no digo la marca ni el modelo, aunque lo sé de buena tinta); ahora no tiene ni eso y alquila coches eléctricos cuando le hacen falta.

Sí han debido tener en cuenta los anuncios de su mujer de cruceros. Se le acusa de inconsecuente porque esos cruceros que anuncia Penélope Cruz contaminan muchísimo. Si hubiera tenido tiempo habría dicho que ella siempre hizo mucha publicidad de muchas cosas y que él no y habría añadido que creo en la autonomía dentro de las parejas y que me parece mal que se culpe a un cónyuge de las decisiones profesionales del otro.

Pero, sigo cometiendo el mismo error, sigo defendiendo a Javier Bardem y eso es perderme la luna de este debate.

Lo mollar es: ¿queremos que los profesionales con éxito, la gente que puede utilizar su nombre para concienciar al mundo sobre asuntos importantes, lo haga a pesar de sus defectos y posibles contradicciones o no? ¿Solo los anacoretas pueden defender la lucha contra el cambio climático? ¿Quedan invalidados sus argumentos por haber cometido algún pecado?

Es que Bardem no pagó a Hacienda, me dijeron hoy. ¡Culpable! Pagó una multa al fisco de 151.000 euros por «infracciones leves» en sus declaraciones de IRPF de 2006 y 2007. Bardem paga sus impuestos en España.

Es que llamó «estúpido» a Trump y al alcalde Almeida y eso no se hace. ¡Culpable! Se disculpó en las redes sociales al día siguiente. ¡Vaya! Es un ser humano y no mintió cuando dijo que Almeida quiere revertir Madrid Central y dejar entrar a los coches contaminantes (a los C, para ser más concretos).

¿Quién es él para subirse a un púlpito y decirnos lo que tenemos que hacer? Me preguntó Carmen Tomás, eso sí, sin mirarme a la cara en ningún momento. Pues, es uno de los mejores actores del mundo, con una trayectoria muy larga de activista comprometido y con una historia familiar que habla de lo mismo. Su madre, Pilar Bardem, es famosa en la profesión por haber parado rodajes para defender derechos laborales de algún colectivo implicado en el trabajo, fuera del nivel que fuese.

Pero me sigo perdiendo en la defensa de alguien a quien admiro y cuyas luchas comparto y la cuestión no es esa.

Greta Thumberg y sus viajes no contaminantes representan una manera de llamar la atención sobre el problema pero no la única.

¿Vamos a cuestionar también a Richard Gere, a George Cluny y su mujer, la abogada y activista Amal Ramzi, a Al Gore y a cualquiera que tenga dinero por defender causas humanitarias? ¿Vamos a vilipendiar a todo el que tenga contradicciones? ¿Qué buscamos: mensajeros o santos? ¿Inspiradores o dianas sobre las que disparar? Me sorprende ver a tanta gente capaz de lanzar la primera piedra.  Me parece sospechoso que los últimos que han llegado a esta batalla por el planeta sean tan beligerantes con los posibles errores de los que llevan en ello mucho más tiempo. ¿Será la justificación del converso? ¿Será que los que lo dan todo por perdido son los que más atacan a los que tienen esperanzas porque ellos les recuerdan que se han rendido?

Te puede caer gordísimo, Javier Bardem y todo su familia, por lo que sea. Pero ¿de verdad el 95% cree que su trayectoria personal no le da derecho a participar en  la lucha contra el cambio climático por montarse alguna vez en coches contaminantes o porque a su mujer le guste la pasta?

De lo de Greta ni hablo, porque estoy por la defensa de la infancia y del activismo idealista y no creo que se pueda descalificar por tener hambre en un tren, venga en el envase que vaya.

Quizás es verdad que no sé perder y que me conmueve y me inspira la gente que lucha por algo más que por si misma. ¡Culpable! Tal vez por eso no debería defender ninguna causa.