Otras miradas

El PP nos quiere solas

SHARON DOMINIK. E.P.
SHARON DOMINIK. E.P.

Esta semana nos encontrábamos con el último revés al "legado Carmena". El Partido Popular decidía poner fin a al proyecto que luchaba contra la soledad no deseada, puesto en marcha por el anterior consistorio liderado por Manuela Carmena. El proyecto piloto ya desmantelado por el PP tenía como finalidad luchar contra este problema social de nuestros días. Y es que El 9,3% de los madrileños mayores de 18 años se encuentraría solo, en total unas 240.000 personas, según el diagnóstico sobre el problema de la soledad que elaboró Madrid Salud en 2017.

Aunque el PP parece no darle importancia, los datos hablan. En conjunto, según los resultados de esta otra encuesta, se concluye que hasta el 12% de la población sufre de forma simultánea aislamiento social y soledad, mientras que los casos en los que hay al menos una de estas situaciones superan el 40%.

Esto era algo contra lo que el plan Madrid, ciudad de los cuidados, luchaba. Había clases de gimnasia, de mindfullness, tertulias de cine, mercadillos de trueque; en los que se fomentaba articular el tejido vecinal, las redes barriales y el apoyo mutuo. El objetivo de este plan era el de crear una red de apoyo comunitario que facilitase la detección y el apoyo en la lucha contra la soledad no deseada.

A varias de las que conocimos de alguna forma el proyecto, nos recordaba también a algunos momentos vividos durante el 15M de aquel 2011, en los que se salía a la plaza del barrio y se hablaba con los vecinos. Ese intercambio vecinal en el que se ponía en el centro la compañía, pero también los cuidados, volvía a estar presente a través de este proyecto. Pero eso, al parecer, no gusta al Partido Popular.

Tal y como recogía en este artículo, uno de los voluntarios de Madrid, Ciudad de los Cuidados, hablaba de este recuerdo de las asambleas y reuniones del 15M: "hay un grupo coordinador tangente y se trabaja mucho para que se haga una red vecinal horizontal, con grupos de trabajo". Una de las iniciativas consistía en hacer paseos como los famosos Paseos de Jane para conocer el barrio, realizar juegos y actividades, visitar los mercados, y que sea una manera de conocer a gente para luchar con la soledad no deseada.

Siempre pensé que una de las potencialidades del 15M era precisamente el sentirnos menos solos, mientras luchábamos en común. Contra la lógica neoliberal de productividad y consumo como protagonistas absolutos de nuestras vidas, la experiencia nos decía que había nuevas maneras de hacer y de relacionarnos. La rapidez con la que nos relacionamos, la modernidad líquida de Bauman, la precarización de nuestras vidas, la falta de tiempo, entre otras muchas, hace que apenas podamos dedicar espacio a personas con las que vincularnos más allá de las pantallas.

Vivimos unos tiempos en los que la precariedad y el envejecimiento de la población especialmente, están llevando a la creación de nuevos tipos de familias y nuevos tipos de vínculos y relaciones afectivas.  Cada vez más mujeres postergan la maternidad debido a la precariedad laboral, o finalmente deciden no ser madres. Eso configura también una nueva forma de relación más allá de la familia nuclear. De ahí la importancia de la tribu, nuevas maneras de relación social. El ser humano, como animal social, necesita de su tribu para salir adelante. Igual que la abeja sufre el mayor de los colapsos si pierde su colmena, un humano sufre el mayor de los colapsos si pierde la conexión con el grupo.

Pero el neoliberalismo no nos lo pone fácil. Se ha hecho dueño también de la manera de relacionarnos, que es la de relacionarnos cada vez menos o peor. Estamos viviendo sociedades en las que prima lo individual frente a lo colectivo, en la que inventan aplicaciones para que no necesites a nadie más que a ti mismo y eso se vende como un valor. "No necesitar a nadie" se vende como algo positivo, como algo asociado a la fuerza o la valentía, cuando hay detrás de ese mensaje toda una lógica individualista.

La soledad es ya un problema de salud pública. Está directamente relacionada con peores índices de salud y las personas que no están integradas y sufren aislamiento tienen mayores tasas de mortalidad. La soledad puede convertirse en una epidemia en 2030 y tiene consecuencias biológicas, cognitivas y de comportamiento. Además, puede contribuir a una serie de factores de riesgos físicos, psíquicos o psicosociales incluyendo depresión, alcoholismo, pensamientos suicidas, comportamientos agresivos o ansiedad.

El fenómeno de la soledad tiene cada vez mayores implicaciones sobre el bienestar psicológico de la población y los indicadores de salud y mortandad. Así lo indican los datos de una encuesta recogida por un estudio sobre el que se hizo eco Ctxt.

Por su parte, el Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) de la Comunidad de Madrid pidió también un mayor impulso para mitigar el "gran mal del aislamiento social" que "devasta" a las personas con discapacidad. La soledad afecta en mayor parte a las personas mayores y con algún tipo de discapacidad. Además, y tal y como destacó CERMI, un 20 % de las personas con discapacidad viven solas, de las que el 74 % son mujeres, por lo que la soledad "tiene rostro de mujer".

Estamos hablando de un problema de salud pública y son necesarias políticas públicas urgentes encaminadas a solucionar los problemas de soledad y aislamiento.

En concreto en Madrid, y frente a este ataque por parte del PP, la respuesta debe ser articulada de manera colectiva. Hablemos con nuestros vecinos, llenemos las plazas. Porque nos quieren solos, nos tendrán en común.