Otras miradas

Consecuencias del sistema electoral de EEUU. La especial trascendencia de los grupos de presión

Juan Magín San Segundo Manuel

Técnico Superior de la Administración y profesor de Derecho constitucional en la UCM. Ha publicado ‘El sistema electoral: una reforma obligada’

Carteles de las elecciones presidenciales en EEUU, en la localida de Largo (Florida, EEUU). REUTERS/Octavio Jones
Carteles de las elecciones presidenciales en EEUU, en la localida de Largo (Florida, EEUU). REUTERS/Octavio Jones

El modelo electoral estadounidense pertenece a los sistemas mayoritarios, y dentro de ellos, al más utilizado, el mayoritario uninominal, según el cual en cada distrito sólo se consigue un representante, el que más votos obtiene, desperdiciándose todos los demás votos. La práctica enseña que los modelos electorales tienen repercusión sobre el sistema político y por ende también en la sociedad.

¿Cuál es el origen de las modalidades de voto censitario, indirecto o mayoritario? Los revolucionarios liberales tenían sus intereses como clase burguesa, y a finales del s. XVIII y durante el XIX, en una sociedad tan clasista, eran una pequeña minoría por lo cual temían al voto de la clase trabajadora, ya que las condiciones tan durísimas en las que vivía, la concentración del proletariado en los núcleos industriales y en los suburbios, así como la fuerte red familiar-social, harían que su voto estuviera muy determinado por la pertenencia a su clase social. Ello condujo a que se distorsionara totalmente la representatividad para favorecer a los sectores dominantes, especialmente a los propietarios. Sin embargo, tal igualdad del valor del voto es requisito imprescindible del principio democrático, y así está reiterado en buena parte del Derecho constitucional e internacional. Aunque prácticamente en realidad sólo los países con una democracia de calidad lo aplican en su integridad.

Hay que entender que la lucha por el derecho al voto igual y sin restricciones viene siendo larga; permitió conseguir en todo el Estado federal el voto de la mujer en 1920, frente a un antisufragismo bien financiado que, entre sus motivaciones, argüía que las mujeres no estaban cualificadas para ejercerlo, y hasta 1965 no se conseguiría extender realmente a todos los Estados el voto de los negros, aunque formalmente se había adoptado un siglo antes, tras la Guerra civil. No obstante, esta lucha no ha concluido, sigue teniendo relevancia, pues junto a la citada falta de representatividad, se restringe el voto a millones de personas mediante ciertos requisitos, como la exigencia de registrarse previamente, limitando la participación especialmente a los más pobres y a las importantes minorías étnicas (afroamericana y latina); la prohibición que han hecho algunos Estados a los convictos (que en EE.UU. son millones); o la exigencia específica de datos relativos al domicilio, que también supone limitaciones, especialmente a la población indígena nativa.

Tiene interés además resaltar algunos rasgos del funcionamiento político y electoral estadounidense.

El tipo de elección de la Cámara de Representantes es el mayoritario uninominal, lo que implica una clara ventaja: la estabilidad. Así pues, todo el territorio se divide en distritos de igual tamaño y por cada uno se elige a un miembro, el que más votos obtiene, desperdiciándose todos los demás; al tener los distritos un número casi idéntico de electores hay una exactaigualdad formal del valor del voto, lo que concuerda con las exigencias del Derecho internacional y el constitucional más avanzado para las cámaras bajas. El mantenimiento de esa igualdad matemática requiere que se vayan variando los límites de las circunscripciones para adaptarse a los cambios demográficos, sin embargo da lugar a la práctica del Gerrymandering, consistente en que quienes tienen el poder manipulen los distritos, uniéndolos, dividiéndolos o alterando sus límites, con el objeto de que el partido adversario gane en los mínimos distritos posibles con gran diferencia de votos (desperdiciados) y en cambio ellos se garanticen la victoria en el mayor número posible de distritos, sin que les sobren muchos votos (desperdiciados). Esta actuación, que se distancia de la debida igualdad y neutralidad institucional, reflejando un partidismo arbitrario, ha acarreado críticas fundadas y distanciamiento de la sociedad. Es obvio que tales modificaciones deberían hacerse mediante comisiones independientes (como se hace, por ejemplo, en la elección del jurado por sorteo) pues así, por mera estadística, no se coparían por miembros de un partido quienes están totalmente determinados por su ideología e intereses.

