Otras miradas

Una década termina, otra comienza

Carlos Beneitez

Periodista

Si primera década del siglo XXI estuvo atravesada por una bonanza económica; la que dejamos atrás lo ha estado por la crisis económica, la destrucción de los derechos laborales, las grandes movilizaciones y un terremoto político que ha cambiado por completo la configuración y el modus operandi de la política institucional.

Tras un largo ciclo de crecimiento y desarrollo económico; la primera década del siglo XXI colapsó por las malas prácticas, la corrupción y un modelo de crecimiento que conjugaba la burbuja inmobiliaria con la burbuja hipotecaria (una tormenta perfecta).

En aquellos años, todos nos creíamos clase media y los recortes en derechos no parecían importarnos; "¿Desahucios? Eso a mí no me va a pasar a mí, tengo un contrato indefinido", "Eso es para los morosos profesionales". Si comparamos las movilizaciones que la reforma de 2009 (Ley 19/2009 de medidas de fomento y agilización procesal del alquiler) provocó, con otras más recientes, fueron minoritarias. Pero lo que hemos vivido esta década tiene mucho que ver con lo que se hizo, a ojos cerrados, desde el "España va bien". 

Durante aquellos años, la economía crecía como una locomotora. A golpe de recalificaciones (con sus mordidas incluidas) e hipotecas se iba cebando la caldera. Con la maquinaria al rojo vivo y una enorme cantidad de dinero, creado de la nada, en circulación comenzaron los grandes proyectos: Expo Zaragoza, los aeropuertos sin aviones, la Fórmula 1 de Valencia, los Juegos Olímpicos de Madrid… Las administraciones se endeudaron, los administradores se lucraron ‘y en eso llegó’ la crisis y la nueva década.

Una década marcada por la crisis y la pobreza

La década comenzó entre escándalos de corrupción ocurridos en los años dorados, el paro y los desahucios. Día a día los titulares hablaban de un nuevo ERE, una nueva imputación, el aumento de la prima de riesgo, caídas históricas en la bolsa… Con este panorama no tardaron en llegar las reformas laborales, los recortes de las pensiones, la austeridad y el 135.

Con las dificultades económicas y dos reformas laborales llegó el paro. Con el paro y la "Ley 19/2009 de medidas de fomento y agilización procesal del alquiler" llegaron los desahucios. Con los recortes en ayudas sociales, prestaciones y otros "chiringuitos" las calles se llenaron de gente buscando en los contenedores. Con las subidas de la luz y los beneficios históricos del oligopolio eléctrico llegaron las casas que ardían por la llama de una vela, que iluminaba el hogar de quien no podía pagar la factura. Con el paro, los desahucios y sin oportunidades los jóvenes mejor formados comenzaron a emigrar; "no nos vamos, nos echan". Mientras esto acontecía, el estado concedía un "préstamo en condiciones muy favorables a la banca", pero la banca nunca lo devolvió.

Un buen día; cesaron los ERE’s, los despidos y dejó de hablarse de desahucios. "Ha pasado lo peor", "ya se ven los brotes verdes". Lo llamaron "flexibilización del mercado laboral" cuando querían decir precarización, lo llamaron "salario emocional" cuando querían decir derechos laborales, lo llamaron "absentismo laboral" cuando querían decir baja por enfermedad y se convirtió en motivo de despido, lo llamaron "Riders" cuando querían decir falsos autónomos, lo llamaron "externalización" cuando querían decir privatización… Lo llamaron de muchas formas; pero en España había aumentado el número de ricos, los pobres lo eran más que nunca y tener un trabajo ya no te permitía ni sobrevivir.

‘Y en eso llegó’ Air BnB.  Las viviendas, que antes servían para alojar a los ciudadanos, pasaron de estar vacías en manos de bancos y fondos buitre a utilizarse para alojar a turistas. Mientras, los barrios se iban vaciando de vecinos y vecinas. Un fondo podía obtener muchos más beneficios si alquilaba cuatro días, y volvieron los desahucios. Ya no hacía falta que no pagaras tu hipoteca o tu alquiler, sólo tenían que subirte un 300% el precio y comprar todo Argumosa 11. 

¿Dónde quedó la libertad?

Acababa de empezar la década y un joven cómico escribía un tweet; él no lo sabía, pero sería la primera de muchas imputaciones (y algunas condenas) por twitear. Tras él, desfilaron por la Audiencia Nacional César Strawberry, Casandra Vera y Pablo Hasél entre otros muchos. Pronto se sumaron las canciones de rap, sketches humorísticos con una bandera, espectáculos de títeres, libros como "Fariña"...

