Opinion · Otras miradas

Llenarse la boca

Yahcov Ruiz

Secretario de Organización de Podemos Euskadi y parlamentario de Elkarrekin Podemos

Estamos a punto de conseguir una subida significativa en la Renta de Garantía de Ingresos, «la RGI», a través de los presupuestos del Gobierno Vasco para el año que viene y hay algunas voces que no ahorran esfuerzos en criticarlo. Una  subida del 4% que sumada al aumento conseguido a principios de año con las Leyes de Acompañamiento Presupuestario suponen un incremento interanual del 7,5%.

Era de esperar críticas de sectores como el Partido Popular, que se empeña en criminalizar a las personas perceptoras y tacharlas de «vagos y dormilones», olvidando adrede que muchas de quienes reciben esta renta son personas que aún teniendo un trabajo su sueldo no llega a cubrir los mínimos vitales, con contratos precarios que existen en buena medida gracias a las Reformas Laborales del PP (y PSOE), y olvidando que muchas otras personas perceptoras son pensionistas que reciben este complemento tras años de devaluación de sus pensiones, también obra de los gobiernos de turno.

Lo que sorprende un poco más, o quizá no, es que sectores de la izquierda se rasguen las vestiduras porque el grupo parlamentario de Elkarrekin Podemos se siente a negociar con el Gobierno Vasco para conseguir esta mejora, como si eso supusiera obligatoriamente renunciar a querer seguir protegiendo y mejorando los derechos y servicios sociales, como si eso implicara avalar automáticamente toda la acción -e inacción- del Gobierno Vasco. ¡Qué más quisiéramos algunos que tener un Gobierno perfecto que no requiriese una oposición que señale las carencias y proponga soluciones! Si así fuera no hubiera sido necesario que entraramos en las instituciones.

Es muy fácil llenarse la boca de discursos puristas y de posiciones inamovibles cuando todos los días puede llenarse la boca con comida, y se duerme caliente cada noche. Pero lo cierto es que las únicas personas en posición de dar lecciones sobre subidas de la RGI son quienes saben lo que es decirle a sus hijos que hoy no tienen nada para cenar, quienes acuden al cajero automático con el corazón en un puño y la esperanza de haber cobrado ya la renta exigua que les permita meter algo en la nevera, quienes tienen que elegir entre pagar el alquiler o poner la calefacción.

Se entienda o no, hay que asumir que el circo mediático es parte de la actividad política, pero el discurso de postureo sobra completamente cuando toca hablar de ciertas cuestiones. Porque vivir dignamente es un derecho incuestionable de la ciudadanía, y protegerlo, blindarlo y mejorarlo es una obligación de todos los grupos políticos. ¿Por qué no salimos de la trinchera y hacemos política que permita, paso a paso, mejorar la vida de las personas que peor lo están pasando?