Otras miradas

El derecho a la playa

Ángela Aguilera y José Ignacio García

Diputados de Adelante Andalucía

Vista de la playa de La Caleta, de Cádiz. E.P./María José López
Vista de la playa de La Caleta, de Cádiz. E.P./María José López

Lo veníamos temiendo de un tiempo a esta parte. La playa es demasiado libre, demasiado atractiva, demasiado jugosa...como para estar fuera de las garras del dinero. Hace unos días nos despertábamos con la ínfame propuesta de la patronal hostelera de Cádiz de que se privatizara la playa para ponerla a disposición de los hoteles. El Ayuntamiento le respondió que se olvidaran de eso. Muy bien hecho.

Pero esto ni es algo menor ni ha acabado aquí. Este es el principio de una batalla. Este tipo de globos sonda no se hacen pensando en el corto plazo. En Andalucía hay quien quiere privatizar la playa. Tenemos que defenderla.

En la Andalucía de costa (donde reside la mayoría d la población) la playa es uno de los elementos más democratizadores del verano. A la playa va todo el mundo, el que no tiene piscina, el que no es socio de un club, el que no se puede ir de viaje. Puedas pagar una comida en un chiringuito o te lleves unos filetitos empanados en una fiambrera, la playa es para todo cristo. Y lo mejor, todo el mundo puede ir a cualquier zona. Así que la forma en la que se mida el aforo en la playa me preocupa mucho. Porque con la excusa de "rescatar" el turismo a ver si nos encontramos zonas de playa controlados por chiringuitos, por hoteles o algunos sistemas de pago para reservar plaza. Miedo me da. Esa es la propuesta de la patronal. No hay que irse muy lejos para ver ese tipo de playas, en Italia las hay.

Lo enmascarán en palabras bonitas. Desarrollo, economía, turismo, empleo. Ya sabemos cómo acaba eso. Llevamos décadas asistiendo al mismo espectáculo: por el turismo, lo que haga falta. Y con ese saco de palabras bonitas, de pan para hoy y hambre para mañana, estarán cavando la última tumba de nuestra cosa. La arena que saquen la venderán a precio de oro, seguro.

Cualquier limitación de acceso a las playas va a perjudicar más al que solo tiene la playa, al que no puede elegir si hoy va a la piscina, al que no puede elegir coger el coche para ir a la playa virgen tal o cual donde no llega el transporte público. Porque esa es otra, la mierda de transporte público que tenemos para llegar a las playas de nuestra tierra. De cómo se haga ese control de aforo, de que sea público, igualitario y sin la "iniciativa privada" ni el beneficio de por medio, dependerá el verano de muchos millones de personas. Esos millones de personas que no pueden elegir.

La batalla por la playa ha empezado. En nuestra costa quedaba un último reducto fuera del mercado, el más importante: La playa. No es solo una cuestión de medio ambiente, es una cuestión de clase.