  1. Los miembros del Senado son elegidos por los Estados, dos representantes por cada Estado, con independencia del número de electores de cada uno, por lo que el voto es tremendamente desigual. Bien es verdad que, desde la perspectiva jurídica, en las Cámaras altas hay menor rigor en cuanto a alejarse de la igualdad.
  2. Cabe recordar que en el presidencialismo, el Jefe de Estado y de Gobierno es elegido, por el pueblo, sin depender de la confianza parlamentaria (a diferencia del parlamentarismo). En EE.UU. la elección del Presidente es indirecta: los ciudadanos de cada uno de los 50 distritos que se corresponden a cada Estado votan a los 538 miembros del Colegio electoral, órgano que a su vez elegirá al presidente. Al utilizarse un sistema mayoritario el partido que gana en cada distrito se lleva todos los representantes, pero además el sistema adolece de desigualdad, por ser muy distinto el peso del voto en cada Estado. Esta desigualdad puede llegar a cambiar el resultado electoral, sin aportar ventaja alguna, siendo injusto y contrario al mejor Derecho. Así, en cinco ocasiones ha sido elegido Presidente quien no gana en número de votos de la ciudadanía, al obtener el mayor número de miembros en el Colegio Electoral, elegidos por los representantes de los Estados. Tenemos los ejemplos más recientes en las elecciones celebradas en 2000, ganadas por los republicanos liderados por GeorgeBush, frente a los demócratas, encabezados por Al Gore, a pesar de que este lo había superado en más de medio millón de votos. Lo mismo aconteció en las elecciones de 2016, en las que mientras Hillary Clinton ganó a Donald Trump por casi tres millones de votos, sería este último quien obtendría la Presidencia. Estos hechos que acontecen con un sistema mayoritario y/o desigual polariza y daña gravemente el aspecto que más dota de legitimidad a los sistemas políticos dominantes: la elección democrática de nuestros gobernantes.
  3. Tales alteraciones de la igualdad, que han potenciado el tradicional bipartidismo, tienen determinadas consecuencias negativas. Así, los intentos de construir un partido, no pueden consolidarse dada la penalización tan fuerte de los terceros partidos, pues solamente existiría tal posibilidad en una situación muy extrema. La inadmisible desigualdad del valor del votoen las elecciones presidenciales y en la elección del Senado, junto al modelo mayoritario y otras técnicas como las restricciones al voto pesan mucho al favorecer al partido republicano y cercenar al pluralismo político y social. Además, el sistema electoral continúa alejándose progresivamente de la igualdad del voto al irse incrementando la ya fuerte prima al voto de las zonas menos pobladas, aumentando la discriminación del voto más progresista dado que este se concentra en las zonas urbanas.
  4. Los congresistas (representantes y senadores) no votan siempre disciplinadamente, tienen bastante libertad. Están vinculados a "su distrito" y a "sus electores". Una mayor democracia interna, a la que se suman las elecciones primarias, tiene aspectos positivos, frente a una mayor disciplina de voto en otros países donde, dada la tendencia hacia el denominado "Estado de partidos", se van colonizando políticamente las Instituciones, por lo cual algunos dirigentes políticos terminan controlando de facto la mayoría de las Instituciones.
  5. Otro efecto positivo del sistema presidencial estriba en una mayor separación de poderes (considerablemente cercenada en el sistema parlamentario); aunque tal separación conlleve el inconveniente de que ante una verdadera crisis política resulta más difícil de superar el desacuerdo entre parlamento y gobierno.
  6. El poder del Presidente resulta excesivo, defecto que se da con mayor intensidad en el presidencialismo de los países latinoamericanos, donde existen países con claras tendencias autoritarias y populistas.
  7. Las muy largas y carísimas campañas políticas y los propios partidos son financiados privadamente. Este tipo de financiación, que es muy defendido por los populismos, lleva sin embargo a efectos disolutorios de la democracia. Termina siendo un sistema poco representativo, pues la mayoría de los congresistas (representantes y senadores) son millonarios, cuando además alcanzar la presidencia requiere específicamente campañas millonarias.
  8. En relación con lo anterior, hay que llamar la atención sobre la excesivainfluencia de los grupos de presión, aunque con el matiz importante de que no todo es negativo, pues la participación en decisiones y actividades públicas de ciertas asociaciones u ONG, (como asociaciones solidarias en aspectos sociales o medioambientales) refuerza la democracia, el pluralismo, la participación social y política; además permite oír en muchas ocasiones a los más afectados, con más sensibilidad o más conocimientos. De hecho, se ha encontrado una clara correlación entre pluralismo político y pluralismo social. No obstante, tienen un lado muy oscuro, cada vez más trascendental, que está suponiendo la mayor amenaza a la democracia. En síntesis, si cualquier sistema político tiende a infrarrepresentar a las clases menos favorecidas, la influencia de los grandes grupos económicos acentúa ese déficit democrático. Esto se hace especialmente grave por el hecho de que algunas empresas crecen de manera vertiginosa, acumulan miles de datos –incluso sensibles, de cada persona–, y ya se equiparan económicamente a alguno de los diez países más ricos del mundo, por lo que pueden aportar mucho más dinero que toda la población (con la excepción de algunas empresas y los multimillonarios).

Son muy ilustrativos los propios reconocimientos dentro del establishment, como el del presidente republicano Eisenhower–que había sido comandante supremo aliado en la II GM–, en su famoso discurso de despedida, en enero de1961, cuando declaró: "En los consejos de gobierno, tenemos que tener cuidado con la adquisición de una influencia ilegítima, deseada o no, por parte del complejo militar–industrial. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado y (ese riesgo) se mantendrá".

