Otras miradas

Un verano con "nueva normalidad"

Transeúntes con mascarillas en un centro comercial de la ciudad de Valencia. EFE/Kai Försterling

Es verano, un verano con "nueva normalidad". Detrás de las mascarillas no se ven las sonrisas. También es más fácil ocultar el dolor, el de los huecos de los que no están. El de sus familiares, y el de los muchos "solos" y "solas" que así han muerto.

No soy de misas públicas, tampoco de fiestas numerosas. En las primeras, mi comunión no necesita de intermediarios, y las no consagradas continúan doliendo, y lo hacen con tal intensidad que mis ojos no quieren callar.

Y en lo que asociamos a divertido, nunca lo he vivido con ese nombre: "fiestas". Ni paganas, ni cristianas, ni de guardar... El concepto de ellas, unido a las drogas, entre las que incluyo, por supuesto, al alcohol, es un virus que también mata.

Y a ellas, a nosotras, nos siguen matando "ellos-hombres", pero ni a los unos, ni a los otros, les parece una emergencia, y a algunos/as ni tan siquiera lo reconocen.

La "colada" se llama "intrafamiliar", y la otra barbaridad también utiliza la misma palabra: FAMILIA/S, pero haciendo mezclas, confundiendo esencias, utilizando los deseos adultos, pese los derechos infantiles.
Y como políticamente están en otros extremos, se creen ambos con el poder de decidirnos.

Algunas ya no os creemos, y nos repetimos hasta la desesperación.

¿Por qué los que tienen que tomar decisiones contundentes se lavan las manos, y no solo por la covid-19, escudándose en la "presunciones de inocencia" de ellos?

Es a ellas, (y sus hijos e hijas), a las que persiguen, a quienes someten vilmente, sin escrúpulos, desde la crueldad más sádica. Es a ellas, a nosotras, a quienes martiriza un sistema cómplice, y perversamente burocratizado.

Aún siguen abogados y abogadas preguntando en las audiencias judiciales a las víctimas y familiares por qué no denunciaron antes, o si ella lo provocó, aunque estas cuestiones estén en contra del derecho de la víctima.

Paralemamente a la realidad de los juzgados, escuchamos y vemos campañas idílicas en los medios de comunicación, incluidas las vallas publicitarias con rostros de famosos, que dicen estar con ellas. Y repitiendo "DENUNCIA- NO ESTÁS SOLA"...

Continúan padres maltratadores, (lo mismo les da que además sean sus abusadores sexuales), teniendo derecho a visitas, a custodias compartidas o totales.

Porque para algunos desalmados el vínculo "paterno-filial" está por encima de la dignidad, la integridad, la salud, el riesgo, los Derechos Universales de la Infancia , e incluso la propia vida de los niños y las niñas.

Según la Ley de Violencia de Género los hijos e hijas de las víctimas del terrorismo machista son igualmente víctimas, entonces ¿Por qué hay jueces/juezas, o servicios sociales que lo ignoran? ¿Para qué existe una ley si no se aplica? ¿De qué ha servido el Convenio de Estambul si nos siguen matando, y continúan obligando a los menores a relacionarse con sus maltratadores, aunque los hayan agredido física, psicológica y sexualmente?

Eso sí, si la mujer lo calla, si le aterran las consecuencias de denunciar, si se siente indefensa, o no lo ve, víctima por lo general del mismo drama, se le culpa de omisión. Pero si hace lo contrario, se le aplica un síndrome inexistente llamado de alienación parental (SAP), basado en las teorías de un pedófilo.

Según la responsable de políticas de Infancia de Save the Children. "El SAP se ha instaurado como un espacio de impunidad para el abuso sexual", y como rotundamente afirma la psicóloga Sonia Vaccaro "Es un arma efectiva para ocultar el incesto, la violencia de género, continuar con el control y el maltrato a las madres, y usar a los hijos como un vehículo de la violencia vicaria".

Por la aplicación del SAP mujeres con nombre propio, como Irune Costumero, lleva 3 años sin ver a su hija. Y esa hija sin ella, sin su madre.

Imaginar tanto dolor, duele sin consuelo. Se la arrancó la Diputación Foral de Vizcaya, y aún no hay fecha de juicio, a pesar de que la Audiencia Provincial ha emitido tres autos firmes imputando a los máximos jefes del Servicio de Infancia.

¿Duermen sus Señorías? ¿Hacia dónde mira Fiscalía? Les pregunto si la teórica aplicación de la ley y los años de "hincar codos" para saberse artículos, les arrancó el verdadero sentido de su oficio: la justicia.

Me consta que hay a quienes "la toga" no les convierte en dioses soberbios, sino en humanos que buscan que hechos y verdad guarden relación, pero no son la mayoría. Y no lo serán mientras el patriarcado continúe presente como "el pan nuestro de cada día" en los juzgados, y en el resto de administraciones públicas y privadas.

Por respeto a un hombre, al que sí considero de justicia, y de bien, no diré su nombre, y solo añado que muchos y muchas como él, evitarían la terrible realidad de nuestros menores.

He visto fotografías de bebés, y de niñas utilizadas como juguetes sexuales. Eran "presuntos", eso sí, padres de bien.

Mientras no tengamos políticas contundentes contra la violencia a las mujeres, y esencialmente a los menores, seguiremos despertándonos con tragedias, o siendo parte de ellas.

Le pido a Dios cada mañana que exista, y al Jefe del Estado, a la reina Doña Letizia, al presidente de mi país, al vicepresidente, a la ministra de Igualdad, al de Justicia, a la oposición, y a todos los poderes judiciales, policiales que no sigan lavándose las manos, porque con cada mujer, y con cada niño y niña asesinada/os, maltratados y abusados, ellos son cómplices.

Ocupadísimos en hacer malabarismo transformista e inventando nuevos géneros, no solo pretenden negar la evidencia de nuestra genética, despreciando los siglos de lucha de las mujeres feministas por la igualdad, sino que además son utilizados por pedófilos, pederastas, puteros y proxenetas, todos contra la infancia, todos contra nosotras.

La Ley Orgánica de Protección que tanto urge, no puede dejar ni un mínimo de vacío legal contra aquello que les está sirviendo de apoyo a esos sectores criminales, con sus infiltrados en los grupos dominantes de poder, de todos los gremios. A veces con guante blanco, otras con mono de obra.

Señorías, señores, señoras, con su venia, no olviden que no hay "gel hidroalcohólico" que nos evite ser codelincuentes con las trágicas consecuencias del terrorismo de género.

No son anodinos titulares de los medios de comunicación que nos provocan acidez mientras tomamos nuestro café esquivando la mascarilla en este verano de "nueva normalidad". Es real, y no les ocurre a los otros.

PD: Mala noticia para Europa, y por supuesto para quienes en ella vivimos, la victoria de Donohoe, irlandés, adicto a los paraísos fiscales, apoyado por países que los tienen. No pierde solo Nadia Calviño, hemos perdido todas/os. No hay duda… de algunos barros, estos lodos.