Otras miradas

No nos van a atacar por lo que hagamos, sino por lo que somos

Miguel Guillén Burguillos

Politólogo

Miguel Guillén Burguillos

El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, interviene en la tribuna en la tercera jornada de la sesión de investidura en la que ha sido elegido presidente Pedro Sánchez. EFE/ Mariscal
El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, interviene en la tribuna en la tercera jornada de la sesión de investidura en la que ha sido elegido presidente Pedro Sánchez. EFE/ Mariscal

Para Aina Vidal Sáez.

Por fin. La investidura de Pedro Sánchez ha salido adelante y se abre una nueva etapa política en España, con gobierno de coalición incluido. Si bien es cierto que los gobiernos formados por diferentes partidos han sido habituales desde la recuperación de la democracia en ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, hasta ahora no se había formado ninguno a nivel estatal más allá de los gobiernos unicolor de UCD, PSOE y PP. Tendríamos que retrotraernos a los tiempos de la Guerra Civil para encontrar un ejecutivo con miembros de diferentes partidos y eso supone una singularidad y, me atrevería a decir, una anomalía que tenía que acabar tarde o temprano. Sin duda alguna, será histórico ver sentados en el consejo de ministros a personas como Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón o Yolanda Díaz, todas ellas con pasado o presente de militancia comunista. Y digo anomalía porque durante demasiados años una parte significativa de la sociedad española no ha estado directamente representada en el gobierno de la nación.

Las personas de izquierdas debemos felicitarnos por la investidura y la formación de un nuevo gobierno, en este caso fruto del acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos que después ha sido apuntalado por PNV y ERC. Hay una oportunidad histórica de abrir paso a la distensión y a un nuevo y largo camino para encontrar soluciones a los grandes retos que hay planteados. La prueba de que los acuerdos firmados representan una buena noticia es que quienes se han apresurado a criticarlos son aquellos que viven y se alimentan de la crispación y el conflicto, las opciones más extremadas y con una mayor necesidad de acudir a la pulsión nacionalista. Viendo quienes han votado en contra de la investidura de Pedro Sánchez queda bien claro que la política española se dirige en buena dirección. Ladran, luego cabalgamos. Como dice Enric Juliana, quizá dentro de un tiempo tendremos que hablar de constitucionalistas y constitucionales.

El mensaje de las derechas ha quedado bien claro durante las dos sesiones del debate de investidura: el gobierno encabezado por Sánchez es ilegítimo. Y lo consideran así por la simple razón de que no pueden aceptar que las izquierdas asuman responsabilidades de gobierno, porque éste les pertenece a quienes han mandado en España durante siglos. Por eso siempre han considerado los gobiernos progresistas como un mero accidente, una provisionalidad que se acaba en cuanto las derechas llegan al poder, y no siempre de forma limpia (estos días ha vuelto a sobrevolar el fantasma del escandaloso episodio del "Tamayazo" de 2003). Creen que España es suya y que su (des)gobierno les pertenece por la gracia de dios, por eso a lo largo de la historia han recurrido a cualquier tipo de artimaña para hacer que eso sea así. Por todo ello se abre una oportunidad probablemente única: las izquierdas en su pluralidad deben demostrar altura de miras, capacidad y responsabilidad a la hora de gobernar, y hacerlo a favor de muchos, de la mayoría social, y no en contra de nadie. España no es patrimonio de nadie, y mucho menos de quienes curiosamente más dicen defenderla cuando lo que hacen es precisamente lo contrario. Hay una idea de España que debe ir ganando la hegemonía, y no solamente desde las instituciones. Por todo ello hay que empezar a trabajar al máximo de revoluciones y demostrar en los primeros compases que este gobierno ha nacido para ser útil a la mayoría social, aplicando desde el primer minuto medidas útiles para la gente común, que es la que más necesita de las instituciones. Trabajo, vivienda, sanidad, educación, pensiones, cultura, lucha contra la violencia machista, contra el cambio climático… Hay demasiada gente esperando urgentemente medidas que hagan posible llegar a final de mes y tener una vida más digna. Si la gente ve que hay resultados tangibles, se puede empezar a caminar hacia la reconciliación entre una parte importante de la población y la política. Lo mejor que se puede hacer para callar las bocas de los iracundos es gobernar bien. Porque no hay nueva ni vieja política, sino simplemente buena o mala política.

