Otras miradas

¿De quién es la culpa? ¿De la política o la ciudadanía?

Una calle desértica del barrio madrileño de Alcobendas. EFE/Patricia Cristóbal
Una calle desértica del barrio madrileño de Alcobendas. EFE/Patricia Cristóbal

Si esto fuera una situación cómica podrían responder con aquello de la culpa fue del chachachá. El problema es que no estamos para canciones porque hay muertos bajo tierra e infectados llenando UCIS. De forma habitual se interpela a la ciudadanía como parte responsable de los contagios de la Covid, con habituales reportajes de cámara oculta observando imprudencias como no llevar la mascarilla bien puesta. Lo interesante podría ser que también hubiera cámaras ocultas en esas reuniones privadas de algunos políticos, y ver el porqué de determinadas decisiones. Por partes:

  1. Que España sea en la segunda ola el país líder en contagios en Europa y Madrid la comunidad más afectada no es por mala suerte. Es una mala gestión. ¿El principal problema? Según los expertos y expertas, la rapidez de la desescalada. Recordemos que, por ejemplo, en Madrid se hizo una desescalada sin que la capital cumpliera ninguna de las medidas de las fases acordadas para el resto de comunidades. Ella iba por libre. Tanto, que Ayuso llevó al Gobierno a los tribunales por no permitirle pasar a Fase 1. Eso a pesar de que la OMS determinó normas claras para la desescalada: mejoría de atención primaria y rastreadores. Madrid y algunas otras comunidades pensaron que esto era desproporcionado hasta que vino la nueva ola (que se sabía que podría volver) y las arrasó.
  2. Tirarnos en plancha en la desescalada tuvo mucho que ver con las presiones de empresarios y porque venía el turismo. Ya sabemos que España es muy plan Bienvenido, míster Marshall. Después del esfuerzo de meses cerrados todo se tiró por la borda porque esa desescalada sin apenas controles ni normas (por ejemplo, Italia cerró discotecas) provocó una relajación brutal, como si no pasara nada y la pandemia se hubiese ido. No habrá economía hasta que la salud esté controlada y mientras no haya vacuna esas medidas dependen de las administraciones públicas. Porque al final, si buscas solo el dinero y aumenta la epidemia pasan dos cosas: con el miedo al contagio no vienen turistas, las empresas y negocios tienen que cerrar y aumentas el gasto en una sanidad ya de por sí saturada. Las cuentas no salen y el resultado es nefasto.
  3. Esos reportajes de cámara oculta de si la gente usa mascarilla en barrios del sur de Madrid (por estigmatizar más aún) quizás tienen una explicación. No solo en el error de la OMS de decir desde el principio "mascarillas no" bajo la excusa de que no era preciso cuando el problema es que no había producción para atender a todos los países del mundo. Una vez reconocido el error por parte de la OMS hemos tenido el mismo problema en la desescalada, acompañada de manifestaciones antimascarillas. Y el error ha sido que no todas las comunidades las implantaron obligatorias a la misma vez. De hecho, Madrid fue la última en admitirla. A ver si eso tiene que ver con que una parte de la ciudadanía se haya relajado en algunos momentos con ella, además de que apenas hayan existido campañas públicas de concienciación.
  4. Spain is different. Y lo ha sido hasta en plena pandemia cuando la nefasta oposición ha ocupado artículos de la prensa internacional siendo cuestionada por no estar a la altura de las circunstancias. Aquellos países que mostraron unión política tuvieron mejores resultados, mientras aquí teníamos partidos de oposición que se pasaban las sesiones parlamentarias acusando solo a un 8M judicializado en plena pandemia y diciendo que el Gobierno, con el estado de alarma, era "dictatorial". Aquí las primeras quejas ya empezaron en la tercera prórroga.  En Italia sigue el Estado de emergencia, lo que ha permitido gobernar por decreto al Gobierno, sin pasar por el Parlamento, sin que en Italia se haya visto eso como una dictadura. Solo hay que ver a fecha de hoy los resultados de los dos países. Una determinada parte de la gestión autonómica tiró por la borda el esfuerzo que hicimos de estar confinados. La gente ya está cansada de mentiras. No puedes decir que harás Pcrs a todos los contactos para quedar bien en rueda de prensa y hacerte la foto, y unas semanas después decir que no harás pcrs a contactos de una persona contagiada. Eso es el descontrol.
  5. Luego tenemos algunas contradicciones que los diferentes gobiernos deberían responder a estas alturas, dado que choca frontalmente con estudios científicos. No se puede exigir distancia social siempre pero luego da igual en los medios de transporte, metro o cercanías. No se puede decir jardines no, pero sí espacios cerrados al 50% o poder ir a casinos. Estas contradicciones producen una pérdida de autoridad no sólo del político sino de la ciencia y de las normas. Porque las normas deben ser para todos los espacios, no para unos sí (donde se hace caja) y para otros no (espacios gratuitos). Nueva York no abrió restaurantes hasta esta semana al 25%, y no ha cerrado los parques. Miren sus resultados y los nuestros.
  6. Junto a toda esta cadena de errores queda el más grave. Si a pesar de cumplir las normas, de llevar mascarilla o de lavarnos las manos… cuando necesitas saber si tienes la Covid, no tienes rastreadores, ni atención primaria ni PCRs y laboratorios saturados que tardan día en tener los resultados… ¿qué culpa tiene ahí la ciudadanía? La ciudadanía no puede estar solo para mantener la economía, consumir y trabajar, sino que necesita también claridad y acción sanitaria o es exponerlos. Prevenir siempre es más barato que curar. Siempre. Por eso, cuando ahora titulan cuánto perderá económicamente Madrid confinada, la pregunta real debía de ser cuántas muertes se evitan. Es decir, para estos economistas, ¿cuántas vidas son demasiadas para salvar? ¿Calculan que con PCRs y rastreadores desde la desescalada hubiese salido mucho más barato? ¿Saben que no solo hay que costear la atención inmediata, sino que después la Covid puede dejar secuelas como enfermedades crónicas? ¿Saben que el coste sanitario sería menor? ¿Saben que el impacto económico en el turismo también sería menor? Porque el peligro no es tanto los que vengan a Madrid por Barajas, sino que no quiera venir nadie sabiendo que somos el país con más contagios. El confinamiento es el último remedio cuando antes todo se hace mal. Estaría bien que esos economistas, la próxima vez, hablen antes, cuando no hay inversión (que no coste) en prevención y vamos camino del desastre sanitario y económico.

Mientras todo esto pasa hay gente que sigue sin saber si está enferma, otros tienen operaciones suspendidas, otras piensan qué poner mañana de comer, otras esperan la bolsa de alimentos que le dan en el barrio, otros piensan si su empresa cerrará, otras piensan con quién dejar el niño si se pone malo, otro piensa que cómo va a ir al médico para su enfermedad crónica si tiene lista de espera de 15 días, otro piensa que quizás lleva ya reutilizando mucho la mascarilla porque no le llega… La ciudadanía se empeña en cumplir, pero si luego la gestión política no está, esto se rompe. Y aquí ya está demasiado roto.