‘Y en eso llegó’ Abogados Cristianos; y con ellos las blasfemias de Willy Toledo, el Coño Insumiso, el Carnaval de Las Palmas, los poemas que lee Ada Colau, obras de arte… Pero antes de todo ello vinieron las porras y las pelotas de goma.

Corría el año 2011 y tras una gran manifestación un grupo de jóvenes era detenido tras intentar acampar en la madrileña Puerta del Sol. Aquel gesto, del que hablaremos más adelante, prendió una llama que fue duramente reprimida a base de brutalidad policial y detenciones, pero las condenas rara vez llegaban; regía la ley del "a por el que menos corra", "soy compañero" y "estáis cojonudos para las cámaras".

Esta estrategia era incapaz de amedrentar a una población pacífica e indignada; ‘y en eso llegó’ la ley mordaza y con ella las multas por fotografiar un coche de la Guardia Civil mal aparcado, por llamar "colega" a un agente en un control de alcoholemia, por hablar en Catalán, por una camiseta de gatos, por un "Me Gusta" en Facebook… Los casi 150 millones de euros que recaudó esta ley, sólo en 2018, dejan claro el cambio de rumbo: Golpea su cartera, no su cabeza.

Pero ‘no sólo de pan vive el hombre’, de vez en cuando hay que sacar el fantasma del terrorismo, que tan buen resultado ha dado siempre y sino; "la fiscalía te lo afina". ¿Para qué está sino Villarejo, las cloacas de interior, la fiscalía y las macroperaciones antiterroristas? Para llenar titulares con las operación Pandora, Piñata o ICE; aunque luego todos salgan absueltos, o para acusar de terrorismo al independentismo en todo su conjunto. Algunos lo llaman "constitucionalismo" del 155, a otros nos recuerda a Euskadi y al "todo es ETA".

La política cambió para siempre

No se puede hablar de la década que dejamos atrás sin hacerlo de las cinco elecciones generales que hemos tenido. Y es que la política y la participación política han cambiado para siempre.

Era el año 2014, las intensas movilizaciones sociales que habían agitado las calles los años anteriores parecían enfriarse y un nuevo partido tocaba a la puerta del turnismo imperante. La irrupción de Podemos fue arrolladora, canalizando un amplio espectro de voto en un sistema electoral e institucional en decadencia por décadas de corrupción, crisis y promesas incumplidas. Tras él llegó Ciudadanos que, en palabras del propio Albert Rivera, "aun huele a leche".

Sonaban las trompetas de la regeneración, cambios a izquierda y la derecha, ilusión… pero pronto las ilusiones se toparon con la realidad. "Ni con Rajoy, ni con Sánchez" repetía Rivera, y al final lo intentó con ambos. "Vamos a derogar la Reforma Laboral, vamos a derogar la Ley Mordaza, Referéndum a la escocesa para Catalunya…" repetía Iglesias, y después se postuló a Vicepresidente del Gobierno.

Pero vayamos por orden. Las primeras elecciones Generales de la década estuvieron atravesadas por el 15M; en un clima de indignación, crisis, recortes, destrucción de empleo, desahucios, casos de corrupción… con un movimiento indignado que llamó directamente a la abstención y al voto nulo, con urnas repletas de sobres con rodajas de chorizo: Ganó el Partido Popular con una mayoría absoluta que le permitió hacer y deshacer a voluntad.

De aquella legislatura aún resuenan las consecuencias: Reforma laboral, LOMCE, Ley Mordaza, rescate bancario, recortes en sanidad y educación (en realidad, en todo menos en sus sueldos), congelación de las pensiones, precariedad, temporalidad, desahucios, represión…

Aquella fue una legislatura estable en lo institucional y convulsa en lo social. Todo eso cambió tras las elecciones generales de diciembre de 2015. Desde entonces, la inestabilidad política se ha hecho norma con repeticiones electorales, mociones de censura, presupuestos prorrogados per saecula seculorum…  La irrupción de Podemos y Ciudadanos fragmentaron el arco parlamentario y alteraron el modelo de reparto de grandes mayorías vigente hasta entonces. 

‘Y en eso llegó’ Vox; adelantando a todos por la derecha con el pedal a fondo y sin intermitentes, cual Ortega Cano en una mala noche. ¿Y cómo fue posible? La escalada Hooliganista del discurso del PP y C’s por lograr el voto más derechista le allanó el camino. ¿Quien iba a pensar que competir por proponer el 155 más loco iba a abrir el camino a la eliminación de las autonomías? ¿Quien iba a pensar que la guerra por las banderas en los balcones iba a atraer la catalanofobia? ¿Quien iba a pensar que el discurso de la "invasión de inmigrantes" y las fotos de campaña en las vallas de Ceuta y Melilla desembocaría en el racismo, la xenofobia y las granadas en los centros de menores no acompañados? ¿Quien iba a pensar que llamar "Golpe de Estado" a una moción de censura nos llevaría a normalizar que se pida ilegalizar a los partidos independentistas? ¿Quien iba a pensar que el "ni machismo ni feminismo" haría volver el negacionismo? ¿Quien iba a pensar que legitimar al neofascismo con pactos de gobierno autonómico nos haría tener 52 hooligans de cara al sol en el Congreso?

