Otras miradas

La caza con espejos de Pablo Iglesias

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

El líder de unidas Podemos, Pablo iglesias, durante su intervención en la segunda y definitiva votación para investir presidente del Gobierno al candidato socialista, Pedro Sánchez. EFE/Juan Carlos Hidalgo
El líder de unidas Podemos, Pablo iglesias, durante su intervención en la segunda y definitiva votación para investir presidente del Gobierno al candidato socialista, Pedro Sánchez. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Plinio (el Viejo) ha sido el inspirador de la última montería de Pedro Sánchez. Para robarle la camada a un tigre se ha de utilizar un juego de espejos, nos cuenta el fino romano en su Historia Natural. En plena huida, con los cachorros moqueando sobre la montura del ladrón y la madre persiguiéndole con ansia, se dejan caer del caballo cuatro espejos del tamaño de las crías. La fiera se detendrá sin duda ante ellos fascinada por la imagen que le devuelven. Ya sin cólera, pensará que está ante sus retoños y abandonará la persecución el tiempo suficiente como para que Pedro Sánchez llegue feliz y galopante a Moncloa, a punto para cerrar este mismo lunes la venta de los tigrillos a un circo que acepte animales. Toda una enseñanza.

La moraleja de esta fábula antigua viene a decirnos que debemos permanecer alerta porque siempre hay un cazador al acecho dispuesto a lanzarnos un espejo y confundirnos, que quien se queda embobado ante su propia imagen confunde el reflejo (una falacia) con su propia ‘cría’, es decir, con su alma. Por lo tanto, es muy probable que la pierda, tal y como le ocurre a la fiera del relato con su camada.

A Iglesias parece que le han soltado cinco espejos en el transcurso de su furiosa persecución del cazador socialista que le robó el alma verdadera a la izquierda. A lo mejor han sido seis, que no me acuerdo, porque la capacidad de subdivisión atómica de las carteras del Estado, como le sucede a los bolsillos mágicos de Harpo, no parece tener final.

El caso es que tras los malos resultados electorales, y obsesionado con la imagen que su partido daría de no alcanzar los valiosos reflejos ministeriales, se ha dejado tomar un poco el pelo (en apariencia) por aquellos que llevan mucho más que él en política, que son más viejos y viejas, que saben menos de teoría, es probable, pero infinitamente más del bestiario que es susceptible de caer en la trampa, de añagazas, cebos y traiciones sin cuento.

¿O es que se ha olvidado Pablo Iglesias de que Pedro Sánchez viene de ganar trofeos formidables? ¡Menudas testuces se ha cobrado en lo más agreste de Sierra Morena! E iba armado tan solo con una faca mocha y el filo, por el contrario agudísimo, de una astucia que ya nos ha de parecer digna de un bandolero.

¿Todo ha sido entonces engaño, fraude, hipocresía, y debemos pues abandonarnos ya a una suspicacia que hiele nuestro buen ánimo ante esta primera zancadilla traviesa? ¿Todo ha de ser mirado entonces con recelo, como puro reflejo especular, como primer tranco de una historia que no puede sino acabar a tortazo limpio?

No ha de ser así. Hay que ser optimistas comprendiendo que cierta animosidad interna va a ser inevitable, pero no tiene por qué ser tan destemplada como para resultarnos inclemente: es una pulsión de cierta hostilidad, claro está, pero natural que brote entre quienes han estado históricamente confrontados. PSOE y Podemos deben aprender a convivir con la vista puesta en el bien general.

Mientras toda anécdota que trascienda sea incruenta y no pase del empujón de los que no quiere compartir plató a la dentellada seca del goloso que se queda sin tarta, no tiene por qué perjudicar la verdadera razón de ser de este pacto: las medidas ilusionantes que ya la semana próxima pondrá el Gobierno sobre la mesa del Consejo de Ministros.

Que nadie se pase de listo entonces volviendo a probar suerte cazando con engañosos espejos, pero que tampoco nadie vuelva a dejarse cazar tan ingenuamente, o al menos así nos dé la impresión. ¿Para qué queremos historias tan viejas como las que contiene la Historia Natural?