Otras miradas

Elecciones Taiwán 2020 (III): El KMT y el derecho a la sorpresa

Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China. Autor, entre otros, de ‘Taiwán, el problema de China’ (La Catarata, 2005)

Xulio Ríos

El candidato del partido Kuomintang a la presidencia de Taiwan, Han Kuo-yu, en un mitin electoral en Taichung. REUTERS / Ann Wang
El candidato del partido Kuomintang a la presidencia de Taiwan, Han Kuo-yu, en un mitin electoral en Taichung. REUTERS / Ann Wang

Acreditado como uno de los partidos más ricos del mundo, el Kuomintang (KMT) tiene entre sus activos el haber sido capaz de conservar el poder en el complejo tránsito de la dictadura a la democracia en Taiwán. Nadie se imagina que algo así hubiera podido pasar en España, por ejemplo, con la Falange. Ello le amerita como un actor político clave de la vida política taiwanesa, aunque presenta ya achaques de difícil superación que podrían verse agravados de cosechar una derrota contundente en estos comicios.

Para incidir en ellos, el PDP, desde su llegada al poder en 2016, recurrió a la estrategia de acoso y derribo, apelando a la justicia transicional para llevarlo contra las cuerdas. En primer lugar, poniendo al descubierto nuevos datos que le relacionan con la severa aplicación de la ley marcial. En segundo lugar, hostigándole sin miramientos en aspectos sustanciales como la gestión de su patrimonio, sus finanzas y su personal, dominios en los que se había obviado cualquier rendición de cuentas. El objetivo, su parálisis, distracción e inmovilización. Cabe recordar que el KMT perdió la guerra civil china ante el PCCh y se llevó su diáspora a Taiwán, donde gobernó con puño de hierro a partir de 1945, tras la derrota de Japón que colonizaba la isla desde 1895 en virtud del tratado de Shimonoseki, reprimiendo cualquier contestación.

En medio de la insatisfacción generalizada sobre el desempeño del gobierno de la presidenta Tsai Ing-wen, el KMT obtuvo el año pasado el control de más de dos tercios de las 22 ciudades y condados, mientras que el PDP ganó solo seis, en comparación con 13 anteriormente. Si el KMT gana ahora más de la mitad de los escaños, el PDP tendría complicado salvar su política, especialmente en los aspectos relacionados con la "prevención de la infiltración roja" y similares, donde las posiciones son muy encontradas.

Populismo de derechas

El candidato del KMT en estas elecciones es Han Kuo-yu, flamante alcalde de Kaohsiung. Han fue una figura política ignorada durante la era de Ma Ying-jeou (2008-2016). Tras el desastre de 2016 se reveló como un líder capaz de destronar al PDP en su feudo de Kaohsiung, bajo control durante tres décadas, con su aureola de cercano a la gente corriente y su condición de alejado de la elite tradicional del partido. Calificado de populista de derecha, Han es amistoso con Beijing.

El KMT afronta en estos comicios varios problemas. James Soong, líder y candidato del Partido el Pueblo Primero (PPP), que fundó tras abandonar la histórica formación azul, dice que el KMT se equivocó de candidato, que no tiene las cualidades ni la experiencia requerida. Puede ser. No pocos opinan así, incluidos figuras veteranas relevantes. Pero su principal contraindicación pudiera ser su recelo ante la identidad taiwanesa, que no ha dejado de crecer desde los años noventa. El problema básico del KMT es que se trata de un partido nacionalista chino, una formación que en 2005 dio inicio a la "tercera cooperación" con el PCCh para abrir paso a la reunificación pacífica a través del Estrecho. Ese acercamiento, distanciándose del anticomunismo que había abanderado Chiang Kai-shek, dejó un espacio ideológico vacío que rápidamente ocupó el PDP con inapelable éxito.

La falta de líderes icónicos y de posturas claras sobre los principales problemas de la isla se ve agravado con la persistencia de importantes tensiones internas que trata de superar apelando a cerrar filas con las estrategias de su presidente, Wu Den-yih.  Sin embargo, a este le acusan de primar la fidelidad sobre la experiencia y la representatividad, ubicando la mayoría de candidatos en el lado más veterano del partido. Para los críticos, esto implica que no se están haciendo preparativos para pasar el testigo a la próxima generación. Así, la falta de frescura puede pasarle factura. Han prometió reformar el partido si es elegido presidente, señalando como objetivo principal recuperar el vínculo con las nuevas generaciones.

En su campaña, Han ha puesto énfasis en la economía pública, diciendo que de ser elegido presidente de Taiwán el 11 de enero asignará un presupuesto de 100.000 millones de dólares taiwaneses para su promoción. También se compromete a revisar el actual sistema de cinco jornadas semanales con un día fijo y un día flexible de descanso por semana implementado por la Administración Tsai, el cual, según Han, ha contribuido al cierre de numerosos negocios en Taiwán.

El KMT se presenta como el único capaz de evitar que Beijing tome la decisión de recurrir a la fuerza. Wang Jin-pyng, ex presidente del Yuan legislativo o Parlamento, considera que la preferencia de China por Han es algo seguro. Otra cosa es que suscite esa misma convicción en su base electoral objetiva en la isla. De hecho, rivales internos en las primarias del partido, entre ellos Terry Gou, el poderoso dueño de la multinacional Foxconn, han dejado entrever un distanciamiento que podría beneficiar a terceras fuerzas. Con tal amasijo de deserciones, su victoria se antoja harto complicada.

Quizá para levantar el ánimo de sus seguidores, el subsecretario general del partido, Alex Tsai, cifró en un margen de menos del 5 por ciento la distancia que separa a Han Kuo-yu de la presidenta Tsai, una aseveración que coincide con la predicción electoral realizada por el ex representante japonés en Taiwán, Mikio Numata. Esto dejaría margen para la sorpresa, un derecho al que el KMT no se plantea renunciar aun cuando otras encuestas cifran la distancia que le separa de Tsai en varios cientos de miles de sufragios.