Otras miradas

Preguntas incómodas, 75 años después de Auschwitz

Sergi Tarrés

Licenciado en Comunicación Audiovisual y asesor político de ERC

Entrada del campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS
Entrada del campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS

"Todos los acusados de haber cometido crímenes de guerra que declararon en los juicios de Nüremberg dijeron que cumplían órdenes. Pero los que gestionaban los campos de exterminio eran las SS, es decir, eran voluntarios. Estaban allí porqué querían, y sabían lo que había. Eran gente fanatizada algunos, ambiciosos todos".  Łukasz, el guía, empezaba así nuestra visita al complejo de los campos de exterminio Auschwitz-Birkenau en Polonia la misma semana del 75 aniversario de su liberación.

Él es Łukasz, un historiador polaco de unos cuarenta y tantos educado bajo el régimen comunista posterior a la ocupación Nacional-socialista y que ahora trabaja como guía, documentalista, investigador y divulgador de la barbarie Nazi. El epicentro de lo que se ha dado en llamar el Holocausto fue Auschwitz-Birkenau, un complejo extensísimo que llegó a tener hasta 40 subcampos donde gente, personas de todas las nacionalidades, cultos religiosos y adscripciones políticas fueron obligados a trabajar como esclavos, torturados, humillados y asesinados a cientos de miles. En especial los judíos y en mucha menor medida los gitanos y otras etnias. Pero por aquellos campos pasaron, además de los considerados no arios, cualquiera que fuera etiquetado como un enemigo del tercer Reich: presos políticos y de guerra -por cierto, Stalin no firmó la declaración de Ginebra por lo que los presos soviéticos no tenían ningún tipo de "protección" y ni siquiera la Cruz Roja los pudo visitar. No por casualidad se dieron graves casos de canibalismo entre los rehenes de este origen-.

Se calcula que más de 1.5 millones de personas fueron asesinadas en este complejo polaco. En concreto los judíos fueron sometidos, en propias palabras de marca registrada Nazi, a un "tratamiento especial".  Centenares de miles llegaban -si no morían por el camino- deportados de toda Europa en trenes atestados delante de la esplanada de Birkenau. Allí eran separados por razón de edad, sexo y condición física. Los que tenían más "suerte" vivirían unos meses más sometidos a trabajos extenuantes y a unas condiciones absolutamente degradantes. La mayoría eran conducidos a las cámaras de gas, dándoles a entender que era un tratamiento de desinfección previo al ingreso al campo.

Al principio de la guerra se identificaba y se llevaba control de las identidades de los internos, después de la conferencia de Wansee en enero del 42 -en la que todos los departamentos del Tercer Reich adoptaron por consenso "la solución final" a la "cuestión judía"- los que llegaban ya no eran ni tan siquiera marcados, por lo que nunca estuvieron allí y, en consecuencia, tampoco "murieron allí". La grasa humana y las cenizas eran despojos reaprovechados, usados como jabón y abono para el campo. "No se tiraba nada".  Los presos eran números, unidades, los despojos eran el resultado del "tratamiento". Una auténtica cadena de máxima eficiencia industrial preparada para hacer del exterminio masivo todo un negocio.

Vagón en el campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS
Vagón en el campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS

El mismo Adolf Eichmann, Obersturmbannführer de las SS y administrador general de la denominada "solución final", también declaró en Israel -fue detenido en Argentina por el Mossad, posteriormente juzgado y condenado a muerte por el estado judío- que cumplía órdenes. Curioso que Eichmann haya sido señalado -por numerosos estudios- como uno de los principales responsables de la debilitación del frente nazi por haber desviado materiales imprescindibles -transportes, alimentos, etc.- a los campos. Priorizó su posición jerárquica -como tantos otros- y quiso ser el primero en acreditar su total y absoluta eficiencia a la hora de asesinar y "limpiar" el mundo de judíos. ¿Era antisemita? No lo sabemos y realmente poco importa -según sus propias palabras en el juicio, no lo era-, lo que es seguro es que era ambicioso, mucho.

"Había muchas preguntas incómodas en aquella época, no se podían hacer". "El modelo ario era un hombre germano de 1.85 de altura, rubio y ojos azules y físicamente de aspecto sano y atlético. Pero… ¿y el Führer? ¿y Goebbels? No preguntes. ¡Sigue el sistema!". Esta era otra de las frases que repetía Łukasz, nuestro guía. El aspecto físico del mismísimo Hitler y otros de la cúspide jerárquica no se ajustaban en absoluto a los cánones que se suponía que debían tener los ciudadanos del Reich de los mil años.

Irracionalidad, ambición, dogmatismo, manipulación propagandística emocional, falsedades y mentiras para aprovecharse de las debilidades del "alma colectiva" y de las "miserias personales" fueron las armas que permitieron poner una alfombra roja a la más terrible de las barbaries de las que ha sido testigo y a la vez ejecutor el ser humano contemporáneo. Y todo por la ambición y el poder, para mandar a todos y sobre todo. Y todo empezó con la frustración. Un pueblo frustrado y atenazado por la crisis de confianza en sí mismo y la desesperanza de verse aislado después del tratado de Versailles donde se rubricó la rendición de Alemania al final de la primera guerra mundial fue el caldo de cultivo para que triunfara el populismo. Lo de después… bueno, oportunismo, negocio cómplice, todo ayudó a catalizar.

Las élites, el dinero y el poder poco entienden de ideología. La máquina estaba en marcha, los grandes tenedores de capital debían financiar todos los bandos y así asegurarse que apostaban a caballo ganador.

Horno en el campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS
Horno en el campo de concentración de Auschwitz. SERGI TARRÉS

Lo que pasó en la Alemania Nazi es un ejemplo. Quizá el más conocido. Pero, en definitiva, un ejemplo. A la vez es una lección. Educar en el espíritu crítico debería ser obligatorio en toda sociedad democrática avanzada. Aprender y animar a hacerse preguntas y a poner en duda toda afirmación categórica proveniente de aquellos a los que se supone que otorgamos autoridad -y no solamente a los gobernantes si no a los aspirantes a serlo-. Poner en duda las "versiones oficiales" nunca debería estar mal visto, debería ser lo normal.

Justo en frente del paredón que ha sido reconstruido en Auschwitz I y en el que se calcula que fueron ejecutadas unas 4500 personas han quedado las coronas de flores que depositaron días atrás los mandatarios internacionales que visitaron el campo en motivo de la celebración del 75 aniversario de la liberación. Entre ellas la que pusieron los Reyes en representación del estado español. Fue portada en todas las ediciones de los medios españoles y algunos europeos. Sin duda una gran muestra de solidaridad para con las víctimas del Holocausto y la más rotunda condena del mismo.

Al acabar la visita al museo del horror se me ocurrió una pregunta que hacerle al guía:

"¿Sabéis que el padre de este rey fue puesto a dedo por Franco, un dictador que ganó una guerra contra la democracia con la imprescindible colaboración del Tercer Reich? Por cierto, bajo su reinado -ni el de su padre- nunca se ha condenado la dictadura".  Łukasz me miró con una expresión mezcla de pena y condescendencia y me contestó:

"Sí claro, aún hay muchas preguntas incómodas que esconden verdades desagradables."