Otras miradas

Merlosgate

Marta Nebot

Periodista

El periodista Alfonso Merlos, durante su participación en el programa 'Estado de Alarma', en Youtube.
El periodista Alfonso Merlos, durante su participación en el programa 'Estado de Alarma', en Youtube.

Que España es un país de pandereta lo confirma su parrilla de televisión desde hace décadas. Reconozcámoslo: la mayoría somos cotillas, frívolos y perezosos. La prensa del corazón viene a ser a nuestro cerebro como el fast food a nuestro sistema circulatorio. El fast food nos atrofia las arterias; el cotilleo, la sesera con historias y cuestiones innecesarias.

Las encuestas dicen que cada vez estamos más gordos y menos cultos. Es una elección, por supuesto, y es humano y que tire la primera piedra el que nunca haya ojeado un Hola en una sala de espera o nunca se haya comido una hamburguesa con ketchup.

El caso es que en medio de una pandemia mundial, con más de 23.000 muertos confirmados en suelo patrio, los índices de audiencia nacionales y los trending topics han saltado por los aires con el llamado Merlos Place, un vídeo que no dura más de tres segundos.

Resumo en una frase para el extraterrestre que no se haya enterado:  Alfonso Merlos, el periodista de derechas más moreno, entraba en el programa de Youtube de Javier Negre, el viernes pasado desde su casa, cuando una chica semidesnuda (que no es su novia conocida), pasó por detrás de él portando una bandeja. Esos tres segundos bastaron para que esta España nuestra, en ayuno de cotilleo por la imposición lógica del monotema, encontrara una excusa para lanzarse de cabeza en su soma favorito.

El episodio lo tiene todo: guapos y famosos, amor y odio, relaciones de poder e impotencia y televisión, mucha. Los tres implicados se han paseado delante de los focos, desde entonces, mañana, tarde y noche.

Ayer coincidí con Merlos en el programa de Cuatro de Risto Mejide, Todo es Mentira. Merlos llevaba en Mediaset todo el día. Risto intentó no entrar en el meollo sino preguntarle por los daños o beneficios colaterales que el asunto podría reportarle al protagonista, pero Merlos no quiso darle ni agua.

Se negó a reconocer que abrir la puerta a la amante también es saltarse el confinamiento, no quiso admitir que suena increíble que fuera un error emitir (¡en diferido!) esas imágenes y ni siquiera se defendió. En resumen: no dijo gran cosa pero un millón de personas se puso delante del televisor para verle sudar mientras intentaba poner cara de nada.

Y yo mientras pensaba, más allá de lo sentimental, que es solo asunto suyo, ¿por qué no se atreve a descalificar en público a Javier Negre, a quien considera "amigo", aunque sea por descuido? Supongamos que no fuera a propósito, que no lo viera el editor, que fuera un error fortuito; ¿no es igualmente una faena? ¿Por qué no dijo ni eso? ¿Será que el nuevo youtuber de la ultraderecha, Javier Negre, que ya cuenta con 200.000 suscriptores, se está haciendo demasiado poderoso? ¿Cuántos poderosos mediáticos se vuelven intocables? ¿Cuándo un mediático se vuelve alguien a quien los suyos no se atreven a cuestionar? Y, por lo tanto, ¿cuántos tertulianos dicen realmente lo que piensan y sienten? ¿Será igual en la derecha que en la izquierda? ¿Será algo que va por bandos o más bien por personajes?

A lo mejor las sinrazones del corazón también dan para pensar ciertas razones.