Otras miradas

Al diablo no le gusta que sepan que existe

Alicia Ramos

Cantautora canaria, premio Benito Pérez Armas de Novela 2019.

Hay un tal Salvador Hernández Ramón que es exorcista en Murcia. A bote pronto se diría que Murcia parece un buen lugar para ser exorcista, ¿por qué no? El padre Salvador abunda en la teoría tan extendida de que el mayor éxito del diablo es que la gente crea que no existe. Conmigo desde luego que lo ha bordado. Pero su antagonista dual también, con lo que pierde mérito la cosa. Asimismo sostiene don Salvador que El Yunque es el diablo. Pero ¿qué cosa es El Yunque?

Gente a la que recurro para estar informada me sorprende con su desconocimiento en lo que se refiere a este tema. Es un día frío-pero-no-tanto en Lavapiés, entra el sol de la mañana madrileña por los balcones de una habitación en la que nos reúne el sagrado placer de visitar a los enfermos. Una periodista a la que recurro siempre que necesito información sube mucho las cejas y adivino que abre un poco la boca sin despegar los labios en un gesto universal que significa "no me suena ni de lejos". ¿Cómo es posible que se las hayan arreglado para pasar desapercibidos? ¿Y cómo me enteré yo de su existencia, que ni soy ni periodista, ni cristiana, ni nada? Pues puedo empezar por ahí.

Una vez me pidieron ir a dar una charla en Cuenca. A bote pronto se diría que Cuenca parece un buen lugar para dar charlas, ¿por qué no? La organización en realidad lo que quería era que yo les contara la historia de mi vida bien cargada con tintes lastimeros y victimistas a ser posible. Supongo que habrá excepciones y que la tendencia sea a revertir esta realidad, pero lo normal es que la gente que organiza congresos sobre las identidades trans lleven a "profesionales" (léase personas cis) a hablar de los aspectos "importantes" (léase médicos, jurídicos, sociológicos) y en la última ponencia metan a un puñado de personas trans para contar sus experiencias de vida y transmitir, oh, lo duro que es llevar una vida trans en un mundo cis. Tan es así que ni lo especifican, sino que te llaman y te dicen que vayas a hablar. Aproveché este vacío conceptual para preparar una ponencia de lo que a mí realmente me interesaba. Y lo que me interesaba era la creciente ofensiva orquestada por organizaciones ultracatólicas en contra de las leyes que reconocen las identidades trans y les otorgan cierta protección, sobre todo en ámbitos autonómicos.

Polonia Castellanos no fue el primer hilo de la madeja del que empecé a tirar, pero es un hilo muy llamativo, así que empezaré por ahí. De entrada existe un artículo en el Código Penal, el 525, que reza, nunca mejor dicho, así:

  1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.
  2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

Es un artículo polémico que limita gravemente el ejercicio de la libertad de expresión y que se incluye en una categoría conocida como "leyes de la blasfemia" que son muy populares en sitios como Pakistán. Podríamos pensar que es un artículo residual, que está ahí pero no sirve para nada, qué sé yo,como el apéndice. Pero este apéndice se ha inflamado y diría que tenemos una peritonitis en el sentido de que en los últimos tiempos ha inspirado 79 sentencias, 47 artículos doctrinales y una resolución administrativa. Calladamente. Sibilinamente. Algunos casos son más mediáticos porque involucran a gente muy conocida, como Javier Krahe o Willy Toledo, o cuestionan actos multitudinarios como el carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Pero, frente a esas sentencias desfavorables a los denunciantes, se van acumulando victorias discretas —y el mero hecho de que estos delirios se admitan a trámite es una victoria para ellos— que pudren la democracia y sujetan la convivencia a cánones medievales.

