Otras miradas

La religión de los judíos americanos

Fotograma de la película 'Shoah'.
Fotograma de la película 'Shoah'.

En la película Shoah (1985), de Claude Lanzmann, el maquinista polaco del campo nazi de Treblinka muestra el recorrido del tren que "trasladaba" a los judíos rumbo a la infamia. En la escena, un enorme crucifijo con la figura de Jesús cuelga de la pared. El mensaje del director es obvio. El maquinista se dirige a Lanzmann con buen ánimo, mientras su esposa vigila sus palabras. Tal vez sospecha que su pasado de psico pompo tiene difícil olvido.

Los judíos berlineses desaparecían poco a poco de la ciudad, y eran arrancados de sus casas, de las fábricas, para llevarlos a una sala enorme de baile, conocida como el Klu. Desde allí, los enviaban al infierno despojados de su humanidad más esencial. Cuentan las víctimas que, una vez derrotados los nazis, sus vecinos "arios" aseguraban desconocer lo sucedido. Nadie sabía, a pesar de los huecos en los barrios, las proclamas matonas y los negocios cerrados.

Todo crimen perpetrado por un Estado necesita implicar a la población civil, sobre todo cuando atenta contra parte de sus ciudadanos. La coacción, la extorsión y el miedo sella las bocas y oscurece las mentes lúcidas. Los nazis vincularon credo y raza con una estupidez sobrecogedora, e inventaron el exterminio de los eslavos.

Una guerra tan colosal como aquella fue una estafa piramidal. Comenzó con una mentira alentada por una minoría que desea obtener una rentabilidad o primacía, y fue tolerada por la masa alemana empujada por la inercia.

Una de las consecuencias de la II Guerra Mundial fue el impulso de la ocupación de Palestina. La experiencia de los judíos europeos está asociada a Israel, y se extiende hasta hoy. Pero para el establecimiento de esa nueva Israel, es necesario borrar la historia de una comunidad, que es una forma de humillación extrema. Cuenta además con el apoyo internacional para obviar crímenes pasados y presentes, tal y como Ilan Pappé señala en Los demonios de la Nakba.

El 14 de mayo de 1946 Ben Gurión anunció la creación del Estado de Israel. La cruzada anticomunista americana consolidó, con altibajos, al Estado hebreo, y desde entonces son "ante el mundo" un reducto democrático en medio de los bárbaros. Es cierto que Israel solo conoce la victoria y que es concebido como una especie de Crac de los caballeros en posesión de neo cruzados y asediado por los musulmanes.

El politólogo Norman Finkelstein conoce muy bien esta realidad. Su madre fue esclava en dos campos de trabajo y estuvo en Majdanek. Su padre fue militante de la izquierda sionista, además de un superviviente de Auschwitz. Sin embargo, y por su compromiso sincero con las víctimas, Finkelstein despedaza los mitos de Israel en EE. UU. Así lo expresa en su libro La industria del holocausto. Su apoyo a los palestinos le valió la excomunión, después de una visita al sur del Líbano en el 2006. Su osadía le llevó a perder su empleo como profesor en la Universidad de DePaul, debido a presiones pro israelíes.

Seymour Martin Lipset y Earl Raab señalan que la renta per cápita de los judíos en EE. UU. es el doble que la de los no judíos, que un 40% de los premios nobel en ciencias y economía son judíos, el 20% de los profesores en universidades de gran relevancia también lo son, y que solo en Nueva York y Washington representan a un 40% de los socios en los bufetes de abogados estelares. Este poder cultural e ideológico guarda un vínculo estrecho con la situación del actual Israel. En palabras del derechista Podhoritz, tras la guerra del 1967, Israel se convirtió en "la religión de los judíos americanos" (Making it, 1967). La obsesión con bombardear Irán, los ataques continuos contra Líbano, las intervenciones en Siria, Iraq, y tantos y tantos lugares, tienen que ver con esa visión mayestática que tienen los dirigentes israelíes de sí mismos.

El 14 de mayo de 1948 Ben Gurion anunció la creación de Israel. Desde entonces, el estado hebreo azuza todas las contradicciones posibles en las sociedades occidentales, el supuesto conflicto entre "cristianos y la situación de los musulmanes en Europa". Una especie de encantamiento general permanece con respecto a Israel, y cierto fatalismo en el lado árabe palestino. De hecho, un día después, el 15 de mayo, se conmemora el desastre palestino (Nakba).

Sin embargo, la historia recrea un marco bíblico donde los judíos son los perseguidos y deportados por los imperios sucesivos hasta la actualidad, cuestión dudosa según Shlomo Sand, historiador y profesor en la Universidad de Tel Aviv.

La bravuconería del estilo ¡echaremos a Israel al mar! no ayuda, pues la superioridad militar hebrea es evidente. La guerra de conquista y la lucha por la tierra parecía un capítulo desterrado por las potencias coloniales europeas. Y, sin embargo, un estado tóxico reclama Cisjordania para sí en una guerra infame, que cuenta con la silenciosa aquiescencia de muchos "occidentales".