Otras miradas

La calle

En los últimos días, el presidente de la Junta de Andalucía ha anunciado que no descarta movilizaciones el 28 de febrero, Día de Andalucía. Mientras, VOX convocó, sin el éxito esperado por ellos, manifestaciones en toda España el 12 de enero. Las derechas toman la calle. Como decía Camus, "Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos creer en mi protesta". Una vez más la derecha banaliza y desvirtúa la calle que siempre ha arrancado y defendido derechos y utiliza sus iconos en beneficio propio.

El 28 de febrero dotó a Andalucía de una autonomía que le confería, a través de un Estatuto, una transferencia de competencias que han permitido la vertebración del territorio de Andalucía y ha acercado los servicios públicos a los ciudadanos. Opción que el partido matriz de Bonilla, Alianza Popular, no apoyó en su día y consideró que era merecedora de su abstención y que mucho menos deseaban los herederos de los que soportan su gobierno en Andalucía, y si no que le pregunten al compañero Caparrós.

Nos preguntamos si van a salir a reivindicar y celebrar el Día de Andalucía con el resto de los ciudadanos o salen para aprovechar que salen los ciudadanos para vender su relato.

Y ya puestos, nos gustaría saber si este gobierno andaluz y los que salen en domingo después de misa de once, a los cuales le preocupan tanto las cuestiones que afectan a las personas, si van a salir también el 1 de mayo y nos van a acompañar a los trabajadores y trabajadoras, ya que está claro que un 21% de paro en nuestra tierra sí es un verdadero problema para nuestro pueblo.

Si todos esos que quieren mejores pensiones, mejores servicios públicos, una indemnización por despido, cobrar el desempleo, mejores condiciones de trabajo para poder disfrutar de la familia, esa tan manoseada figura en la que están convirtiendo el querer compartir la vida con alguien que nos haga feliz; si todos esos que quieren un salario digno, (quién vive dignamente con 900 euros al mes) salen a la calle con los que no creen en nada de eso, necesitamos hacer autocrítica.

Quien piense que vamos a salir de la crisis territorial que vive el Estado con movilizaciones envalentonadas se equivoca de pleno. La situación actual es fruto de la falta de diálogo de la última década agravada por la brutal crisis económica, y es que cuando no hablas, cuando no te sientas, cuando no te pones en el lugar del otro, los espacios se pierden y el afecto desaparece. Y cuando el desafecto es evidente el grito es la peor de las armas.

No me cansaré de decir que solo las políticas sociales y lo servicios públicos ejemplares nos dan orgullo de pertenencia, por encima de las respetables sardanas, muñeiras y sevillanas. Parece que el nuevo gobierno de coalición va a explorar esa vía del diálogo y merece un voto de confianza, así lo ha entendido la colorida, multicultural y plural España que ha permitido la investidura de Sánchez frente a aquella que parece anhelar la escala de grises.

Pero si la calle, que es el continente del sentir de la gente, la toma la intolerancia y la insensibilidad, ¿dónde está la izquierda? Hace falta que la izquierda vuelva a ser reconocible, con un programa más social, más justo, más moderno. No es comprensible que la gente se deje encandilar por los "cantos de sirena" de la ultraderecha, cuando las fuerzas de progreso siempre han apostado de manera decidida por las personas para que sean más libres, tolerantes y estén mejor protegidas.

Alberti ya nos advertía: "¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie? ¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie? ¿Que en los mares y campos andaluces no hay nadie?"