Otras miradas

En defensa de Vox

El presidente de Vox, Santiago Abascal, momentos antes de realizar unas declaraciones en el Congreso de los Diputados. EFE
El presidente de Vox, Santiago Abascal, momentos antes de realizar unas declaraciones en el Congreso de los Diputados. EFE

Las redes sociales parecen haber despertado al hecho de que se las está utilizando para hacer política con mentiras.

Es cierto que todo discurso político juega a arrimar el ascua a su sardina, es decir, a utilizar los datos y los argumentos que les resultan más propicios, aún sabiendo que, no dando otros, solo cuentan medias verdades. Pero para paliar eso está el pluralismo y el periodismo; esas medias verdades son completadas por los contrarios y por los buenos periodistas.

Desde hace un tiempo a esta parte, volviendo a viejas, feas y presuntas extinguidas costumbres, la mentira a sabiendas es utilizada sistemáticamente por determinados partidos políticos en todo el mundo. Aquí es Vox quien lo hace. Su objetivo es, como el de todos los demás, ganar votos pero, en su caso, están dispuestos a hacerlo a costa de generar crispación social y de romper consensos sociales importantes logrados tras décadas de diálogo y de conquista de derechos.

Como me dijo alguien que los conoce bien:

"Vox no dialoga, ellos son superiores y tienen el propósito superior de salvar tu alma".

Iluminados o no, que de todo habrá también entre sus filas, lo cierto es que Twitter España les ha censurado. Han cerrado su cuenta oficial por este tuit que, según la compañía incita al odio:

Este tuit ha causado el bloqueo de algunas de las funcionalidades de la cuenta oficial de Vox. / Twitter
Este tuit ha causado el bloqueo de algunas de las funcionalidades de la cuenta oficial de Vox. / Twitter

Twitter España les ha ofrecido devolverles la cuenta si lo borran. La respuesta de Abascal, no sabemos si subido a su caballo o no, ha sido la esperada: al contrataque mis valientes y tenemos otras cuentas. O, lo que es lo mismo, no nos bajamos del caballo por nada ni por nadie.

Más allá de esta batalla legal que se avecina, es que VOX, como todos sus hermanos mayores, nunca pierde la oportunidad de generar conflictos, porque los pierda o los gane las conspiranoias tienen un poder incalculable, que ellos calculan divinamente.

Solo por poner un ejemplo, aquí van algunos de sus últimos embustes a cuenta del veto parental, que no ha solicitado nadie, ni siquiera en Murcia, donde ya está implantado, como reconoció su presidente.

  • Las imágenes no son de ningún aula española; pertenecen a un fragmento del espectáculo La Bête, del artista brasileño Wagner Schwartz, que permite que los espectadores manipulen su cuerpo. Estas imágenes se grabaron en el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo hace dos años.
  • Otra charla de la que se hicieron eco en la cuenta de la red social de Vox, la presentaban como sobre sexología e impartida en las escuelas de La Rioja a alumnos menores de seis años. En realidad, fue una conferencia para padres y no para niños, tal y como afirma la asociación que grabó el audio.
  • Por último, para no alargar más el ejemplo, difundieron unas imágenes de una mujer en un aula manipulando un juguete sexual en diferentes posturas. El tuit estaba acompañado, también, de un mensaje: "Hay dos futuros, el de estas imágenes o el del pin parental". Maldito Bulo aclaró que esas imágenes fueron grabadas en un aula universitaria de Ontario (Canadá), en un taller sobre salud sexual organizado por una asociación LGTBI. Hace cinco años, una página web utilizó estas imágenes para un bulo similar, donde intentó hacer creer a los lectores que se trataba de una clase impartida a niños de entre 11 y 12 años. Vamos, que el truco es viejo y se repite.

Pero dicho todo esto y mucho más que podría decirse, como que la acumulación de casos hace imposible la teoría del error y que ya tienen más de 40 asesores en el Congreso de los Diputados, que o lo hacen a propósito o los ficharon analfabetos, ¿quién es el señor Twitter para determinar qué es incitación al odio y que no? ¿Eso no tendría que decidirlo un juzgado? Ni Twitter, ni Facebook, ni Instagram, ni WhatsApp, ni la madre que las parió son jueces; lo que sí son es dueños de sus espacios, como dice bien claro lo que firmamos (sin saber) al abrir una cuenta en cualquiera de estos artefactos y, por lo tanto, están en su derecho de preservarlos de las mentiras y de señalar con todos los dedos a los mentirosos. Y si algo de lo que sus clientes ponen, además de mentira, es delito, tendrán que denunciarlo.

Así que, en este momento de protocensura en el que andamos buscando como parar los pies a los que están ganando votos con mentiras disparadas por las redes que nos conectan a todos, me declaro más a favor del incipiente método de Facebook contra los vídeos falsos: avisan a sus usuarios de su falsedad, marcándolos con un cartel en el que lo dice bien claro, e incentivan que no sean compartidos. Me gusta menos esta seudo censura, por la puerta de atrás, en que se está convirtiendo la presunta "incitación al odio", que no es tan fácil de determinar. Veo mucha en las redes pero creo que no son ni sus dueños ni yo los que lo tenemos que determinar. Estamos hablando de un delito, no de una falta que se perdona borrando un tuit o una entrada.

Desde que VOX entró en el panorama político, desde que cada dos por tres nos explota otra de sus mentiras en la cara, me acuerdo mucho de una anécdota que me pareció definitoria. El día que entraron en las Cortes por primera vez, se sentaron en las filas del PSOE, alegando que no sabían dónde se sentaban. El primer día no hay asientos asignados. José Zaragoza del PSC tuvo el coraje de sentarse entre ellos y de hablarlo con el jefe. Fue el propio Zaragoza quién aclaró a los medios que aquello no había sido una provocación sino solo desconocimiento, según le había contado Don Santiago.

Cuán sería la sorpresa de este diputado tan experimentado, cuando en el siguiente mitin Abascal relató a su público, entre risotadas, cómo le había engañado.

Así que Vox simplemente viene a mentir, copiando el sistema que dio el poder a otros. Saben que la mentira les renta. Nosotros también tendríamos que aprender de lo ocurrido con sus primos hermanos: convertirles en víctimas censurándoles les ayuda. Los demócratas no deberíamos ni censurarles ni alterarnos, solo desmontar sus mentiras con calma, de la única manera que se puede explicar bien algo. Y, aunque tener que recontar lo obvio es más cansado y requiere paciencia, madurez, más trabajo y una buena dosis de reconocer las fallas del sistema, resulta que ya sabemos que es la única manera de vencerlos, porque la democracia no es más que un juego de persuasión.