Otras miradas

Cuando la ciudad es la protagonista de la película

Marta de Miguel Zamora

Profesora de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad Rey Juan Carlos

Shutterstock / logoboom
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La historia del cine ha dejado terminologías y fenómenos sociales variopintos. Uno de ellos es el término anglosajón star system, un sistema publicitario y de producción en el que actores y actrices, por su propio atractivo personal, funcionan como reclamo para las películas que protagonizan.

Este modelo productivo, que fue una de las herramientas publicitarias para el cine de mediados de siglo XX, hoy en día solo sigue vigente a modo de secuela. Aunque los actores y actrices mantienen su imagen y siguen siendo un atractivo para los largometrajes, su poder de decisión en el proceso creativo y de producción está restringido.

Ahora bien, la tendencia de algunos directores y productores actuales para llamar la atención del espectador es filmar ciudades, a lo que se denomina space system.

Éranse una vez… Hollywood y Tarantino

Quentin Tarantino, en su película Érase una vez Hollywood (2019) pone en marcha ambos mecanismos. Por una parte, trabaja con dos actores reconocidos y de gran admiración pública, Brad Pitt y Leonardo DiCaprio. Y, por otra parte, rueda en el escenario ciudad de Los Ángeles.

La película cuenta un pasaje concreto de la historia real del Hollywood de los años 60. No solo no podría haberse narrado en otro lugar, sino que la ciudad condiciona los hechos que suceden.

Esta es una de las características principales del space system: que se basa en la ideación de un espacio fílmico desde el punto de vista visual (el decorado donde se desarrolla la historia), conceptual (la idea que de ese lugar se hace o ya tiene el espectador) y conductual (la historia es como es también por el lugar donde sucede). Este espacio creado representa al territorio desde perspectivas como el aspecto, la imagen, la cultura, los hábitos, el comportamientos de sus habitantes o la función productiva, entre otros.

La ciudad como protagonista

En el space system, la ciudad debe tomar un papel activo o protagonista en el trascurso de la narración. Deja de ser solo un escenario, lo que se consigue mostrando también su personalidad. Aquí entra en juego la representación de las identidades urbanas y del modo de vida de cada lugar. Es decir, la ciudad interviene en la narración a partir de sucesos ambientales propios de la zona o de la acción de sus habitantes, que son los representantes de su personalidad.

Este recurso, que se llevó al humor mediante el estereotipo extremo, es el que funcionó en películas como Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes.

Por tanto, el modelo del space system se apoya en el uso de los espacios, lugares o ciudades como elemento publicitario y como agente influyente en el proceso de producción, creación y distribución de largometrajes.

Woody Allen y sus ciudades

Además, engloba aspectos narrativos y empresariales del cine. No trata únicamente de buscar localidades para emplazar y financiar un proyecto. Va un poco más lejos, propone que el espacio urbano esté integrado y planificado desde la conceptualización del guión.

Es decir, que el punto de partida para un proyecto audiovisual requiere una localización concreta para comenzar la estrategia de producción de la obra. Lo ideal es que la historia surja de la propia localización y que esté adecuada a ella.

Así lo ha hecho Woody Allen en muchas ocasiones y ha creado una filmografía en la que el epicentro creativo son las ciudades en las que rueda y narra sus películas. Por ejemplo, rodó Match Point (2005) tras encontrar financiación en Inglaterra y tuvo que adaptar el guión para adecuar la historia al escenario urbano de Londres y sus alrededores.

Mucho más que marketing turístico

Con este método las películas no pierden su dimensión artística y no se convierten en una herramienta de marketing turístico, sino que el cine se pone al servicio de los territorios con sus herramientas comunicativas y creativas.

Tampoco la ciudad se mercantiliza de manera indiscriminada, sino que difunde y visibiliza su identidad social o su marca. Así, una creación que siga estas pautas utiliza el espacio urbano para crear una ficción de corte realista en la que el espectador se puede sentir inmerso a nivel cognitivo y emocional. Esto lo consiguió la serie Sexo en Nueva York, cuya última secuencia trata del amor propio y de cómo este se consigue en un determinado entorno, ya sea físico o social.

Las ciudades y sus ‘marcas’

El espacio urbano como recurso narrativo de las películas tiene un papel fundamental en la difusión cultural y patrimonial del territorio y genera imágenes, acciones e ideas por las que se reconocen los lugares y sus respectivos modos de vida. En este sentido, un espectador vive la experiencia urbana desde la propia sala de cine o conoce lugares sin moverse del sofá, lo que es en sí mismo un reclamo publicitario para cualquier largometraje.

La ciudad aporta al cine un valor cualitativo incalculable. Una película urbana amplía los márgenes del encuadre para construir historias abiertas y casi inmersivas que se generan en el espacio mental y emocional del espectador. La ciudad en el cine se expande de su territorio físico para ocupar y difundir un territorio conceptual, un relato vivo que impregna la experiencia del espectador.

El space system pone en alza el valor narrativo de los espacios, lugares o ciudades tanto por sus cualidades físicas, como por las sociales, culturales y funcionales. Es decir, utiliza la identidad de un territorio para crear productos o relatos a su alrededor. El espacio se convierte en un recurso artístico con gran potencial de creación de contenidos culturales. Y el cine en el mecanismo de difusión mediática de los relatos urbanos. Este engranaje entre cine y ciudad, durante los últimos años, es una de las opciones que garantizan la sostenibilidad creativa de la industria cinematográfica.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

The Conversation