Otras miradas

8 de marzo: nuestra lucha

Pilar Aguilar Carrasco

Analista y crítica de cine

Manifestación del 8M de 2019 en madrid. REUTERS/Juan Medina
Manifestación del 8M de 2019 en madrid. REUTERS/Juan Medina

En 1910, en Copenhague, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (para evitar susceptibilidades, aclaro que el término socialista no se circunscribía como hoy) a la que asistían más de 100, procedentes de 17 países, proclamó por unanimidad (a propuesta de Clara Zetkin) el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

El objetivo era promover la igualdad de derechos, incluyendo el sufragio como reivindicación destacada.

Al año siguiente, 1911, el 25 de marzo, 123 trabajadoras y 23 trabajadores murieron en el incendio de una fábrica de Nueva York. La mayoría de las víctimas eran de Europa del Este e Italia, chicas muy jóvenes (entre catorce y veintitrés años). Trabajaban diez horas diarias (los sábados, siete). No pudieron escapar del incendio porque, en horario laboral, los responsables las encerraban con llave a fin de "prevenir robos". O sea, una explotación capitalista salvaje y sin contemplaciones, de esas que ahora hemos "deslocalizado" a Bangladesh, por ejemplo.

Tan tremendo acontecimiento marcó la historia del 8 de marzo para siempre y resaltó la urgencia de poner en primera línea las reivindicaciones laborales. De ahí ese error -que duró años- de llamar al 8 de marzo Día de la mujer trabajadora.

Digo error porque a) como clamamos en las manifestaciones: "Queremos empleo, trabajo nos sobra", o sea, pocas, poquísimas mujeres no trabajan, aunque no sean tantas las remuneradas por ello. b) La lucha de las mujeres no se limita al ámbito laboral, concierne la vida personal, la doble jornada, la sexualidad, el uso y abuso de nuestro cuerpo, las imposiciones y sumisiones de todo tipo y, por supuesto, la violencia.

En España, hasta hace unos años, a pesar de los esfuerzos de las feministas, muy poca gente sabía que existía el 8 de marzo.

Progresivamente, esta fecha se fue conociendo. Y surgió la variante "descafeinada y adulterada", claro.

Algo del tipo: "¡Vivan las mujeres cariñosas y guapas!", "Felicita a tu mejor amiga", "Regala un ramo de flores a tu madre o a tu novia y agradécele los múltiples servicios prestados", etc.

A medida que la "fiesta" se expandía, muchos ayuntamientos se fueron apuntando y organizando actividades lúdico-recreativas "adaptadas" a nosotras: talleres de peluquería, maquillaje, macramé… Algunos llegaron incluso a celebrar visitas a salas de boys y/o misas en honor de vírgenes y santas que, se supone, encarnaban idílicos modelos femeninos… (parece alucinante, pero no me lo estoy inventando).

No renegamos, por supuesto, del componente festivo del 8 de marzo. Nos alegra vernos juntas y celebrar nuestras conquistas -que son muchas-. Pero también y, sobre todo, proclamamos nuestra determinación de seguir luchando y exponemos las urgencias de nuestra agenda.

Ahora estamos ante otra maniobra: diluir las reivindicaciones de las mujeres. Esta maniobra toma dos sendas:

  1. Convertir ese día en una fiesta de gays, lesbianas, queer, trans, binaries, racializades y todo aquel, aquella o aquelle que se sienta o se reivindique marginal al sistema. Nos parece muy bien que diversos colectivos apoyen nuestras luchas (las feministas también hacemos lo mismo). Y estupendo que busquen un día para manifestar sus derechos. Pero pedimos que fijen otro que no sea el 8 de Marzo porque ese es el Día de los Derechos de las mujeres.
  2. Algunas personas, por su parte, quieren instrumentalizar el vigor del movimiento feminista convirtiendo el 8 de Marzo en un 1 de Mayo bis (curiosamente, luego, no intentan convertir el 1 de mayo en un 8 de marzo bis…). Cierto, el feminismo es un igualitarismo, incompatible en su esencia con una sociedad negrera. Máxime cuando sabemos que las mujeres estamos en la base de la pirámide de todas las desigualdades y explotaciones. Pero nos oponemos a que se diluyan nuestras reivindicaciones antipatriarcales en un supuesto "combate contra el capitalismo".

El 8 de Marzo es el día de los Derechos de las Mujeres. Cierto, entre ellos están los cortocircuitados por el sistema capitalista que se ceba especialmente en nosotras, pero sabemos que no solo el capital nos explota. Nos minusvaloramos la violencia patriarcal que asesina y agrede, ni la explotación de las mujeres en todos los ámbitos. A las mujeres también las explota el obrero que, llegando a casa, pone los pies sobre la mesa y se hace servir por su pareja. Las explota el "joven progresista" que presiona a la suya para tener relaciones sexuales cómo, dónde y cuándo él quiere. Las explota el "simpático" anciano que paga 30€ a la nigeriana del puticlub para usar su cuerpo. Las explota el "cariñoso" padre de familia que, ante la enfermedad de un familiar, se sacude el cuidado alegando: "Hazlo tú, María, que yo soy muy sensible y para esto no sirvo". Las explota el eminente profesor de universidad que las esclaviza y, si puede, las soba, etc. etc.

Repetimos, pues: el 8M no es un totum revolutum festivo-reivindicativo sino el día de la lucha por los Derechos de las mujeres. Todos los derechos y, entre ellos (y muy importante) el derecho sobre nuestro cuerpo, el derecho a su no cosificación, su no comercialización. Nuestro derecho al placer, al buen trato.

No vamos a renunciar a nuestra agenda para que no nos acusen de "dividir al feminismo".

Además, es esencialmente imposible que las reivindicaciones feministas dividan al feminismo. Dividen al feminismo de lo que no lo es. Eso sí.