Otras miradas

Lecciones de niña grande

La niña acriz Luna Fulgencio en el programa 'El Hormiguero'.
La niña acriz Luna Fulgencio en el programa 'El Hormiguero'.

Había una vez una niña actriz que se llama Luna Fulgencio. Tiene 9 años y ya ha trabajado en cuatro series de éxito, en dos cortometrajes y en las dos últimas películas de Santiago Segura y, sin embargo, quiere seguir siendo niña.

El miércoles pasado la invitaron a un programa de televisión muy exitoso, que, además, le gusta mucho a los niños, porque tiene unas marionetas que son muy graciosas y hacen concursos y pruebas difíciles y fantasiosas y el presentador también intenta generar risas. Eso dicen ellos, sus guionistas y los estudios de audiencias.

Lo curioso es que en ese programa, con las mujeres, los chistes siempre van por el mismo sitio y con Luna, a pesar de ser solo una niña, confirmaron esta regla sexista.

El presentador, Pablo Motos, ya ha incomodado a muchas mujeres en las 14 temporadas que lleva y en las redes se acumulan listas y vídeos que lo acreditan y lo vuelven a acreditar. Esta vez ella encontró la tecla con la que dejarle en evidencia sin romper el clima. Pasen y vean, estos 38 segundos de oro televisivo.

Aquí va la transcripción de la conversación,  a cámara lenta:

–Pablo Motos a Luna:  ¿Te tengo que decir una cosa…?

–Santiago Segura a Luna, interrumpiendo a Motos:  Luna, no te vayas con ningún torero, que tú no tienes veinte años.

–Nooooo, dice ella, riéndole la gracia con gracia a su director, aunque no esté muy claro si entiende o no el chiste.

Vuelve Motos al ataque:

– ¿Hay algún chico así que te guste o algún famoso que te guste?

Como ella no contesta inmediatamente, el presentador le sopla, por lo bajini: ¿Antonio Banderas?, ¿Mario Casas?. Éste último coreado con Segura al unísono.

–Pues no sé, dice nuestra heroína y resuelve la incógnita:  Blanca Suárez.

A lo que contesta Motos, regañándola como por reflejo:

–Pero, bueno;  ¡te gusta como actriz?

–Sí, sí, sí, sí, contesta Luna y añade sorprendida:  ¡Ah!, se refería a… Y no termina la frase. Con el descubrimiento reciente de la insinuación en la cara, remata en un tono neutro fascinante:  ¡Ah! Pues no. Diciendo sin decir, pero si fuera que sí, ¿dónde estaría el problema?

Pero Motos no se queda contento con este primer zasca que le encaja nuestra protagonista e insiste:

–¿No tienes novio ni nada? ¿Ni se te…?

Luna no le deja terminar la frase y le dice que no de palabra, con la cabeza y con toda ella entera. Y para terminar de tumbar al que vino a por más, declara contenta de tenerlo tan cristalino, de ver con tanta claridad lo que ese señor no sabe siendo tan sencillo:  ¡que tengo nueve años no tengo 26!, sentencia risueña. Y ahí el público la ovaciona y hasta Motos aplaude su propio ridículo.

Viendo el vídeo siguen dando ganas de aplaudir en pie a esta niña y las preguntas surgen seguidas:

  • ¿Por qué sexualizar a los niños preguntándoles a corta edad si tienen novio o si algún famoso "les gusta"?
  • ¿Por qué hacer chistes a las niñas sobre si irse o no con toreros?
  • ¿Por qué heteronormativizar de esa manera y negar la posibilidad de que sea Blanca Suárez la famosa que "le gusta"?
  • ¿Por qué seguir tirando de un hilo imposible cuando ella niega y niega, de arriba abajo, al darse cuenta de lo que, en realidad, le están preguntando?
  • ¿Por qué llevarla a tener que recordarle lo obvio:  que solo es una niña?

Y esto ha ocurrido la misma semana en que Amazon ha tenido que retirar en España la venta de muñecas eróticas con forma de medio cuerpo de niñas;  la misma semana en la que se ha publicado un informe de la Fiscalía que denuncia el incremento exponencial de las agresiones sexuales de menores (sobre menores y cometidas por ellos mismos);  la misma semana que en España se publica  el libro de Vanessa Springora, titulado El consentimiento, en el que relata su relación cuando tenía trece años con el escritor Gabriel Matzneff de 51. Su diagnóstico es elocuente:  Ceguera social ante la pederastia.

Y con esto no estoy llamando pederasta a Pablo Motos ni a Santiago Segura. Estoy señalando que no parecen conscientes de que con la sexualización de los niños hay un problema;  ni tampoco de que hay personas –niños, en este caso– que no funcionan según las reglas que ellos creen universales, esas que les conviene universalizar porque son las que ellos manejan, de las que ellos viven. Es precioso ver en escenas como esta, cómo se les aparecen las que se les escapan, cómo les hacen pedorretas sin inmutarse, desde dos o tres metros, desde la distancia segura.