Opinion · Otras miradas

Mujeres calvas

Aún recuerdo cuando, nada más llegar a casa del hospital tras su operación, mi madre confesó que se encerró en el baño para mirarse al espejo con un pañuelo en la cabeza, para ver cómo sería su imagen si se caía su cabello. Esta Navidad, me llegó un aviso a mi Instagram. Alguien me había etiquetado en un post. Cuando lo abrí, decía: “La industria de la belleza no genera libertad, sino esclavas de nuestro cuerpo y de nuestro tiempo. Porque la libertad de la mujer está en sus derechos, no en la imagen que esperan de nosotras”. Era una frase mía, que aparece en uno de mis libros, y que se mencionaba en el post para dar paso a un proyecto que desconocía completamente: Mujeres calvas.

En cuanto visité el perfil de esta idea, descubrí este documental que espera financiación a través de su web.  Y lo importante es el tema de debate que sitúa, cara a cara, en la sociedad. Estamos más que habituadas a los hombres calvos, estén como estén. Algunos, incluso, decimos que son más atractivos o interesantes así. Ocupan portadas de revistas o espacios en películas y obras de teatro sin ningún temor al qué dirán. Nadie los cuestiona, nadie se gira cuando los ve pasar por la calle, nadie les pregunta, nadie se sorprende. Está asimilado y asumido en cada persona. Visualmente nos hemos educado con esa opción en ellos, como una más.

En cambio, cuando es una mujer, ocurre todo lo contrario. Y sé de lo que hablo como cuidadora de cáncer. Las reuniones en las asociaciones sobre la enfermedad, que trataban sobre la estética durante la quimioterapia, eran solo de mujeres. Desde su cutis, pasando por el pelo o las uñas. No había apenas hombres que se acercaran a estos espacios, transmitiendo la idea de que su calvicie, consecuencia de la quimioterapia, fuera un problema para conseguir un trabajo. O, simplemente, que dejaran de mirarlo como un bicho raro, o que le generase angustia, le restara seguridad en su día a día o que impactara en su autoestima de forma especial.

En ellas era diferente. Sólo había que hablar con estas mujeres para entender cómo les afectaba de forma especial, cómo les dañaba emocionalmente y cómo muchas dejaban de quererse en ese proceso. Es un tema tan tabú que la industria piensa en todo tipo de opciones para nosotras: para cómo camuflarlo, cómo disimularlo, cómo evitar que la gente se entere… porque, de no hacerlo, junto al estigma social se puede sufrir exclusión.

Este grupo de mujeres son muy valientes porque lanzan a nuestra cara un tema oculto bajo pañuelos, sombreros o pelucas. Un tema que no se visibiliza y del que no se informa. Porque la alopecia no es sólo una consecuencia temporal de una quimioterapia, surge de otros muchos procesos y puede derivar en una alopecia permanente con la tienen que convivir, en una industria de la belleza que no muestra a las mujeres calvas. Una industria que, si a las que tenemos cabello débil, nos bombardea con productos y peinados y opciones para aparentar tener “pelazo” o “melenón» y aumentar volumen, o que nos presenta todo tipo de colores para el cabello para que no se nos vean las canas (que a ellos también los hace más interesantes…), imaginemos lo que suponen estos estereotipos y patrones en mujeres que saben que su cabello nunca volverá a crecer. Insisto, esto va más allá incluso de la quimioterapia. Hay otras muchas complicaciones de salud que derivan en esta situación. Porque, además, las mujeres en el tema hormonal tenemos variedad. Entre los tratamientos por la regla, la endometriosis, la premenopausia o la menopausia, tenemos todas las consecuencias posibles en nuestra piel y cabello.

Estas mujeres necesitan crear red, conocerse y saber que no están solas. También advertir a otras que lo sufrirán o lo sufriremos (porque ninguna estamos a salvo de ello). Necesitamos saber desde el principio a qué procesos nos enfrentamos. No es nada baladí. Entre las promociones del proyecto cuentan la historia de Júlia. La echaron en 2017 de la compañía de teatro infantil en la que trabajaba porque dijo que fuera de escena no se pondría una peluca. Su jefe… era calvo. Tampoco es de extrañar cuando hay profesionales médicos estupendos en este tema, pero otros se caracterizan por su falta de información y sensibilización en el trato con las pacientes.

Estas mujeres necesitan que se conozca nuestra alopecia, en particular, porque hay que visibilizar y normalizar. Son abanderadas y están dando solas el primer paso en un tema que se oculta y se cubre. Mujeres calvas trata la alopecia en todas sus formas (androgenética, areata, universal,…) a través de la vida de un grupo de mujeres que se muestran tal y como son. Con un simple gesto, la retirada de sus pañuelos o sombreros, desafían la norma.  Es desvelar cómo la calvicie afecta a las mujeres por el hecho de ser mujeres. La igualdad entre hombres y mujeres también pasa por esto. Por no complicarnos la vida si llega este momento y porque no recibamos el estigma ni el rechazo social. También tenemos derecho.