El "desafío independentista", otra cortina de humo

En el año 2006 el pueblo de Catalunya votaba en referéndum la aprobación de un nuevo estatuto de autonomía. En aquel momento el movimiento pro independencia era algo residual y la aprobación de un estatuto, que ampliaba el autogobierno, acrecentaba esa brecha entre autonomistas e independentistas. Pero todo se rompió con el recurso de inconstitucionalidad del Partido Popular, que convertía un texto democráticamente refrendado en papel mojado.

Desde ese momento la tensión y el bloque pro independencia fue in crescendo. 'Y en eso llegó' el 9N, Junts pel Sí, Piolín, el uno de octubre, los lazos amarillos, la DUI, el 155, los discursos ultras, la prisión, Waterloo, la condena, los disturbios y finalmente: La Justicia Europea.

Pero mientras sólo se habla de Catalunya no se habla ni del paro, ni de la precariedad, ni de las pensiones, ni de la pobreza, ni de los precios del alquiler y la luz, ni de los desahucios, ni de las manadas, ni del techo de cristal, ni de la crisis climática, ni de las inmatriculaciones, ni de la corrupción, ni del rescate bancario no devuelto, ni de la evasión fiscal de grandes empresas, ni de la sanidad, ni de la educación… pero todos sabemos que un trapo sabe mejor que un plato de lentejas y por el camino blanqueamos el discurso del odio.

La Muerte de ETA y su resurrección

La primera década del siglo XXI terminaba con el que sería el último atentado de la banda terrorista y la nueva década se inauguraba, primero con un ‘alto el fuego’ y posteriormente con un anuncio del "cese definitivo de la actividad armada". Seis años después se produce un paso histórico con la entrega de las armas y un año después los mediadores internacionales certifican su disolución definitiva.

Sus más de 50 años de historia dejaron más de 800 muertos, huérfanos, viudos y viudas, familias rotas por el dolor, grupos paramilitares, cal viva, denuncias de tortura (y condenas de los tribunales internacionales por no investigarlas), criminalización y represión de las protestas sociales bajo el paraguas antiterrorista, uso político de las víctimas y una sociedad fracturada. Pero también dejaron reconciliación, esperanza, valentía y una voluntad firme de no permitir que vuelva a ocurrir.

Son muchos los políticos, jueces y fiscales que se atribuyen este éxito; pero lo cierto es que es a la sociedad civil vasca en su conjunto a quien corresponde el mérito. Mientras las organizaciones sociales promovían conferencias de paz como la de Ayete en 2011, el gobierno acusaba a los mediadores internacionales, que colaboraban en el proceso de desarme, de "colaboración con banda armada". Mientras la sociedad civil trabaja día a día por la reconciliación, Cayetana Álvarez de Toledo afirma que estamos "peor que cuando ETA mataba" y Díaz Ayuso que este año que comienza "tendrémos un ministro de economía etarra".

Lo cierto es que a algunos el final de ETA les ha venido muy mal; es por ello que se empeñan en resucitarla una y otra vez comparando Catalunya con el Euskadi de los "años de plomo", intentando usar leyes "anti-ETA" para inhabilitar a Torra, llamando "filoetarra" a alcaldesas y activistas antidesahucios, denunciando a un expresidente por "colaboración con banda armada"...

Detrás de todo este histrionismo; promesas incumplidas. Durante años, se dijo que los presos volverían a las cárceles vascas si ETA dejaba de matar. Después dijeron que los presos volverían a las cárceles vascas si ETA entregaba las armas. Después dijeron que los presos volverían a las cárceles vascas si ETA se disolvía. Ahora, Ciudadanos llama al cumplimiento la legalidad internacional en esta materia: "Pagar el alquiler" otorgando "beneficios penitenciarios".

Una década de movilizaciones sin precedentes

En esta década tan sombría, pocas han sido las luces que nos han iluminado. Entre ellas se encuentra, sin duda alguna, la respuesta ciudadana ante los acontecimientos y nos dejan para la historia grandes movilizaciones.

Corría el año 2011 y una gran marcha convocada por Juventud Sin Futuro y Democracia Real Ya recorría las calles de Madrid en un clima de indignación y hartazgo, pero nadie imaginaba lo que pasaría los días siguientes. Aquella noche un pequeño grupo de jóvenes se congregaba en la Puerta del Sol con la intención de pasar allí la noche y continuar así su protesta. Fueron brutalmente desalojados.

