Otras miradas

Clima y virus: todo tiene sentido

Daniele Conversi y Luis Moreno

Profesor Ikerbasque, UPV; y Profesor Políticas Públicas, CSIC

Sería osado y acientífico establecer un nexo causal entre una cosa y la otra. El virus no es consecuencia linear del cambio climático. Pero la ‘intuición’ como método científico también nos informa que las concomitancias abonan la relación binaria entre ambas cosas. Y las personas están dispuestas a creérselo. Y hacen bien. El ‘efecto mariposa’ se ha incorporado inapelablemente al imaginario epistemológico de las gentes. Lo que sucedió en Wuhan y con la morgue improvisada del Palacio de Cristal en Madrid no parece ser una simple casualidad epifenómica.

Que la mariposa fuese un vampiro cavernícola devorado por otro animal, sea un pangolín u otra especie, y trasladado a uno o más seres humanos en una remota parte del mundo es plausible. Sus efectos nos han alcanzado a todos. Es racional considerarlo. Hemos sabido que el inicio del foco vírico del COVID-19 fue la provincia central china de Hubei, que es está altamente interconectada, globalizada, con una intensa infraestructura de comunicación que incluye el uso extensivo de 5G, rascacielos, muchos automóviles y un nivel de contaminación atmosférica entre los más altos del mundo. Su ciudad de Wuhan se ha hiperurbanizado en los últimos tiempos y sus habitantes son personas procedentes del mundo rural que se han ‘globalizado’ intempestivamente provocando conurbaciones de alta densidad demográfica.

Ya en el año 2012, el pensador de ciencia/científico divulgativo estadounidense David Quammen, describía muy vívidamente en Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic; las antedichas condiciones de urbanización globalizada y de congestión demográfica como caldo de cultivo ideal para la explosión de un brote epidémico devastador y brutal como ha sucedido con el coronavirus. Según Quammen, el spillover (efecto derrame por desbordamiento) es un proceso durante el cual un patógeno de una especie se mueve a otra especie, mutación que puede provocar un brote letal. (véanse también sus libros, The Chimp and the River: How AIDS Emerged from an African Forest y The Tangled Tree: A Radical New History of Life).

¿De dónde surgió el coronavirus? Un equipo de investigadores de varios países analizó la evolución del genoma del virus y excluyó categóricamente que pueda haberse derivado de una elaboración en un laboratorio en vitro, y además se ha podido comprobar su origen animal. Otras interpretaciones han recurrido a las tesis conspiratorias de que los responsables malévolos de su extensión mundial podrían haber sido Estados Unidos y hasta la misma China, mientras otras acusan a Rusia. Sí parece incuestionable que tales fake news proceden de este último país (imperio) que es identificado como el principal vector de la desinformación global.

Poca duda resta en que el principal efecto de la rapidísima expansión del virus es su carácter global, como en su tiempo pudo ser la propagación de la Peste Negra del siglo XIV. Y que sus causas son directamente achacables a la locura neoliberal imperante de los últimos decenios. Empero, el mundo que vaya a surgir de las ruinas de la utopía del mercado libre no es que vaya a estar menos interconectado. Probablemente estará aún más entramado. Y es que la ‘distanciación social’ ha provocado un aumento exponencial de la comunicación online. En cuanto todos permanecemos aislados en nuestras casas y habitaciones, al mismo tiempo estamos más unidos que nunca por dispositivos artificiales como smartphones, elaboradores, etc. Además, las altas temporales (o a veces definitivas) de trabajadores en varios sectores y su reemplazamiento por servicios sin ser humanos /no antropomórficos han proporcionado una oportunidad histórica para acelerar la entrada en un mundo radicalmente más robotizado, como han observado Jiménez y Moreno. También es una tragedia que confrontan trabajadores de múltiples sectores que, con la mayor o menor crisis económica subsiguiente, se verán afectados para la nueva realidad laboral y perderán irremisiblemente sus trabajos para siempre. La implantación del ingreso mínimo vital accesible para toda la ciudadanía en estado de necesidad es insoslayable.

El Estado del Bienestar y el Modelo Social son consustanciales al mantenimiento de nuestra dignidad humana y capacidad de vivir con decencia en Europa. No se podrá decir que el bienestar económico será un aspecto fundamental de la governance, si no se cambia el concepto mismo de economía buscando su comunión con el de ecología. Eso implica un mayor equilibrio entre hombre y naturaleza, o como señalaba Bruno Latour, en eliminar la arbitraria distinción modernista entre hombre y naturaleza, confiriendo agencia social a naturaleza en cuanto los asuntos humanos son moldeados por manifestaciones naturales, y viceversa.

Más allá del Coronavirus y de la enorme crisis económica y social producida por la pandemia, el cambio climático permanece como la mayor amenaza para todos los seres vivientes del planeta. En realidad, el calentamiento global podría ser potencialmente mucho más destructivo y peligroso que la pandemia que estamos sufriendo. Como nos recuerda George Monbiot, la crisis ataca todo el modelo económico que nos ha empujado hacia una alteración radical de las relaciones entre sociedades humanas y su entorno natural. Mucho antes de que el virus se detectase, ya se alumbraban otras amenazas más radicales: el declive de la biodiversidad y la sexta extinción de masas, con millones de especies de animales y plantas desaparecidas para siempre; la erosión de los suelos como consecuencia de la preponderancia de la agricultura intensiva; la invasión del mar por el plástico y el microplástico (Conversi y Moreno); y una miríada de otras amenazas asociadas con el nominado desarrollo económico neoliberal.

Piénsese que el sistema inmunitario de las víctimas del COVID-19 ya estaba debilitado por la contaminación atmosférica antes de la eclosión mundial vírica. Algunos panglossianos tecnológicos creen que asistimos a una mera inflexión estocástica en una estadística de regresión estacionaria. Sucede que la última evolución no lineal que vivimos bien podría causar un cambio contingente de tendencia radical en lo que acríticamente asumimos con ‘progreso humano’. La mariposa sigue aleteando…