Otras miradas

Covid-19: cómo gestionar la recuperación de las barriadas

Carmen Mendoza Arroyo

Subdirectora School of Architecture UIC Barcelona. Directora Master of Internacional Cooperation Sustainable Emergency Architecture., Universitat Internacional de Catalunya

Las crisis ocasionadas por desastres naturales o situaciones de conflicto siempre son un reto para la sanidad y habitabilidad. Ponen en jaque los sistemas de atención y su capacidad. En países donde ya existen escasos servicios de salud, vivienda y bienestar, estas necesidades se exacerbarán.

Por tanto, la primera lección aprendida por los profesionales de la arquitectura que trabajamos sobre situaciones de emergencia es la necesidad de tener planes de contingencia, previsión y parámetros de reducción de riesgo.

La segunda es evitar las soluciones estandarizadas que no tomen en cuenta factores locales.

En tercer lugar, es imprescindible promover una transición a respuestas permanentes de recuperación, con planes de desarrollo a largo plazo, en vez de soluciones puntuales y efímeras.

Finalmente, que los hospitales y viviendas de emergencia sean modulares, adaptables y acorde a tecnología apropiada para la comunidad en la cual están situadas. Es crucial que las comunidades reconozcan los factores de riesgo para reducir desastres futuros, y en consecuencia, fortalezcan su resiliencia.

En suma, se deben integrar dos tipos de conocimientos: por un lado el conocimiento de las necesidades locales, con la finalidad de optimizar los procesos de reducción de riesgos con la participación de la comunidad y su sostenibilidad; y por otro, el conocimiento de las instituciones, profesionales, etc. involucrados en la respuesta a la emergencia.

Desafortunadamente, los estudios y la práctica de la arquitectura de emergencia suelen recibir críticas por no tener en cuenta estas necesidades: suelen estar demasiado influenciados por conceptos y soluciones desarrollados en países ‘ricos’, y frecuentemente olvidan que la arquitectura debe promover lo singular de los lugares.

Desde esta perspectiva, nuestras herramientas para crear resiliencia y adaptación a las crisis deben incluir las causas, la historia y la cultura en la cual intervenimos. Debemos tener claro que el intercambio de conocimientos promociona el aprendizaje a través de un proceso de cocreación del diseño y su implementación.

Comida popular en un barrio informal de Medellín (Colombia). Carmen Mendoza Arroyo, Author provided
Comida popular en un barrio informal de Medellín (Colombia). Carmen Mendoza Arroyo, Author provided

¿Estamos exportando soluciones o problemas?

Al igual que el conocimiento compartido y coproducido es vital para afrontar situaciones de crisis, deben generarse las prevenciones y mitigaciones de riesgo. Aunque los eventos, como es el caso de la pandemia del COVID-19 que actualmente nos afecta, sean globales, es importante insistir en que la recuperación efectiva está vinculada a parámetros de respuesta adaptados localmente. En este sentido, en países y comunidades donde antes de la crisis ya se enfrentaban a la vulnerabilidad (social, económica, de gobernanza, etc.), el impacto de la pandemia puede llegar a ser peor, pero también puede serlo la solución adoptada.

Los entornos sociales y las interacciones comunitarias han sido reconocidos como las que dan forma a nuestro bienestar y salud a largo plazo, a través de nuestras interacciones en el día a día, así como durante desastres y dificultades. Se han producido muchos artículos seminales sobre los factores urbanos de salud dándole especial atención a los determinantes sociales de la salud y su manifestación en la salud de la población.

Pese a ello, en el caso de la pandemia del COVID-19, lo que más ha primado es la contención del virus, sin tener en cuenta si la estrategia del confinamiento tendría consecuencias iguales en diversos lugares. Por ejemplo, las mil millones de personas que viven en barrios informales (favelas, chabolas, etc.) en África, Latinoamérica, Asia y el Pacífico, los cuales viven con distinta intensidad las relaciones comunitarias.

Confinamiento en lugares que sobreviven del apoyo mutuo

La urbanización es planetaria, pero tiene un desarrollo desigual, adoptando diversas formas territoriales pese a una arquitectura más estandarizada y globalizada.

La conurbación desigual describe el paisaje contemporáneo, donde los territorios llamados ‘informales’ –si entendemos que lo ‘formal’ es la ciudad planificada– tienen valores morfológicos y sociales a nivel urbano como su conectividad interior y su organización social. El alto nivel de capital social que existe en estos territorios crea una morfología física que está íntimamente integrada con las redes comunitarias, la economía doméstica y el empleo.

Por consiguiente, en entornos de marginalización y de pobreza, el confinamiento, como medida adoptada contra la pandemia del coronavirus, ilustra cómo una solución contracontextual puede, por un lado, mitigar el contagio, pero por otro puede resultar negativo en barrios que emergen sin las más mínimas condiciones de habitabilidad y donde las redes sociales de apoyo mutuo son lo que mantiene la subsistencia de sus pobladores.

La importancia de la autorrecuperación

Resulta lógico pensar que las organizaciones humanitarias deben incluir programas a largo plazo para generar procesos de autorrecuperación resilientes. Y, aunque esto puede derivar en mayor inversión de tiempo, y quizás más fondos, es posible si los gobiernos incrementan la coordinación de todas las partes locales interesadas para invertir en su propia gente.

Finalmente, los profesionales de la arquitectura y el urbanismo debemos aceptar que nuestro campo se está fusionando con otras áreas de conocimiento, tales como la adaptación al cambio climático, el incremento de la relocalización y migración, así como la salud urbana. También requiere entender que las comunidades locales necesitan nuestro apoyo técnico en divisar su propia recuperación, sin crear relaciones de dominación o imposición de soluciones.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

The Conversation