Otras miradas

De héroes, princesas, sexismo y totalitarismo: qué es y cómo actúa el Observatorio de la Imagen de las Mujeres

María Jesús Ortiz

Periodista especializada en comunicación y género y responsable de la gestión del Observatorio de la Imagen de las Mujeres del Instituto de la Mujer desde 1999

Tras la polvareda levantada por la carta remitida desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres a la empresa Cuadriman, firmada por la actual directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, conviene aclarar algunas cosas. El Observatorio es una herramienta de sensibilización social, y de participación ciudadana, que gestiona el Instituto de la Mujer desde 1994 con el objetivo de contribuir a erradicar el sexismo.

El sexismo es el conjunto de actitudes y comportamientos que refuerzan y perpetúan la discriminación hacia las mujeres. Uno de los elementos que alimenta y sostiene este sexismo son los estereotipos de género, es decir, el conjunto de ideas profundamente arraigadas en el imaginario colectivo sobre las cualidades y capacidades naturales de las mujeres, en contraposición con las que definen a los hombres. Se convierten en el filtro por el que se prejuzga lo que a cada persona le corresponde hacer según su sexo.

Organizaciones tan alejadas del totalitarismo como Naciones Unidas, el Parlamento y el Consejo Europeo o el Consejo de Europa así lo reconocen y determinan. Por ejemplo, la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género del Parlamento Europeo, en su informe sobre el Impacto del marketing y la publicidad entre mujeres y hombres de 2008, considera que "los estereotipos de género encierran a las mujeres y a los hombres, a las chicas y a los chicos, en papeles predefinidos, artificiales y a menudo degradantes, humillantes y reductores para ambos sexos", que los estereotipos sexistas "pueden contribuir, desde los primeros años de socialización de los niños, a una discriminación por razón de género (…)", y que conviene "movilizar al conjunto de la sociedad para evitar que se reproduzcan", insistiendo en "la importancia de dar a las mujeres y a los hombres las mismas posibilidades de desarrollo como individuos independientemente de su género".

Por su parte, el Consejo de Europa, en la Recomendación del Comité de Ministros para prevenir y combatir el sexismo, aprobada en 2019, observa que "el sexismo está ampliamente extendido y que predomina en todos los sectores y sociedades", que se refuerza con los estereotipos de género y que está ligado a la violencia contra mujeres y niñas. En el video #StopSexism que ha divulgado explica que está en todas partes, "desde la infancia, animando a los chicos a correr, saltar y ser activos, mientras que las niñas deben socializar con un comportamiento pasivo, complaciente, propio de una señorita". O de una princesita, podríamos decir también. A través de los estereotipos de género niños y niñas aprenden cuáles deben ser sus expectativas vitales, qué se espera de ellos y de ellas, y cómo comportarse para satisfacer esas expectativas y obtener mayor reconocimiento de su entorno adulto, influye incluso en la elección de su posible futuro profesional. La realidad es que esos estereotipos, ese sexismo, condicionan el desarrollo personal de los y las menores.

El juego y los juguetes son parte de esa socialización. Se denuncia desde hace mucho tiempo, y de forma generalizada, que la oferta es sexista. En un análisis de anuncios de juguetes realizado en 2003 por el Observatorio de la Imagen de las Mujeres se observaba que en las categorías de muñecos/as y en la de productos relacionados con el entorno doméstico, que representaban en conjunto el 31,6% del total de productos, estos anuncios eran protagonizados solo por niñas en el 80,5% y en el 86,6% de los casos, respectivamente, y solo por niños en el 5,5% y el 0%; en las categorías de juguetes de acción-aventura y en la de vehículos (21% del total de productos) los porcentajes se invertían: el 91,6% y el 87,5% de los anuncios, respectivamente, los protagonizaban solo niños y las niñas el 8,3% de juegos de acción y aventuras y ninguno relativo a vehículos. Es decir, que casi en el 53% de los anuncios de juguetes que veían los y las menores se les estaba indicando claramente cuales debían ser sus opciones. En cuanto a los mensajes transmitidos en dichos anuncios, según el sexo de quienes los protagonizaban, en el 100% de los casos en que se hablaba de cuidados, belleza, estética, moda y mundos de princesas se dirigían a las niñas, y los mensajes de lucha contra el mal, de fuerza, de poder o de ganar iban dirigidos al 100% a los niños. Casi nunca se invita a estos a disfrutar con los cuidados y no se las invita a ellas a disfrutar con la acción y la aventura.

En los catálogos de juguetes la clasificación para niños y niñas ha sido sustituida por las de categorías de juguetes y edades. Los códigos de colores que decoran las secciones son más variados; aun así siguen siendo rosas o de tonos pálidos la mayoría de las relacionadas con la belleza, los cuidados, muñecos/as o productos de entorno doméstico. Las secciones de acción-aventura y de carácter bélico son predominantemente azules, color más asociado a los niños. El color es también un medio para transmitir una clasificación por sexos de los productos infantiles. Aunque los catálogos en su mayor parte ya no incluyen ilustraciones o fotografías complementarias, sino solo la imagen del objeto, la separación de juguetes por sexos se traslada a través de los empaquetados, con las mismas claves de colores, mensajes e imágenes de niños o de niñas, incluso a través de las figuras del propio juego.

