Otras miradas

La Constitución del 78 en la mesa de autopsias

Martiño Noriega

Portavoz nacional de Anova y alcalde de Teo.

Martiño Noriega
Portavoz nacional de Anova y alcalde de Teo.

Otro 6 de Diciembre y ya van 36. Hablar de "vigencia" de la constitución  es instalarse en un oxímoron. La carta magna del 78 ni está ni se le espera. Los mandados de los mandados que hoy la reivindicarán en vida con pompa y boato, imitarán a Norman Bates,"el mejor amigo de un muchacho es su madre", intentando escapar del sentimiento de culpa de haberla matado.

El papel lo aguanta todo pero si alguna vocación tuvo la constitución  en vida fue la de ser epitafio de 36 años de dictadura. Parafraseando a Moliere podríamos decir "Aquí yace la Constitución del 78, la carta magna de los actores de la transición. Toda la vida hizo de muerta y de verdad que lo hizo bien".

Desde la revolución francesa, no hay Constitución que no se precie si no garantiza los derechos de los ciudadanos y establece una división de poderes. Lo uno y lo otro son a día de hoy en esta constitución  una quimera con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón donde por no respetar no se respeta ni la cuestión formal.

En toda autopsia es indispensable utilizar la disección. Vayamos luego "por partes".

El articulo 2 (patria común e indivisible) y el artículo 8 (Fuerzas armadas y la defensa de la integridad territorial) del Título preliminar de la Constitución ya avisan de que no habrá paz para los malvados y que el que se mueva no saldrá en la foto. Hoy es más evidente que nunca que los que negociaron la mal llamada transición o cierre en falso del 78 fracasaron en la tentativa de resolver el encaje de las cuestiones nacionales con la "concepción territorial del Estado", que es como se rotula el Título VIII. La organización territorial es una cuestión de derecho administrativo y no de derecho político ni de teoría del Estado. Resulta evidente que no hay un problema territorial, hay un problema político. Tratar de reducir las naciones sin Estado a simples territorios es una absoluta falacia y explica entre otros motivos el absurdo debate o choque de trenes que se da en el caso de Catalunya, entre los que defienden el corsé legal  y los que apuestan más allá de eso, por intentar expresar la voluntad política de una  de las naciones de la península ibérica.

El brazo incorrupto de Santa Teresa que durante décadas impidió abrir este debate constitucional, defendiendo una carta magna inmodificable e inmutable, no tuvo pudor en auto enmendarse siempre que recibió cartas de amor de la troika. Pasó en el 1992 con el tratado de Maastricht y en el 2011 con la modificación exprés PPPSOE del artículo 135 donde queda instaurado el lema "Todo el poder para los mercados y sus bancos".

Por eso resulta un absurdo cuando escuchamos a Mariano hablar de que nunca pondrá en juego la soberanía nacional (yo soy más de soberanía popular sobre todo cuando no me reconozco en su nación). Lo que Rajoy debería saber que sabemos es que además de su puro, él y Zapatero se fumaron estos años en una timba con los poderes fácticos, todas las garantías constitucionales y todos los principios rectores de la política social y económica como derechos del Estado Social (vivienda, cultura, sanidad, seguridad social, medio ambiente…).

Por eso hoy, 6 de Diciembre, no puedo comprarles a los de siempre el discurso de que esta muerta está muy viva y tampoco puedo en el debate reforma vs. ruptura llegar a entender los que defienden la primera. Todos sabemos cómo acabó el monstruo de  Frankenstein cuando alguien decidió traerlo de la ultratumba con un cerebro de aquí y una pierna del más allá. Resulta mucho más productivo poner en marcha un funeral de jazz made in Orleans donde la Constitución del 78 sea acompañada (como recoge la recomendable serie de Tv "Tremé") por una banda de música de jazz y al menos dos líneas de dolientes y plañideros. Eso nos permitiría participar y bailar para celebrar la vida de la Carta Magna fallecida pero nos obligaría, en cambio, a tener que hablar de la necesaria confluencia, de la apertura de un proceso de procesos constituyentes en el estado y de lo indigesto que le resulta a algunos la sopa de siglas para hacerlo posible (aunque en su defensa ya salga Mafalda cuando afirma "¿Por qué siempre sopa, mamá?, ¿Por qué?, ¡Si nos queremos!, ¿Si vos sentís amor por mí!...¡Y yo siento amor por vos!...¿Por qué arriesgarte a que  naufrague nuestro romance?"). Esto último, lo de la necesaria confluencia, queda reservado para otro debate.