Otras miradas

Diez años son muchos para los que buscan y esperan desde hace décadas

Ana Messuti

Abogada de la querella argentina

Si queremos encontrar  motivos por los que se concibió la idea de presentar la querella por las víctimas del franquismo, sin duda los encontramos en, por una parte, la situación que se vivía en Argentina, donde ya algunos años atrás se habían iniciado los juicios contra los autores de los crímenes cometidos durante la dictadura y, por otra parte, la situación que se vivía en España, tras la reacción de la justicia española ante los intentos de Garzón, en 2008, de dar una respuesta a quienes la esperaban desde hace tantos años.

Por otra parte, el derecho argentino, desde la jurisprudencia, particularmente de la Corte Suprema, manifestaba una franca apertura hacia el derecho internacional y, por consiguiente, hacia el ejercicio de la jurisdicción universal. Esa evolución jurídica iba acompañada y alimentada por un infatigable movimiento social, encabezado desde siempre por las Madres y las Abuelas, que no bajó nunca los brazos. Sin duda el contraste entre una situación y otra era notable, por un lado se abrían las puertas de la justicia, y por otro, se cerraban. Pero la universalidad de la justicia consiste precisamente en que haya una sola puerta, y que siempre esté abierta.

La idea de la querella nació en Madrid, de una reunión entre Emilio Silva, presidente de  la ARMH, Raúl Zaffaroni y un joven abogado argentino, Matías Bailone. Para llevarla a la práctica se formó en Buenos Aires un equipo de letrados dispuestos a ocuparse de la querella. Algunos desde hacía tiempo se dedicaban a los juicios de lesa humanidad, "juicios de lesa", como los llaman en Argentina, y que estaban participando en el juicio sobre el Plan Cóndor. El equipo se reunió varias veces  durante  2009, pero faltaba algo esencial para que la querella se pusiese realmente en marcha.

El 22 de marzo del 2010 apareció una larga entrevista a Carlos Slepoy en el diario Página 12. Llevaba como título una frase que había dicho Carlos: "Necesitamos un Garzón argentino". Es decir, compartíamos, sin saberlo, el mismo proyecto. Carlos era admirado por todos nosotros, todos recordábamos el brillante papel que había desempeñado en los juicios de Madrid. Había que aprovechar su presencia en Buenos Aires, invitarlo a unirse al proyecto. Nos encontramos el 24 de marzo en la Plaza de Tribunales, donde todos los años se celebra un homenaje a nuestros colegas argentinos desaparecidos.

Era un contexto ideal para comenzar a "hacer algo" por nuestros compañeros españoles. Ya en la primera reunión con Carlos se decidió que había que presentar la querella el 14 de abril, Día de la República, para lo que teníamos que empezar a trabajar inmediatamente. Hubo que resolver de modo provisional algunas cuestiones dudosas, que tarde o temprano se plantearían y tendrían que resolverse. Además, era necesario finalizar el escrito unos días antes para dar tiempo a que la firmasen las asociaciones de derechos humanos que quisiesen unirse a nuestros dos primeros querellantes individuales: Darío Rivas e Inés García Holgado. La ARMH ya había enviado desde España a su representante  de entonces.

El 14 de abril de 2010, las víctimas del franquismo entraban al Palacio de Justicia argentino, que, para acogerlas, se transformaba en tribunal internacional en ejercicio de la jurisdicción universal.

Ya en España. quienes tuvimos el privilegio de entrar en contacto con los primeros candidatos a querellantes pudimos  ponderar el peso del silencio impuesto y mantenido durante años. El enorme esfuerzo que suponía para muchos quebrar ese silencio, contar lo que habían sufrido, o descubrir cuán hondo llegaba ese sufrimiento que estaban contándonos a nosotros por primera vez.

Los querellantes, al recurrir a un tribunal de otro país, y ampararse en el derecho penal internacional, han puesto en marcha la jurisdicción universal. Y así nos han dado y nos están dando una lección a los juristas del mundo entero: no importa el lugar ni el tiempo, no se puede admitir la impunidad de crímenes de tal magnitud.

En estos 10 años hay algunas cosas que festejar, y otras que llorar. Hemos perdido a muchos querellantes, que no pudieron ya seguir el combate. Hemos perdido a Carlos Slepoy y recientemente a Chato Galante; basta mencionar sus nombres para que comprendamos y sintamos todo lo que hemos perdido. Pero en su recuerdo, en homenaje a ellos, celebremos este aniversario, festejemos los logros obtenidos. La querella sigue abierta, salud.