Otras miradas

Europa se juega seguir liderando la solidaridad global

Mónica Silvana González

Eurodiputada y miembro de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

Si algo diferencia a Europa de otras regiones en el mundo es la solidaridad, interna, pero fundamentalmente la externa. Una de las señas de identidad europea es su política de Cooperación Internacional, de Desarrollo y de Ayuda Humanitaria, o de partenariado como se impone últimamente.

Unos de los valores fundacionales de la Unión Europea están recogidos en el Título III Cooperación con Terceros Países y Ayuda Humanitaria, artículos 208 al 214 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).  La política de Cooperación Internacional y Ayuda Humanitaria, que nos permitió durante muchos años ser los mayores cooperantes del mundo, no solo por las cantidades económicas destinadas por la propia Unión, sino también, por la suma de esfuerzos de sus 27 Estados Miembros y el profesional trabajo de sus Agencias de Cooperación, en el caso de España, AECID y FIIAP. 

Pero en la actualidad, con la negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual 2021/2027 y el Fondo de Recuperación previsto, la actual situación cambiaria. La defensa de mantener los esfuerzos realizados hasta ahora no deberían obedecer solo a una cuestión de valores, sino de posicionamiento geoestratégico, si queremos ser un verdadero actor global, nuestra política exterior debe ser fuerte en Cooperación a través de alianzas de partenariado.

Las cuentas presentadas antes de la pandemia covid-19, aunque no satisfacían del todo eran aprobables desde el Parlamento y desde las entidades especializadas; pero esta semana saltaron todas las alarmas, tras la presentación del Proyecto de Conclusiones del Consejo Europeo (Caja de negociación) publicado por el Presidente del Consejo Charles Michel el 10 de julio de 2020 previo a la Cumbre del Consejo Europeo prevista para este fin de semana.  

La última propuesta está destinada a transferir los 5.000 millones de euros asignados para la Ayuda Humanitaria del Instrumento de Recuperación / UE de la Próxima Generación (NGEU) al Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional (NDICI, por sus siglas en inglés) que recibirá 15,5  mil millones de euros (véase el párrafo A15 del texto).  El cambio de enfoque, que se realizará a través de la nueva Garantía de Acción Exterior y el Fondo Europeo para el Desarrollo Sostenible (EFSD +) para apoyar las inversiones en los países socios, en particular en los Balcanes Occidentales, y África Subsahariana, cuando el epicentro de la pandemia está en Latinoamérica.  

La naturaleza de la asistencia brindada a través de NDICI sería diferente: garantías presupuestarias para préstamos bajo EFSD + en NDICI versus donaciones en el instrumento de ayuda humanitaria, como era hasta ahora. Sin embargo, el EFSD actual aún no ha arrojado resultados tangibles, y aún no se ha demostrado que cumpla con los derechos humanos, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la protección del clima y el medio ambiente, tal como vienen denunciando las organizaciones con idoneidad y honestidad demostrada. 

Durante la última década, los préstamos como parte de los desembolsos totales de Ayuda Oficial al Desarrollo (subvenciones) los países han aumentado a pesar de que la capacidad para absorber préstamos adicionales está disminuyendo, dado que en su mayoría están sobrendeudados.

Pero lo más importante y preocupante, es que, si el Consejo Europeo aprueba la propuesta en su forma actual, la financiación de la Ayuda Humanitaria se reduciría en un tercio en comparación con la propuesta revisada MFP publicada por la Comisión Europea en mayo. La Ayuda Humanitaria se limitará a los 9.700 millones de euros actualmente previstos en el Marco Financiero plurianual propuesto para 2021-2027.  Un nivel inferior al actual MFP 2014-2020, en un momento en que la UE enfrenta desafíos sin precedentes para enfrentar el impacto de COVID-19 en los países en desarrollo y afectados por la crisis, especialmente en América Latina, epicentro de la pandemia. En el contexto de una de las crisis humanitarias más graves, originada por el Covid-19 pero que se suma a los problemas preexistentes, con consecuencias socioeconómicas profundas y sin precedentes, especialmente en los países en desarrollo. 

Las necesidades humanitarias se han más que duplicado en el transcurso del Marco Financiero Plurianual actual, como bien lo afirma la ONU cifrando en más de 6800 mil millones las necesidades para el próximo año 2021. 

El impacto de la crisis climática y los desastres naturales junto con la falta de soluciones políticas han dado como resultado una situación dramática, creciendo inexorablemente las necesidades básicas.  

La pandemia de covid-19 incluso está revirtiendo el progreso logrado durante años de asistencia para el desarrollo, mostrando las carencias en los países supuestamente "graduados" con "rentas medias".  Lograr mayor financiación para la Ayuda Humanitaria, separada del NDICI, de recuperación y resiliencia podría ir directamente a ayudar a que miles los niños/as vuelvan a la escuela, se vacunen. En definitiva, a preparar a las comunidades para pandemias y otros desastres, y a apoyar redes de seguridad social, agua y saneamiento básicos. Lamentablemente, con las cantidades previstas en la propuesta actual, todo esto será inviables.

Como diputada miembro de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo no puedo estar más en contra de esta propuesta. Pido apoyo para lograr comprometer a la Presidencia Alemana y cambiar esta propuesta. A fin de garantizar los medios necesarios para la Ayuda Humanitaria de la UE, en el próximo período financiero de modo que sea posible abordar eficazmente los graves desafíos humanitarios en todo el mundo. Estamos a tiempo, nos jugamos mucho, no solo liderar la Solidaridad Internacional, convertirnos en un Actor Global, y continuar el legado de nuestros Padres Fundadores. ¡A por ello!