Otras miradas

Violencia

Jule Goikoetxea

Escritora y Profesora UPV

Pixabay.
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¿Qué es la violencia? Morir de hambre habiendo comida. Fallecer por una enfermedad que tiene cura. Habiendo recursos, no tenerlos. No estar representado habiendo representación. Tener boca y no tener voz.

Reducir el concepto de violencia a la violencia física directa es negar que la humanidad esté compuesta por seres semióticos. Nosotras podemos darnos un golpe para expresar cuánto nos queremos. Eso no es violencia. En cambio, violencia es que quienes tienen otro color de piel, sexo, clase o nacionalidad no aparezcan en ningún sitio, apenas sean leídos y escuchadas quedando así fuera de la Historia, que es la que posibilita la creación de sujetos políticos.

La violencia no es una esencia que vuela autónomamente por el aire, o un dios malvado convertido en demonio y disfrazado de golpe, pintada o barricada. La violencia es un hecho semiótico complejo, y la semiótica, my friend, no es monopolio de nadie, ni de los moralistas cristiano-liberales que protestan cuando los pobres golpean o disparan ni de los hombres ricos y blancos.

Analicemos paso a paso las múltiples capas de este tema. En primer lugar, la dimensión social, filosófica y científica.

Tú puedes hacer un chiste siendo una persona negra (o mujer) sobre los negros (o las mujeres) que a las negras (o a las mujeres) no les parece violento hasta que lo hace una persona blanca (o un hombre). Y esto es lo que no soportan los moralistas liberales de izquierda a derecha ni demás especies dogmáticas: que la misma cosa tenga significados diferentes según el contexto. ¿Por qué no les gusta?

Primero, porque esta herejía visibiliza la parcialidad de todos los cuerpos, de la palabra, de los valores y de toda teoría. Segundo, porque particulariza las pretensiones universalistas y relativiza la certeza absolutista y narcisista de la moral liberal, dejando el pensamiento ególatra y aforístico de quien piensa mediante mandamientos despatarrado bajo un brillante sol. ¿Qué significa que "A no siempre es A"? Significa que los fundamentos de la epistemología eurocéntrica e ilustrada necesitan politización, y que desde el principio de identidad y de la no contradicción: "A = A, y (A ˄ ¬A) es falso", es decir, que desde la lógica matemática no se puede entender la lógica política. Y la política no es solo un conjunto estratégico de prácticas, sino también un tipo de ciencia.

Los mandamientos, por ejemplo, "no matarás ni usarás la violencia" se convierten en violencia cuando son enunciados por cuerpos que pueden sobrevivir sin ejercer la violencia. No todos los pacifistas son iguales y es una elección ética totalmente legítima, pero la moral liberal-cristiana que tiene como fin la bondad, no tiene nada que ver con la ética-política que tiene como fin la dignidad política. La primera se basa en el universalismo imparcial y tiene como objetivo ser aceptado en el cielo, o en el reino de los buenos. La segunda es particular y posicionada, y tiene como objetivo el gobierno y bienestar de los cuerpos y de la comunidad.

Al leer este artículo, me mostrarán la foto de Ghandi en las redes, diciéndome que Ghandi también era un luchador, pero estaba en contra de la violencia, olvidando, de nuevo, la violencia que él ejercía contra las mujeres (¡qué despiste!). El pensamiento bienpensante considera que la violencia siempre la ejercen los demás, hasta el punto de borrar la historia para defender sus tesis. La historia, los datos y las investigaciones económicas, sociales y políticas demuestran que cuando las expropiadas, discriminados y oprimidas responden violentamente, la población empieza a percibir esas voces que antes no oía. Y ahora me pondrán una foto de Rosa Parks. En cambio, antes que Rosa Parks tenemos a Claudette Colvin, borrada de la historia porque no daba la imagen de buena mujer. Y la buena mujer, igual que el buen negro y el buen pobre, es sumisa y no violenta. Amén.

Saltemos ahora a la dimensión antropológica. La transformación de un mamífero en sujeto requiere de un proceso de domesticación, y toda domesticación es un proceso de dominación, más o menos, violento. ¿Sabéis dónde existen los bondadosos que nunca han usado la violencia y los malvados violentos que terminan en el infierno? En el cine.

Veamos ahora la dimensión histórica. "La violencia no nos lleva a ninguna parte". Quitando las revoluciones, la esclavitud, la colonización, la descolonización, los derechos, las guerras de independencia, el feudalismo, el sufragio universal, el capitalismo, el patriarcado, la disciplina, la ciudadanía, la industrialización, las canalizaciones, la caza, la agricultura, la pesca y la civilización. A ninguna parte.

Y como la violencia no nos lleva a ninguna parte, pasamos del derecho canónico al actual, de las 16 horas diarias de jornada laboral a las 8 horas, de la ausencia de voto al sufragio universal y del analfabetismo a la educación obligatoria, rezando. El nazismo se neutralizó hablando y el monoteísmo cristiano se extendió jugando al parchís.

¿Sabéis cómo se han conseguido la educación y la sanidad públicas, los procesos de democratización, la existencia de los sujetos políticos, la voz y la representación? Con salmos. Salmos con el mismo estribillo y tules de seda con el que se obtienen las herencias y la propiedad.

La última dimensión: la realidad. Todas sabemos que no nacemos mujer u hombre, que no nacemos negras, católicos, y aunque parezca mentira, tampoco españolas o del PNV. No nacemos, nos hacen. ¿Sabéis cómo nos hacen mujeres, negros, trabajadoras, pobres o franceses? Con violencia.

La violencia no nos llevará al paraíso monodimensional de los buenos. Eso seguro.

Pero, ¿quién dijo que queríamos ir allí?

Este artículo se publicó originalmente en 'Berria'