Otras miradas

Las elecciones municipales francesas y los Ayuntamientos del Cambio en España

Pedro Santisteve

Exalcalde de Zaragoza y portavoz de Zaragoza en Común

El triunfo en las principales ciudades francesas de diversos movimientos municipalistas formados por organizaciones sociales y políticas que han acordado acudir juntas a los comicios nos lleva a constatar rasgos comunes con los llamados Ayuntamientos del Cambio en nuestro país; más allá de evidentes coincidencias en el nombre de las marcas utilizadas:, París En Común…

El auge de los populismos en Europa tras más de 20 años de globalización y de políticas  neoliberales ha traído consigo  la degradación de nuestros regímenes políticos cada vez menos democráticos y, en consonancia, unas élites políticas sumisas a los mandatos de los lobbies financieros con la consiguiente desigualdad al interior de nuestros pueblos.

Al tiempo que los "Estados del Bienestar" se desmontaban, la clase política ha permitido a los capitales que camparan a sus anchas por este mundo globalizado: rebajando los impuestos que gravaban  la riqueza (en el IRPF, el Patrimonio, Sociedades o las SICAV), haciendo la vista gorda a la elusión de impuestos (paraísos fiscales, tributación en otros territorios de la UE como Irlanda u Holanda)... La desregulación, en definitiva, en claro perjuicio de las poblaciones cada vez más empobrecidas, de sociedades cada vez más desiguales que mutan la naturaleza del Estado: de Estado del Bienestar a su papel  originario de Estado-Gendarme, más preocupado del control de sus poblaciones que del bienestar de su ciudadanía.

En este contexto surgió el 15-M y los movimientos muncipalistas que practicaron el llamado "asalto institucional" en nuestro país y también ahora en la Francia posterior a la lucha de los "Gilets jaunes". Un municipalismo que persigue un ideal de regeneración democrática, de conciencia común de que la democracia no es un régimen sino un inacabado proceso histórico que requiere el concurso de cada uno de nosotros/as, de que tomemos, en clara conciencia de ser ciudadanos/as libres, las riendas de nuestra propia vida. Ello supone incidir, en el día a día, en la vida de la "polis", en nuestro entorno de vida, social, cultural y urbano.

Este ideal democratizador viene parejo con un agotamiento de los sistemas políticos basados en la alternancia política, un bipartidismo que ha sido funcional en el tiempo al periodo neoliberal inaugurado en los años 80 (Thatcher, Reagan...) y que, en lo esencial, en las políticas económicas, se conjura una extraña coincidencia en fuerzas que se decían antagónicas pero que poco se diferenciaban cuando se trataba de privatizar, vender empresas públicas o por la ausencia de control público hacia las grandes obras o contratas. Una crisis de la socialdemocracia europea que tendrá que demostrar en la vida política real que está por asumir compromisos de defensa de lo público, de redistribución de la riqueza,  a la altura de las necesidades sociales, si no quiere  terminar despareciendo.

Otro elemento a destacar es la disposición a confluir, a sumar fuerzas. Ser conscientes de que ese capitalismo financiador que corre como un caballo desbocado hay que embridarlo, ponerlo como artificio humano que es, al servicio de la vida social, no a su destrucción. Para ello, era necesario que surgieran personas no identificables con los "viejos" gobernantes, con los "viejos" partidos, con aquellas personas y aparatos que han hecho de la política una profesión, prescindiendo de aquellos a quienes decían servir.

En estas elecciones francesas, como en la municipales españolas de 2015, personas "desconocidas" se han aupado al frente de los Ayuntamientos, pero también personas comprometidas en su respectivos ámbitos de lucha contra la desigualdad, el ecologismo, la precariedad laboral, etc. También hay que reseñar la existencia de un feminismo de clase, que pone el acento sobre quienes se descargan los cuidados de las personas mayores, de nuestros menores, en trabajos precarios, invisibles, clandestinos y casi esclavos: mujeres en su mayoría,  mujeres migrantes, mujeres racializadas. Estos movimientos incorporan un protagonismo de la mujer en el quehacer político ganado a pulso, provocando interesantes aprendizajes para los hombres, sobretodo cuestionando (en relaciones aparentemente iguales) nuestra tendencia al  paternalismo.

En el verano de 2019, fui invitado en Marsella a la Universidad de Verano de la "Francia Insumisa" cuyo Presidente es Jean-Luc Mélenchon, y pude vivir y compartir esos deseos de cambio: gentes diversas, en edades y procedencias, repensando otra forma de vivir, de relacionarnos entre nosotros y con las instituciones. Me consta que la experiencia española de los Ayuntamientos del Cambio estaba bien presente (la influencia europea de personas como Ada Colau es evidente). Creo que tanto ellos como nosotros nos mostrábamos sorprendidos de que el movimiento municipalista se hubiera manifestado antes en España que en un país como Francia, de donde nos viene la tradición de más de dos siglos en revueltas democráticas que cambiaron Europa.

Y una última reflexión: lo de "En Común" va más allá de construir juntos, de liderazgos horizontales, de escucharnos más antes de actuar. En Común hace referencia a esos "bienes comunales" que hace poco más de tres siglos eran considerados de todas las personas, vedados a la apropiación privada.

Y, aunque en aquella época estaban referidos a los montes, las tierras de cultivo,  los bosques, los arroyos..., se nos traslada una visión moderna que entronca con los movimientos "alterglobalizadores" de finales del siglo pasado (Porto Alegre, Gènova, Seattle….). Los movimientos que nos hablan de esos bienes comunes como aquellos de los que depende el sustento de la vida, los activos naturales como el aire, el agua, el suelo o la energía, hoy objeto de tremendas luchas en todo el planeta contra su apropiación privada, pero con evidentes repercusiones en el medio urbano. En Zaragoza, las luchas del agua y el Impuesto de Contaminación de las Aguas (ICA), la Estrategia de Calidad del Aire (la ECAZ 3.0), el derecho y la defensa del espacio público frente al "el urbanismo a la carta".

Junto a la defensa de esos bienes esenciales, que podríamos equiparar a los que llamamos en nuestro derecho como bienes de dominio público y por tanto no enajenables, se habla de nuevos Derechos Humanos: como el derecho al techo, a la vivienda, a la cultura, al control público de tus datos personales y privacidad.

Es una tarea ingente la de devolver a la humanidad el control sobre sus recursos, para que la vida y su reproducción social sea objeto del debido cuidado, algo que el ecofeminismo ha sabido plasmar en un programa de acción política radical como requieren los tiempos que vivimos. Para ello es necesario el concurso -sino puede ser de todos y todas-  de una inmensa mayoría social. Nos va en ello  nuestra supervivencia y la del planeta. El resultado de las Elecciones Municipales francesas nos anima a continuar en ese camino.