Otras miradas

¿Una salud de hierro?

Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

El presidente chino, Xi Jinping (con máscara, como el resto de las personas), en un centro de investigación sobre el coronavirus, en Pekín. REUTERS
El presidente chino, Xi Jinping (con máscara, como el resto de las personas), en un centro de investigación sobre el coronavirus, en Pekín. REUTERS

La crisis del coronavirus se afianza como el mayor desafío para el presidente Xi Jinping desde que asumió el poder en 2012. Las primeras consecuencias políticas han afectado de lleno a las principales autoridades del epicentro de la epidemia, Hubei y su capital, Wuhan. Especialmente significativo es el relevo del jefe del Partido en la provincia, Jiang Chiaoling, cuya tardanza en ser destituido solo cabe explicarla por la protección dispensada por el vicepresidente Wang Qishan, firme aliado de Xi.

Si el impacto político se circunscribe a la provincia o deriva en una crisis sistémica está por ver y va a depender del balance final de la gestión de la epidemia. Transferir la mayor parte de la responsabilidad a las autoridades locales puede tener éxito en un primer momento, sobre todo teniendo en cuenta la vigencia de ese patrón cultural que atribuye una pésima imagen al poder local mientras el central representa la última esperanza de solución para las injusticias de que son víctimas los ciudadanos de provincias. Y ese poder central ha reaccionado ya trazando una estrategia que debe mostrar la salud de hierro del PCCh para demostrar a todos, en China y en el mundo, que la crisis no le amilana y que no solo no es imputable al sistema sino que este es la garantía de una respuesta adecuada.

El régimen de severa cuarentena política establecido en torno a Xi tiene su contrapunto en el papel de su primer ministro, Li Keqiang, al frente del grupo dirigente central responsabilizado de lidiar con la crisis. Xi, devoto de tantas presidencias de tantos comités, se ha curado en salud endilgando a Li la respuesta gubernamental y, si fuera el caso, la responsabilidad del fracaso. Li se personó en Wuhan. Aun así, el primer ministro es tan ignorado en las notas oficiales como exaltado Xi, en la mejor tradición del culto a la personalidad que tanto despreciara Deng Xiaoping.

Pero a juzgar por el balance inicial de otras crisis similares y recientes, el liderazgo de Xi puede incluso salir fortalecido de esta penosa contingencia. La guerra comercial con EEUU, por ejemplo, no le ha pasado factura y los críticos de su tendencia a la precipitación han sido silenciados. En la crisis de Hong Kong, a juzgar por los movimientos recientes, otra vez ha movido sus peones sin que nadie ose toserle. Xia Baolong, ex jefe del Partido en Zhejiang, un hombre de su total confianza, es ahora el nuevo responsable de las políticas para la ex colonia británica, reforzando su proyección e intervención  en esa dirección.

Xi confía en que el marco temporal de la epidemia y sus efectos puedan ser contenidos en las próximas semanas. De esta forma, no afectaría sensiblemente a la agenda del Partido, que este año debería santificarse con un estado de revista pletórico en vísperas del primer centenario de su fundación. Pero si esto progresa y se agrava, las disensiones internas podrían aflorar alterando dicha agenda y sus hipotéticos excesos que para algunos, traen a colación aquel avance temerario auspiciado en su día por Mao y de consecuencias desastrosas para el país.