En estos últimos años las cosas han mejorado ligeramente. La empresa Toy Planet, por ejemplo, ha editado varias veces un celebrado catálogo de sus juguetes rompiendo con los sesgos sexistas. Influjos de programas como el Master Chef infantil llevaron niños a la sección de cocinitas de los catálogos o series como Juego de Tronos inspiraron el diseño de algún juego de arco y flechas o ballesta para niñas en la de juegos bélicos, aunque, eso sí, con tonos rosas para que quedase claro que son para niñas. Audi, en 2016, emitió la campaña "La muñeca que eligió conducir", rompiendo con los estereotipos sobre juguetes para niño y niña. Y han irrumpido princesas que no se limitan a ser salvadas de los dragones y otros monstruos por el valiente y atractivo príncipe. Eso mostró la empresa de Galletas Príncipe en su campaña "El príncipe que llevan dentro", de 2017, en la que, durante una representación teatral infantil, la niña que interpreta a la princesa, aburrida de su papel pasivo, coge la espada y la coraza y aparta al príncipe que le está diciendo "tranquila, yo te salvaré", eximiéndole de su tarea con la simple frase: "no hace falta, príncipe, ya me encargo yo".

Pero estos casos son la excepción todavía. En el imaginario colectivo las princesas, con algunas variantes en los últimos años, siguen representando estereotipos femeninos: son bellas, amables, cariñosas, dulces, delicadas, dóciles, sumisas, y su preocupación principal es estar hermosas para los bailes donde esperan anhelantes encontrar al príncipe azul que llene sus vidas. Esto es lo que de forma sistemática la industria de productos infantiles ofrece a las niñas. Frente a esta oferta, la misma industria anima a los chicos a ser héroes, a vivir mil aventuras, a experimentar, y les ofrece retos físicos e intelectuales. ¿Por qué a las niñas se les insiste en ser princesas? ¿Por qué a los niños se les anima a ser luchadores, combatir, vencer…? ¿Por qué no abrimos el abanico y dejamos que niños y niñas manifiesten sus preferencias sin condicionamientos previos? Porque nos regimos por los estereotipos de género. No es malo que la sociedad invite a las niñas a ser princesas, lo discriminatorio es que solo las invite a ser princesas. Pedir esa diversidad no es totalitarismo, es fomentar la igualdad.

Este es el contexto en el que desde el Observatorio se remite una recomendación (que no es un oficio, ni un requerimiento, ni un apremio, ni una resolución) a una empresa de Madrid fabricante de placas de héroes y princesas para habitaciones infantiles. Un escrito con valoraciones y sugerencias, apelando a la responsabilidad social corporativa, no "presiona", ni "abronca", ni "reprende", ni "reprocha", ni es un "mensaje coercitivo". Todos esos términos destacados en diferentes titulares ignoran, no sé si intencionadamente, que la administración pública, cuando en el ejercicio de sus funciones tiene que actuar contra el incumplimiento de la legislación, simplemente sanciona o demanda. Y no es el caso de la comunicación dirigida a la empresa Cuadriman. ¿Cuál ha sido la sugerencia tan totalitaria y coactiva, a ojos de algunas personas, remitida a la empresa? Que no se clasifiquen las placas para niños y niñas, que valoren ofertar el mismo tipo de diseño a ambos sexos, para no incurrir en estereotipos de género

Entre 1995 y 2019 el Instituto de la Mujer ha recibido cerca de 17.000 quejas y, junto con otras actuaciones, ha remitido más de 1.100 cartas como esta que han firmado todas y cada una de las catorce directoras anteriores en ese tiempo. Con gobiernos del Partido Popular (en torno al 60 % de las cartas) y del Partido Socialista (el 40 % restante). Actuaciones siempre propuestas a cada dirección por el equipo técnico que valora los contenidos que puedan ser vejatorios con las mujeres o transmitan los estereotipos de género que refuerzan y perpetúan su discriminación.

El Consejo de Europa termina su video de sensibilización declarando que "estamos adoptando una postura firme contra el sexismo" y pregunta "¿Lo harás tú también?". Desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres se hace desde hace 26 años. Su actividad de sensibilización nada tiene que ver con un ejercicio totalitario de un cargo, tiene que ver con lo que determina la Ley de Igualdad entre Mujeres y Hombres en su Exposición de Motivos cuando recoge que "el logro de la igualdad real y efectiva en nuestra sociedad requiere no sólo del compromiso de los sujetos públicos, sino también de su promoción decidida en la órbita de las relaciones entre particulares".