Otras miradas

"El ministro ya ha ganado"

Muchos ya pensábamos que "no hay ningún riesgo de insubordinación en la Guardia Civil" antes de que la ministra de Defensa apareciera en la portada de El País, declarándolo como gran declaración. Lo pensamos incluso cuando el vicepresidente del Gobierno, el día antes, se marcó la chulería en la Comisión de reconstrucción poscovid, en el Congreso de los diputados, de confesarle al portavoz de Vox que cree que a ellos "les gustaría dar un golpe de estado pero que no se atreven".

A mí me lo había contado mi confidente en la Guardia Civil. No es ningún general, no está en la pomada, nunca será el DAO, pero lleva muchos años en el cuerpo, muchos destinos y muchos jefes distintos en su largo currículum. Es un buen compañero que cuida de la institución, le gusta estar bien informado y  conoce a mucha, mucha, gente.

"Aquí lo que ha pasado es que Marlaska ha terminado con eso de que la Guardia Civil fuera como Andorra, un país independiente", me dice como resumen y me cuenta que en este cuerpo militarizado siempre fue su élite la que eligió a los que prosperaban. "Hacían eso, como en Roma cuando eligen Papa, ¿cómo se llama?", me pregunta buscando la palabra.  "Eso, concilios, con fumata negra o blanca", exclama cuando le recuerdo el término.  "Ni Rubalcaba se atrevió a cambiar eso", subraya. Y es que aquí hemos tenido "mucho sinvergüenza", afirma, y la Guardia Civil es la que maneja "toda la información sensible" para la política nacional, añade. "Los políticos de este país que están en la cárcel, lo están por informaciones de esta guardia", me suelta con deje orgulloso.

Confirmando lo que me cuenta, confirmo que los nuevos nombramientos que ha hecho Marlaska son perfectamente legales, aunque no hayan tenido en cuenta "la antigüedad", como era "tradición" en el cuerpo, según declaraciones que hablan de "las molestias internas" que ha generado el ministro con sus nombramientos desde que llegó al cargo.

"Lo de ocultarle el informe no ha sido", concluye rotundo sobre el motivo del cese de Pérez de los Cobos (el coronel jefe de la comandancia de Madrid), que ha generado el terremoto entre los del tricornio de esta semana. "Hasta yo lo tenía antes de que se publicara", confiesa. "Esas cosas circulan; se las pides a algún compañero por la puerta de atrás", cuenta sin darle importancia. "Si el ministro lo quería no le hacía falta pedirlo de esa manera", afirma malicioso y rotundo. "Lo que pasa es que Pérez de los Cobos va y lo filtra, como hizo Manuel Sánchez Corbí", el exjefe de la UCO, la unidad central operativa, fulminado en agosto de 2018, recuerda.

"Son guerras de poder; nadie está pensando en golpe de estado", certifica como colofón a su relato. "Y luego, [a Marlaska] se le han ido dos más por cosas muy distintas:  el DAO [el número 2, Laurentino Ceña], porque le faltaban tres días para jubilarse y ha querido irse haciendo ruido, entre sus cojones o los del otro, pues los míos, ha dicho";  "y el número 3 [el General Fernando Santafé] se va porque se veía, por antigüedad (subraya con retintín) como el proximo Papa, el nuevo DAO, y el ministro le ha dicho que de eso nada", cuenta divertido.

"A mí me han dicho que hay otros dos tenientes generales dispuestos a irse pero que Marlaska, de momento, ha conseguido convencerles de alguna manera", y ahí deja la frase.

"Pero esto se ha terminado", concluye. "¿No ves que son 104 coroneles y que solo treinta y tantos suben a general?". "Los coroneles son gente muy agradecida", declara con sorna. "Muchos estarán rezando por ser los elegidos en una nueva terna que no se esperaban", especula; "guerras de poder", vuelve a decir, "y nada más".

Ahora "una cosa te digo", me dice bajando el tono, poniéndose interesante, "hay dos guardias civiles, la de la cúpula y la de los que patrullan y echan horas. En la de la calle, el ministro ya ha ganado".

"¿Sabes que es lo que más circulaba en los chats de los compañeros estos días?", me interroga. Cachondeos varios sobre todos esos jefes, chistes sobre si se achantaría o no el ministro, pero, sobre todo, frases como esta: "Ojalá haya otra guerra de poder todos los días". Con la subida del tercer tramo, que faltaba, de la equiparación salarial de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, "el ministro se ha ganado a la tropa, digáis lo que digáis en los periódicos".

Buscando más confirmaciones de su relato, me encontré con una entrevista  a Juan Fernández, al nuevo secretario general del sindicato mayoritario del cuerpo, la Asociación Unificada de Guardias Civiles, que  tiene más de 30.000 afiliados entre sus 70.000 efectivos. Todos los demás sindicatos, que han estado haciendo mucho ruido estos días, no suman ni la mitad de su representación. Fernández se pone firme pero muy de perfil con todo lo ocurrido: no liga ni un poco estos acontecimientos con la subida salarial y, simplemente, la celebra;  y, sobre el malestar interno, declara "la dedocracia es lo que tiene, cuando te nombran estás muy contento y cuando te cesan pues no te gusta". "La Guardia civil se debe a las decisiones que adopten los poderes públicos y la obediencia a la cadena de mando nos afecta a todos por muy alto en el organigrama que se esté, el uniforme nos afecta a todos por igual", sentencia para los descontentos.

Dicho todo esto, según mi confidente, es que si a Vox le diera la ventolera de imitar a sus ídolos –algunos miembros del partido se han declarado seguidores de José Antonio Primo de Rivera, el hijo de un dictador que dio otro golpe de estado y fundó Falange Española en 1933– le iban a seguir "cuatro gatos".

Así que, quizás, vicepresidente, no es que no se atrevan, es que saben que para eso están muy solos.