Otras miradas

Salvar Madrid

José Haro

Activista. Estuvo en Ahora Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid en la legislatura 2015-2019

¿Alguien en la sala (o fuera de ella) que no dé por supuesta una nueva derrota electoral de la izquierda o progresista en Madrid en 2023? Desde luego el panorama no pinta bien y mira que la derecha lo está poniendo fácil.

Madrid sufre desde hace tiempo un fracaso social, político y económico provocado por la ineficaz acción de su gobierno, aspecto ahora amplificado y llevado a límites delirantes por su negligente gestión de la emergencia sanitaria que nos asola. El COVID-19 no ha sido sino la puntilla a una situación que venía ya siendo insostenible. Crisis y desigualdad son el pan nuestro de cada día. Un presente dramático al que acompaña un futuro incierto, carente de soluciones plausibles, claras y cercanas en el tiempo. Se utiliza el término "fallido" para describir un Estado soberano que, se considera, ha perdido el control del territorio, ha fallado en la garantía de servicios básicos y es incapaz de interactuar y coordinar con otros que pueden prestarle ayuda. Madrid es una Comunidad Autónoma fallida.

A pesar de ello, ¿volvería la suma de PP, Cs y Vox a ganar en la siguiente cita electoral? Todo apunta a que sí, y no porque, como suela decirse, Madrid sea de derechas. Lo lograrían porque, al contrario que sus oponentes, ellos sí se reconocen como bloque e impulsan sus políticas sin complejos. Bajada de impuestos, descapitalización de lo público, privatizaciones, liberalización del suelo… Sus políticas neoliberales son de manual. Avivan conscientemente un modelo de sociedad que genera desigualdad estructural y pone la vida al servicio del capital, atacando a los derechos ciudadanos convirtiendo su ejercicio en un privilegio y su cobertura en mera caridad, aumentando la dualidad social a medida que medran los discursos de odio y discriminación, ahondando en un modelo que acepta el paso de los ya actuales y normalizados modos de vida en precariedad a cuotas inasumibles de exclusión social.

En tanto y salvo en puntuales excepciones, la oposición en Madrid brilla por su ausencia. Cautiva y desarmada es incapaz de plantar batalla y dar la guerra necesaria para revertir la situación. Intenta sobrevivir sobre consensos en vez de crecer y avanzar a partir del conflicto, algo básico en política. Perdidas en su propio laberinto, las fuerzas de izquierda o progresistas no encuentran las salidas. ¿Qué se lo impide? Sus propias limitaciones. No se trata tanto de su falta de voluntad como de su insuficiente credibilidad a la hora de presentarse como alternativa real.

¿Asumimos esta realidad como inamovible de forma abnegada? Hay quien lo hace, pero para quienes la respuesta sea no, la siguiente pregunta es ¿qué hacer? Todo pasa por recomponer el espectro político de izquierda o progresista en Madrid y la ubicación de sus coordenadas programáticas.

Avanzar juntas

Ninguna de las fuerzas políticas actuales podrá ganar Madrid por separado. Para tener opciones en el siguiente ciclo electoral, la responsabilidad política obliga a anticipar algo distinto.

AFP
AFP

Muerto y enterrado el bipartidismo y el tiempo de las mayorías absolutas monocolor, con el arco parlamentario abierto a partidos inexistentes hace pocos años, vivimos una etapa política que obliga a caminar junto a otros partidos políticos. Algo que las fuerzas políticas de izquierda o progresistas en Madrid no parecen haber comprendido, mucho menos adoptado decisiones en consecuencia.

No se trata de presentarse juntas y replicar confluencias pasadas, la nostalgia en política es sólo útil para la retórica y las condiciones actuales son otras. Verter conciencia allá donde se niega la existencia de heridas y acompañar su sanación allá donde ahora habitan la soberbia y el reproche, serán hitos por superar para quienes su trayectoria venga de lejos. Pero, la evaluación debe escapar del mero revisionismo y preñarse de perspectivas de futuro, porque la posibilidad de configurar un frente amplio precisa de la apertura al diálogo con más fuerzas de las apeladas anteriormente.