Pablo Iglesias, en su intervención en la sesión definitiva de la investidura, lo dijo clara y acertadamente: "no nos van a atacar por lo que hagamos, sino por lo que somos". Es exactamente eso: las derechas no asumen que aquellos que se batieron el cobre en el antifranquismo, aquellos que defendieron la democracia cuando era realmente difícil hacerlo, aquellos que siempre han defendido a los más desfavorecidos, lleguen a ostentar responsabilidades y poder. Pero ya va siendo hora de que comiencen a asumir la realidad: España, las Españas, se parecen mucho más a este nuevo gobierno y a quienes han facilitado la investidura de Sánchez que no a lo que ellos representan. Joan Baldoví lo dijo clarito en su intervención en el mismo debate: "aprendan a perder". Ya va siendo hora.

La dureza (y rudeza) de la derecha en el debate de investidura solamente es un pequeño aviso de lo que nos espera en los próximos meses, semanas o días diría yo, porque no van a dar tregua ni un solo instante. Van a atacar desde el primer momento por tierra, mar y aire. Y cuando digo por tierra, mar y aire, digo por tierra mar y aire: medios de comunicación, patrimonialización de los tribunales, agitación… Y no hay que ser muy avispados para intuir que los dirigentes de PSOE y Unidas Podemos no lo van a tener nada fácil en el ejercicio de sus responsabilidades. Las cloacas siempre están en funcionamiento y sus colaboradores no tardarán en hacer uso del ventilador a la hora de esparcir sus heces. La derecha extrema y la extrema derecha no van a aceptar un gobierno como el que ahora nace bajo ningún concepto, y hay que estar preparados para lo peor, también para la violencia. Porque son capaces de todo. Siento ser tan crudo.

Para finalizar, me gustaría detenerme un momento en algunas consideraciones acerca del papel de Unidas Podemos y sus confluencias ante este nuevo escenario. En primer lugar, hay que celebrar la entrada de cinco ministros que lo serán a propuesta de este espacio político. Y digo celebrar porque es importante expresar y compartir la alegría ante un hecho tan significativo e histórico para las izquierdas en su conjunto. Porque no es habitual tener demasiado que celebrar y porque, ya lo sabemos, la alegría dura poco en la casa del pobre. En primer lugar, hay que tener claro que estando en el gobierno no se van a conseguir que se solucionen todos los problemas del país de la noche a la mañana. Las instituciones son una herramienta útil para transformar la sociedad, pero hay otras herramientas también poderosas que siguen controlando quienes mandan y han mandado siempre. No lo perdamos de vista. En segundo lugar, hay que dotar de cohesión al gobierno, demostrar que el espacio político de Unidas Podemos y sus confluencias está a la altura del momento histórico como el que más, que existe capacitación, responsabilidad y preparación, y que no se ha entrado en el ejecutivo para hacer ruido ni para crear un gobierno dentro del gobierno, sino para realizar un trabajo que sea útil para transformar la sociedad y mejorar las condiciones de vida de la gente común. En tercer lugar, que los principales referentes políticos ocupen responsabilidades muy importantes en el gobierno no debe suponer en ningún caso que se descuide la organización. Hay que ser perfectamente conscientes de que la institución supone una carga de trabajo extraordinariamente envolvente, y que eso puede repercutir negativamente en el trabajo organizativo, en la movilización social. Por ello no podemos olvidar un viejo lema que ahora se presenta utilísimo: hay que tener un pie en la calle y otro en la institución. Porque la derecha hará lo imposible para "recuperar" la calle, y ese es un peligro al que hay que prestar atención. Como decía Gramsci, las ideas no viven sin organización, y esta debe consolidarse por todo el país, como herramienta electoral pero (sobre todo), y recuperando un viejo axioma del PSUC, como partido de lucha y de gobierno. Por todo ello también hay que dotar de mayor protagonismo a la formación de cuadros, porque cada vez será más necesaria la aparición de nuevas personas capacitadas para liderar la organización y dar la cara ante la sociedad y particularmente ante los medios de comunicación.

Se abre una etapa difícil, sin duda, pero tremendamente ilusionante. Y ante el  pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad: si se trabaja bien, si se gobierna en beneficio de la mayoría social, lo que para algunos no es más que un accidente en la historia de España puede convertirse en una realidad que dote de estabilidad a la política de nuestro país. Por muchos años. Seamos optimistas por una vez en la vida. Que ya nos toca.