Detrás de todo esto encontramos a la organización presidida por Polonia Castellanos, la Asociación Española de Abogados Cristianos. No hay que rascar mucho en internet para encontrar artículos que vinculan a esta abogada y a la asociación que preside con una misteriosa organización llamada El Yunque. Y tampoco es que haya que ir a la deep web para averiguar que El Yunque es una asociación secreta ultracatólica de carácter paramilitar creada en México en los años cincuenta con el propósito de infiltrarse en la judicatura, la política, los medios de comunicación y las finanzas con el fin de favorecer la creación de las condiciones para implantar el reino de dios en la Tierra. Así. Sin más. Hasta el año 2014 se puede rastrear o leer entre líneas una cierta tensión entre la iglesia española y El Yunque. La diócesis de Getafe llega a encargar a un seglar la redacción de un informe entre marzo y abril de 2010 en el que se despejen las incógnitas acerca del grado de penetración de personas y organizaciones vinculadas a El Yunque en el asociacionismo de laicos cristianos españoles (Hazteoír, Profesionales por la Ética, Derecho a la Vida, CitizenGo, y otras). Las personas señaladas por este informe se indignan mucho y denuncian por intromisión en el derecho al honor. La sentencia dice que de intromisión nada, que estas personas tienen toda la pinta de pertenecer a El Yunque. ¿Y qué? ¿Cuál es el problema de pertenecer a El Yunque? ¿Que son ultracatólicos? No, todo bien con eso. ¿Que la organización tiene carácter paramilitar y que los yunqueros son mitad monje mitad soldado? No, qué va, con eso todo bien. El problema es que es una organización secreta y la iglesia no permite organizaciones secretas en su seno. Yo me imagino que la estrategia de infiltrarse en las altas instancias de los poderes del Estado y del mundo financiero y empresarial ya estaba siendo utilizada por el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal y otros advenedizos más recientes y pensaron "anda que vas a venir tú ahora a crear el reino de dios en la Tierra y desplazarme a mí del chiringuito". Pero esto era solo hasta más o menos 2014. Algo pasó cuando Arias Cañete, a quien siempre habíamos relacionado con el Opus Dei, empezó a defender en la Unión Europea postulados coincidentes con los de El Yunque. También es verdad que incluyó a la organización de Ignacio Arsuaga, destacado yunquero y cabeza visible de Hazteoír, en su conglomerado de organizaciones integristas One of Us. El caso es que algún acuerdo debió de haber en el ámbito de las organizaciones integristas católicas que coincidió con la irrupción de Vox en el escenario político. El cariño y el cuidado con que ha sido tratado en los medios conservadores no se corresponde con la fuerza real que pueda tener la implantación de El Yunque en esos ámbitos (espero) y parece más el fruto de un pacto de no agresión. No lo sé. No lo puedo saber.

No soy periodista, no tengo ni fuentes, ni método, ni herramientas para poder averiguarlo. Solo soy una ciudadana que tiene más miedo que vergüenza y que ve cómo van convirtiendo la democracia en un cascarón vacío y no puedo evitar comparar con la Turquía de Erdogan, los Estados Unidos de Trump, la India de Modi, la Bolivia de Áñez, la Hungría de Orban o el Brasil de Bolsonaro. No parece casual esta tendencia. También, en mi temor carente de pruebas documentales, me imagino la existencia de una especie de multinacional interconfesional en la que ultrasionistas, ultrachiíes, ultraevangélicos, ultracatólicos y ultraortodoxos ponen en común estrategias y experiencias para mejor avanzar hacia un futuro medieval, hacia una distopía de feudalismos tecnológicos.

Me encontré con una serie de televisión basada en el libro de Jeff Sharlet La Familia, el fundamentalismo secreto en el corazón del poder estadounidense, sobre una secta creada en Estados Unidos en los años treinta, Ivanwald, con la misma finalidad. Es la existencia de esa secta la que explica que haya una tradición como el Desayuno de Oración Nacional, al que acuden miembros del Congreso e invitados extranjeros. Pues en el libro se cita el lema de su fundador, Douglas Coe, "cuanto más invisible sea tu organización más influencia tendrá".

Anoche estuve tomando cafés con leche —para lo que hemos quedado— con una prestigiosa especialista en geopolítica de origen persa. Tiene ocho años más que yo, la revolución de los ayatolás le pilló con la adolescencia casi convalidada y todavía aguantó unos añitos antes de huir del país. Le pregunté si era un disparate por mi parte identificar a los integristas chiíes con los integristas católicos. Y se rió. Y me respondió que son exactamente lo mismo. No tengo ni idea, la verdad. Espero que solo sea una paranoia mía, pero por si acaso podríamos ir redoblando la vehemencia con la que defendemos los derechos humanos, la igualdad y la democracia, que eso no le hace daño a nadie. A bote pronto se diría que el siglo XXI es un buen lugar para defender el laicismo, la diversidad y la convivencia, ¿por qué no?