Otras miradas

La culpa no es del coronavirus

Dos mujeres con mascarilla y guantes se abastecen en un supermercado en Bilbao. EFE/LUIS TEJIDO
Dos mujeres con mascarilla y guantes se abastecen en un supermercado en Bilbao. EFE/LUIS TEJIDO

Llamáis normalidad democrática a la explotación estructurada de las trabajadoras y en especial de las mujeres, pero llamáis crisis a la perdida de beneficios. Llamáis normalidad democrática a la privatización de los recursos y de la sanidad, al asesinato masivo de mujeres, migrantes y refugiados, y a los accidentes laborales. En cambio, llamáis crisis mundial cuando empiezan a morir europeos, sobre todo si son hombres y blancos. Cuando el mito androcéntrico de la autosuficiencia personal en la que vivís se derrumba ¡crisis!

Pero para eso están las esclavas. Que la máxima autoridad política en materia de salud, la consejera Nekane Murga, diga sin despeinarse un milímetro, que los abuelos (¿abuelos?) pueden cuidar perfectamente de los niños mientras las escuelas permanezcan cerradas por coronavirus, es una gran muestra de hasta qué punto está normalizada la esclavitud en la esfera de los cuidados. El 40% del PIB proviene del cuidado que las mujeres hacen sin cobrar, cuidado que en un 95% hacen mujeres, ni hombres ni abuelos. Además, el cierre de escuelas afecta sobre todo a mujeres, que son mayoría en dicho sector, igual que en el sector sanitario, por lo que se infectan mucho más ellas que ellos (igual que con el Ebola y la Zika), y mucho más rápido, entre otras cosas porque al cobrar menos que ellos son más pobres y las primeras en ser despedidas. La culpa no es del coronavirus.

Las crisis son fenómenos complejos y sociales, no naturales. Las feministas llevan años proponiendo otras maneras de gobernar, de construir comunidad y res publica, que los gobernantes democráticos se niegan a considerar ya que eso supondría la imposibilidad de acumular capital en (sus) manos privadas, que es el objetivo de toda privatización. Por si esto fuera poco, el relato oficial de estos gobernantes pretende que disociemos las inundaciones, las sequías, la pobreza, los incendios, las pandemias y la contaminación (Zaldibar) de las decisiones políticas, y que los tratemos como si fueran sucesos naturales no controlables ni previsibles. Para acumular capital hay que privatizar (la sanidad, los recursos, la educación) y cuanta más privatización más pandemia, más contaminación, más muerte, más enfermedad y más miseria. La culpa no es del coronavirus.

Llevamos años diciendo que el neoliberalismo y su racionalidad patriarcal, basada en la usurpación, la mercantilización, la privatización, la sexualización, la racialización y la disociación como mecanismos de gobernación de la población, llevan a una necropolítica muy sofisticada pero bestial: dejar morir a la población que no tiene recursos, es decir, matar a la población legalmente mediante la implementación de leyes de extranjería, leyes comerciales, sanitarias, fiscales, laborales. No es solo que se permite la existencia de la sanidad privada, sino que la paga el pueblo, el mismo que no  puede pagar 300-800 euros para hacerse el test del coronavirus, mientras que la sanidad pública no da abasto. Pero la culpa no es del coronavirus.

Si no sabéis que el cuidado en esta sociedad lo hacen, o las mujeres (mediante excedencias, jornadas dobles y como trabajo no remunerado, es decir, esclavo); o las instituciones estatales, es porque tenéis intereses en que sea así. Y tanto el trabajo esclavo o precario de cuidados de las mujeres como la privatización de las estructuras públicas se basan en un pensamiento estadófobo absolutamente patriarcal (compartido muchas veces por cierta izquierda). La brocha gorda de "el Estado es malo" no ayuda en crear bienestar, mucho menos, la brocha gorda patriarcal que cree que los individuos aparecen en el mundo con dieciocho años listos para razonar universalmente, hacer dinero o justicia social. Este cuento de hadas, como todos, no funciona sin esclavas. No nacemos libres ni autosuficientes, ni pobre ni mujer ni negro ni francesa. Son fenómenos políticos. Nacemos mamíferos. Y son las mujeres y las instituciones públicas las que convierten a las mamíferas en sujetos semi-autónomos e interdependientes. Así que las preguntas son: ¿Qué hay detrás del rechazo a las estructuras públicas (aunque sea a nivel teórico)? y dos: ¿Por qué se siguen creando mujeres y hombres (ya que no nacemos mujer ni hombre)? No sabe/No contesta.

Pues porque la estadofobia patriarcal es imprescindible para crear neoliberalismo heterofamiliar. Para crear seres que por obligación han de cuidar de toda la sociedad en condiciones ultrajantes. Porque eso son las mujeres, seres que trabajan más que los hombres, pero tienen menos capital económico y cultural que ellos; seres que cuidan más que los hombres, pero tienen menos capital social y simbólico que ellos. Para eso se crean las mujeres: trabajar gratis, producir vida gratis, cuidar de todo el mundo prácticamente gratis. ¿Sabíais que casi el 50% de las mujeres a nivel mundial no está mercantilizada, es decir, no cobra nada por su trabajo? ¿Os imagináis si fueran hombres? ¿Y si fueran blancos y europeos?

Perdonen ustedes, pero no vamos a ceder en esta lucha de sentidos; en esta lucha por el discurso. Lo que queréis es esclavismo, no "conciliación". Lo que queréis son esclavas, no "cuidadoras". Suspendéis los ingresos y las adjudicaciones de las plazas en las residencias de mayores de Aláva, sabiendo que serán las mujeres las que cuidarán en la esfera privada no remunerada. En vuestra normalidad democrática os negáis chulescamente a incrementar la ratio en los centros de día y en las residencias (huelgas Bizkaia y Gipuzkoa) y, además, las privatizáis; os negáis a implementar un sistema público de servicio doméstico para el cuidado, y, por si fuera poco, pretendéis que no relacionemos todo esto con las subcontratas y los míseros convenios de los sectores feminizados. La crisis toma forma de esclavismo patriarcal y capitalista, porque vuestra normalidad está hecha de misoginia y neoliberalismo. La culpa no es del coronavirus.

No hemos venido solo a confrontar. Hemos venido a proponer y a gobernar. Hemos venido a crear una república feminista, antiracista y anticapitalista, donde el cuidado sea obligatorio y rotatorio para toda la sociedad. Exigimos la creación urgente de un Sistema Público de Cuidado donde el cuidado sea no solo un derecho (al estilo liberal) sino una capacidad política: pública, colectiva y comunitaria.

Porque la culpa no es del coronavirus.