Se trata de concurrir de forma coordinada para tener opciones de cuestionar y disputar la hegemonía cultural, económica, social y política de Madrid. Tender puentes y generar un espacio de entendimiento entre los principales partidos (Unidas Podemos, Más Madrid y PSM) pero también con organizaciones, movimientos y referencias morales de izquierdas o progresistas en Madrid es algo ineludible, necesario y deseable. La generación de ese espacio de reflexión y debate permitiría considerarse un todo amplio, diverso e incluyente capaz de plantar cara al bloque de derechas. Responsabilidad y generosidad deben volver a cobrar sentido político.

Un horizonte programático

Organizarse para quejarse y gritar no es suficiente. Hay que intentar que la negatividad sea el punto de partida y no un lugar permanente. El grito, en su cuestionamiento de lo que existe, debe proyectar la idea de lo que podría existir en su lugar. Dicho de otro modo, echar a la derecha de las instituciones es importante en sí mismo pero insuficiente en términos de enunciación de una propuesta que se propone como su alternativa, más cuando, con más o menos edulcorante, la pertinencia de su propuesta es en muchos casos igual o similar a la que ofrece su oponente.

Fijarse un horizonte común y que la ciudadanía entienda que quienes se presentan aliados como alternativa a lo que hay tiene posibilidades reales de lograr su objetivo, debe suponer en paralelo generar una expectativa igual de real de transformar las protervas condiciones de vida de dicha ciudadanía.

Será por tanto necesario acordar una hoja de ruta compartida, consensuada y de referencia para la totalidad de la composición del espectro político apelado que, de forma participada, tenga por objeto lograr un acuerdo programático en al menos una serie de medidas principales cuya pertinencia decante en una movilización de afectos que será elemento determinante.

El reto debe ser transformar un modelo de sociedad que genera injusticias y desigualdades. Ello implica la reversión urgente del modelo económico que las produce y reproduce, poner a las personas en el centro de las políticas públicas, impulsar medidas que contribuyan a la redistribución de los recursos y el equilibrio de rentas y territorios, y virar hacia la concepción de una nueva institucionalidad democrática que sitúe en la agenda política, entre otras, las lógicas feministas, ecologistas y de cuidados.

Conjura por Madrid

Puede parecer que lo que se propone es de ciencia-ficción, una odisea en el espacio político madrileño. Bien, pues tomen nota o asuman que la posibilidad de la victoria electoral en Madrid en 2023 (si no antes) también será catalogada en el mismo género. Abordar tamaña empresa no es algo que pueda esperar a la cocina rápida de los últimos meses preelectorales. O se empieza ya o vayamos preparándonos para digerir otra derrota más que, por supuesto, asegurará algunos sillones, pero no el cambio necesario y deseado en Madrid.

No será fácil ponerse de acuerdo, habrá mucho que tratar y concretar, también que ceder, pero el debate político no debe ser objeto de esquivo. Sólo la confrontación de ideas y argumentos enriquece propuestas, acuerdos y acciones compartidas. Su ausencia conduce a posiciones enrocadas, interesadas, particulares, es antidemocrática, desaprovecha la inteligencia colectiva, refuerza planteamientos de verticalidad estructural y abre la puerta a la pérdida de control de cargos e instituciones. Si este repensarse no se articula formalmente, el debate se dará en todo caso, probablemente de forma indeseada y con consecuencias imprevisibles, con pactos entre aparatos y opacos acuerdos de despacho.

Madrid necesita una conjura, no seguir siendo una moneda de cambio. La situación no es insalvable, siempre y cuando el asunto se encare con la suficiente voluntad, firmeza de hipótesis, claridad en el procedimiento y margen temporal.

Habrá quien piense que con la que está cayendo no es el momento de pensar en esto. Pero la democracia es lo que tiene, los comicios son la única forma de alcanzar las instituciones. Hacerlo es una obligación o, más temprano que tarde, la derecha hará que lo público y común en Madrid termine de ser desmantelado y destruido dejando en su lugar sólo un erial infecto.

No podemos seguir permitiendo tanto expolio y quebranto, tanta vida en el alambre sin red ni asideros, rodeada de incertidumbre y con el vacío como única perspectiva. Cada vez más cerca del suelo que del cielo, Madrid languidece y nos duele. En nuestra mano está intentar rescatarla trazando una línea de fuga en la que converger y entenderse. Por y a pesar de todo, por la vida que nos merecemos y no a la que nos condenan, Salvar Madrid.