Otras miradas

El Manifiesto del Fossar de la Pedrera, en defensa de la memoria histórica y contra el revisionismo

'Alzando una bandera sobre el Reichstag', foto icónica de Yevgueni Jaldéi que muestra a los soviéticos celebrando sobre las ruinas de Berlín.

La Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo hizo público el pasado domingo 16 de febrero en el Fossar de la Pedrera de Montjuïc (Barcelona) un manifiesto para mostrar su desacuerdo con la aprobación en el Parlamento Europeo, el pasado mes de septiembre, de una resolución que equipara el nazismo con el comunismo, considerando ambas ideologías como responsables de regímenes igualmente totalitarios, genocidas y nocivos para los derechos humanos. Hay que recordar que una amplísima mayoría del Parlamento Europeo apoyó esta resolución: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones.

Se llega a afirmar en la resolución que la URSS fue la causante de la Segunda Guerra Mundial, cuando la realidad es que los soviéticos fueron los principales protagonistas de la victoria aliada contra el nazismo, por más películas que la industria de Hollywood produzca para ensalzar (solamente) el papel de los Estados Unidos. Mientras que murieron 8,6 millones de soldados y 13,3 millones de civiles de la URSS durante la guerra, por parte de la patria del Tío Sam cayeron 220.000 soldados. Y es que hay que tener en cuenta que se calcula que el total de muertos de la Segunda Guerra Mundial ascendió a unos 55 millones de personas. Hagan sus cálculos.

Pero no sólo la URSS jugó un papel decisivo en la derrota del nazismo. Como se explica en el Manifiesto del Fossar de la Pedrera, "se menosprecia, cuando no se desprecia, el valor de la contribución militar de las fuerzas comunistas francesas, italianas, belgas, yugoslavas o griegas en la derrota de la Wertmacht". Como también muchos comunistas españoles lucharon en la resistencia, tras perder la guerra civil y tener que abandonar su país. Como también se olvidan, interesadamente, "las decisivas contribuciones de los comunistas franceses e italianos en los gobiernos de reconstrucción de posguerra, entre 1944 y 1947, y su contribución a la construcción del Estado de bienestar social tal y como la hemos conocido hasta hace poco. En Francia fueron ministros comunistas los que implantaron el sistema de salud pública, el sistema de pensiones, los subsidios familiares, el reconocimiento de los comités de empresa, la cogestión sindical en los sectores productivos nacionalizados, la asistencia médica laboral, la reglamentación de las horas extraordinarias y el estatuto de la minería".

Cabe también recordar el papel y el liderazgo de los comunistas en Cataluña y en el resto de las Españas durante la negra noche de la dictadura franquista. Partidos como el PCE o el PSUC, o sindicatos de inspiración comunista como las CCOO, fueron determinantes en la organización del antifranquismo, por mucho que determinada propaganda quiera ocultar o minimizar este hecho y por mucho que, ahora en democracia, muchas personas que no movieron un dedo a pesar de tener edad para hacerlo, ahora reivindiquen el antifranquismo, incluso atacando personas que, en aquellos tiempos, sí lucharon y sufrieron persecución, torturas y prisión. El colmo de la desfachatez, en estos tiempos complejos en Cataluña, en España, en Europa y en el mundo.

El poder ha ido consiguiendo, en las últimas décadas, emitir una propaganda muy determinada para deslegitimar ideologías como el comunismo, equiparándola de forma simplista e interesada al estalinismo y la ignominia que representó, por ejemplo, el gulag. Es como si se pretendiera igualar, sin ningún tipo de matiz, nacionalismo con terrorismo, o cristianismo con Inquisición o pederastia. ¿Verdad que sería profundamente injusto? Pues con el comunismo pasa exactamente lo mismo.

El auge de la ultraderecha en todo el mundo y el impulso del revisionismo histórico nos obliga a salir a la ofensiva, para defender la memoria de todas aquellas personas que lo dieron todo para dejar a sus hijos y nietos un mundo mejor, basado en los ideales de la libertad y la democracia. Porque la batalla hay que darla en todas partes, no solamente en las instituciones. Porque hace demasiado tiempo que los poderosos están imponiendo su hegemonía. Como bien recoge el Manifiesto del Fossar de la Pedrera, "cualquier equiparación entre nazismo y comunismo es moralmente injusta, históricamente errónea y políticamente despreciable". Porque "los comunistas, herederos de una de las grandes corrientes filosóficas de la contemporaneidad, han contribuido a configurar la civilización tal y como la hemos conocido; los nazis, hijos de la barbarie anti-ilustrada, aspiraron a destruirla".

Desde aquí expreso mi apoyo al Manifiesto del Fossar de la Pedrera y animo a los lectores a enviar sus adhesiones al correo electrónico de la Asociación Catalana de Ex-Presos Políticos del Franquismo: expresospolitics@gmail.com. No pasarán.