Otras miradas

Ginsburg, la convicción del feminismo

Luis Moreno

Profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Un retrato de la difunta juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, fallecida el pasado fin de semana, en una vigilia en Monument Square, en Portland (Maine, EEUU). REUTERS/Elizabeth Frantz
Un retrato de la difunta juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, fallecida el pasado fin de semana, en una vigilia en Monument Square, en Portland (Maine, EEUU). REUTERS/Elizabeth Frantz

Nos ha dejado Ruth Bader Ginsburg. Sus contribuciones por hacer avanzar las causas del feminismo y la justicia social en los EEUU han sido admirables. A lo largo de su dilatada carrera pugnó como jurista y magistrada por avanzar la vieja aspiración de Thomas Jefferson de que todos los humanos son creados iguales.

Cuando Sandra Day O’Connor se apartó de la Corte Supremo en 2006, la jueza Ginsburg permaneció como la única mujer en la Corte Suprema, tras su nombramiento en 1993. La jurista nacida en Brooklyn en el seno de una modesta familia judía, ha sido un icono en la lucha por la igualdad legal de género. Y lo hizo en un tribunal compuesto de presidente y ocho miembros que, en los últimos tiempos, han flirteado con la tendencia conservadora de la política estadounidense. En el pasado no siempre fue así. Sus decisiones han sido en ocasiones decisivas en el enjuiciamiento de causas que han conformado de un modo progresista la cultura cívica y política de los estadounidenses. Pese a la singularidad en el nombramiento de sus miembros (elegidos con el consentimiento del Senado a propuesta de la Presidencia y con mandato vitalicio), la Corte Suprema ha encarnado como tribunal de mayor rango un poder determinante, por ejemplo, en el avance de los derechos civiles y en sancionar leyes emblemáticas como la que amparaba y despenalizaba el derecho al aborto (Roe v. Wade).

Quizá se presta una menor atención a la crucial importancia que la US Supreme Court posee en el entramado institucional de los EEUU. Como ya observó Alexis de Tocqueville, el funcionamiento de los checks-and- balances (controles-y-contrapesos), fundamento institucional de la república federal norteamericana, trataba de proteger a la sociedad no solo contra la opresión de sus gobernantes, sino también de unas partes de la sociedad contra las injusticias cometidas por otras partes.

En la lucha de la opresión de los más vulnerables y, en especial, en el papel subordinado de las mujeres en los EEUU, la jueza Ginsburg destacó en singulares procesos judiciales e iniciativas cívicas como la fundación en 1972 de la sección de derechos de la mujer en la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Desde esa plataforma batalló incansablemente para la igualdad plena entre hombres y mujeres. Fue coordinadora de seis de los más destacados casos ante la Corte Suprema de Estados Unidos, cinco de los cuales prosperaron según sus argumentos y expectativas. Utilizó efectivamente el dictamen previo de la propia Supreme Court de que tratar a una mujer de forma diferente a un hombre violaba la Constitución y era ilegal (Reed v. Reed).

Además de la fuerza de su convicción feminista, Ruth votó en contra de la pena de muerte y a favor de los derechos de los homosexuales. Respecto a la pena capital cuestionó, por ejemplo, la evidencia de la falta de simetría territorial en la ejecución de las sentencias. Así, si eras un afroamericano y cometías un delito en un condado de Luisiana las probabilidades que te sentenciaran a muerte eran altas, mientras si lo perpetrabas en Minnesota la pena capital era una posibilidad prácticamente inexistente.

Abanderada de los derechos de los colectivos LGBTQ, apoyó las sentencias que rechazaban la Enmienda 2 anti-gay de Colorado. El caso del Amendment 2 aprobado en 1992 en Colorado, atrajo un gran interés público (Romer v. Evans). La norma prohibía en ese estado la aprobación de leyes de las que podrían beneficiarse minorías por su orientación sexual, en los sistemas de cuotas por discriminación positiva (affirmative action). La opinión pública gay y lésbica reaccionó a la Enmienda 2 con un boicot a Colorado, tras las ordenanzas antidiscriminación que se habían aprobado en Aspen, Denver y Boulder. El conflicto finalizó cuando la Corte Suprema de EEUU anuló la ley en 1996, época en la que el redactor de estas líneas residía en aquellas tierras de las Montañas Rocosas.

Respecto al caso Lawrence v. Texas en 2003, y otras leyes que criminalizaban la sodomía en el estado tejano, la Corte Suprema con la activa intervención de la jueza Ginsburg estableció que se había interpretado demasiado estrechamente el interés de la libertad. La mayoría consideró que las prácticas sexuales consentidas formaban parte de la libertad protegida por el por la Decimocuarta Enmienda de la constitución estadounidense. La sentencia conllevó la anulación de todas las leyes similares existentes en EEUU, incluidos aquellos estados que penalizaban las prácticas homosexuales consentidas realizadas en privado.

Para aquellos lectores que puedan tener acceso, es altamente recomendable e instructiva la visión del documental RBG. La impronta de la jueza Ginsburg debe revitalizarse en estos insidiosos tiempos de populismo chabacano y pretendida vuelta a los valores del ‘ordeno-y-mando’ patriarcal y machista.

Requiescat in pace, Ruth Bader Ginsburg.