Las imágenes se viralizaron en pocas horas y al día siguiente la acampada volvió a ser desalojada. No se pudo volver a desalojar la Puerta del Sol hasta el levantamiento del campamento, casi un mes después, y las acampadas se extendieron por toda la geografía española. De aquel germen surgieron numerosos colectivos, asambleas y comisiones; los jóvenes (y no tan jóvenes) volvieron a interesarse por el activismo y una ola de protestas se extendió durante años.

En este contexto florece una plataforma que había nacido dos años años antes: La PAH. A la luz de las acampadas comienza a hacerse visible su trabajo; la paralización de desahucios llena portadas y telediarios, los escraches comienzan a apuntar a los responsables políticos y llevan las protestas a la puerta de sus casas, la ocupación de bloques de viviendas se convierte en uno de los ejes de trabajo para ofrecer soluciones habitacionales... Diez años después tienen a sus espaldas miles de desahucios parados, daciones en pago arrancadas a los bancos, decenas de viviendas sociales, una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) y un sinfín de éxitos, luchas y soluciones en materia de vivienda.

Paralelamente, y de la mano de lo que nació aquel 15 de mayo, se sucedieron otras grandes movilizaciones como las Mareas Ciudadanas, Rodea el Congreso, Jaque al Rey, las Marchas de la Dignidad… Todas ellas se toparon con un nexo común: la represión y las detenciones.

Es en este contexto de conflictividad social permanente y grandes protestas que nace la Ley Mordaza y con ella llega a España la primera manifestación del mundo de hologramas.

También destacan por su perseverancia e implicación vecinal las protestas del barrio burgalés de Gamonal y por el soterramiento en Murcia. Por su estallido, constancia y grado de movilización las de los pensionistas que prendieron en Bilbao. Por el grado de represión vivido y su combatividad las huelgas generales del 29 de marzo y del 14 de noviembre de 2012.

Pero no podemos hablar de esta década sin hacerlo de los movimientos feministas y ecologistas.

Una pancarta sobresalía en la Puerta del Sol en 2011: "La revolución será feminista o no será". Aquella pancarta suscitó muchos debates sobre si era o no pertinente, hoy ese debate sería impensable.

 'Y en eso llegó' Gallardón. Era el año 2014 y el exalcalde de las obras faraónicas impulsaba una reforma de la Ley del Aborto que suponía retroceder treinta años en materia de derechos y salud reproductiva. No lo calculó bien, aquello terminó con su carrera política.

Aquella mecha prendió con fuerza y sólo tres años se celebró el primer Paro Internacional de Mujeres sin el apoyo jurídico necesario de los sindicatos. Fue un éxito y al año siguiente la convocatoria sí contó con el respaldo necesario de una convocatoria oficial de huelga general. En 2018 se contabilizaron más de 400 convocatorias por todo el estado, sólo un año mas tarde se superaron las 1200. Casos como las manadas de Pamplona y la de Manresa o las agresiones sexuales a las temporeras en Huelva y fenómenos como el Me too han establecido una impresionante red de transversalidad, autodefensa y apoyo mutuo imparable ante el auge de la ultraderecha negacionista de Vox, las piruetas purple washing de Ciudadanos con sus vientres de alquiler y el "no es sí" del Partido Popular de Álvarez de Toledo.

También ha sido la década de la lucha contra la crisis climática. Hoy son pocos quienes niegan lo que desde hace años advierten los expertos; ahora la tendencia entre el negacionismo es fomentar el uso del coche, recortar las zonas de bajas emisiones y aumentar el gasto en luces de navidad un 27% mientras presumes en la COP25 de los logros del gobierno anterior (que estás revirtiendo) como si fueran tuyos.

Pero muy por delante de estos outsiders está el resto de la sociedad que sí parece haber tomado conciencia; especialmente los jóvenes, que cierran la década con el éxito rotundo de la primera Huelga Mundial por el Clima.

Todo tiene un porqué y nada se hace porque sí

Como hemos visto; los grandes males que hemos vivido esta década hunden sus raíces en la anterior, igual que los grandes males de la década que está por comenzar hundirán sus raíces en esta.

El modelo laboral de los riders, la sentencia del Constitucional avalando el despido por enfermedad, la inacción climática, los discursos de odio, los recortes en sanidad y educación… pagaremos las consecuencias cuando llegue la crisis que los economistas llevan años anunciando para 2020, y será demasiado tarde: Lo tendrán todo atado y bien atado; y es que nada lo hicieron porque sí y todo lo que hicieron tenía un porqué.

‘Y en eso no llegó Fidel’ porque lo habían domesticado con un contrato basura, un alquiler que no podía pagar y una ciudad sin aire que respirar pero lleno de coches.