El catedrático Robert Reich, defensor de la economía de mercado, que ha desempeñado funciones con tres gobiernos, el más reciente como Secretario de Trabajo durante la presidencia de Bill Clinton, por lo que ha podido conocer esta problemática de cerca, considera que la división crucial en la política de los EE.UU. no es entre izquierda y derecha, sino entre anti-establishment y establishment, al existir un sistema político corrompido donde el 1% de la población, la élite empresarial y financiera, compra a los políticos exigiendo sus contraprestaciones, beneficios como la desregulación de la economía, bonus, privilegios fiscales y poder encontrar las mejores condiciones posibles en cualquier parte del mundo; esto silencia la voz del ciudadano común (el 99%) y está ampliando los graves problemas sociales.

Se ha añadido un problema: la práctica eliminación de los límites por donante estimada por el Tribunal Supremo, so pretexto de la libertad de expresión–coincidiendo con la posición de los republicanos, frente a la Presidencia de Obama–. Como asevera Krugman, Premio Nobel de Economía, o que de verdad defiende un partido político está en el dinero recibido. En definitiva, en el funcionamiento cotidiano, los partidos y representantes políticos reciben una ayuda enorme del mundo empresarial, por lo que no pueden tomar una decisión en contra de sus intereses que "les corte el grifo". Así, por ejemplo, ¿puede dudarse que las financiaciones de las poderosas empresas energéticas y alimentarias harán del partido republicano un indudable defensor de esos intereses? En esta cuestión, el 93% de los estadounidenses considera que prevalecen los intereses de los donantes sobre los de los votantes.

En definitiva, el resultado es que las decisiones políticas, siendo incluso apoyadas por la inmensa mayoría de la población, no puedan efectuarse por oponerse a los intereses de alguno de los grandes grupos de presión. Veamos ejemplos. La reforma del sistema de los crecientes préstamos para poder pagarse los carísimos estudios universitarios, que minan el futuro de los estudiantes menos ricos. La limitación de las armas de fuego, que suponen una sangría de esa sociedad; sólo el año pasado se llegó a la perturbadora cifra de 40.000 muertes, no lejana a los aproximadamente 58.000 muertos que reconoció EE.UU. haber sufrido en toda la larga Guerra de Vietnam. La limitación de alimentos insanos, como hace la UE al controlarlos o prohibirlos, se ve impedida por la influencia de empresas que consideran tales actuaciones una amenaza a la libertad de elección. El sistema sanitario de EE.UU. es carísimo. ¡Cualquier atención médica resulta casi prohibitiva! Los seguros médicos pueden cobrar en torno a 700€ mensuales por persona, con muchas exclusiones previas para admitir una, añadiendo encima copagos, y resultando ser despiadados a la hora de negarse a afrontar los altos costes que suponen muchos tratamientos vitales. Resulta estremecedora la declaración ante el Congreso de la doctora Linda Peeno, sobre cómo la empresa Humana primaba económicamente a los doctores para que rechazaran tratamientos caros, y se mostraba horrorizada por haber firmado centenares de denegaciones posiblemente letales. Son recurrentes los intentos de reformar el sistema sanitario, e incluso universalizarlo, pero siempre se desata tal campaña y presiones en contra que al final se paraliza. Así, el Presidente Bill Clinton puso a su mujer al frente de todo un gran proyecto de reforma de la Sanidad, que al final resultó hundido; Hillary no volvió a tratar el tema, y terminó siendo apoyada, incluso económicamente, por el sector de los seguros médicos que tanto la había denostado. En el sector de las poderosas empresas farmacéuticas tenemos el triste caso de los analgésicos opioides: cuando desde estas empresas se sobornó a los médicos para que los prescribieran abusivamente, extendiéndose de tal manera la adicción a los opiáceos que son la primera causa de muerte evitable en EE.UU., con unos datos escalofriantes, como el que cada 11 minutos haya un deceso por los opiáceos o que en 2019 llegaran a 71.000 las muertes por sobredosis de drogas.

En conclusión, nos encontramos con un sistema político donde hay una sobrerrepresentación política de una élite: hombres blancos, muy ricos y protestantes, que se corresponde matemáticamente con la infrarrepresentación de las clases bajas, minorías étnicas y mujeres. En consecuencia, en este sistema no se siente la suficiente presión para abordar su mayor inconveniente: unas desigualdades enormes y mínima cohesión social. Una comparación entre países homologables muestra que los que tienen un sistema mayoritario (EE.UU. y el RU), tienden a situarse en los últimos puestos en igualdad social, en contraste con países del centro y norte de Europa que tienen sistemas democráticos muy avanzados con modelos proporcionales donde la igualdad del valor del voto es sagrada. En suma, aunque el verdadero pluralismo político siempre requiere un elevado nivel de valores y prácticas democráticas, cabe concluir que cuando realmente funciona tiende a conseguir unos mayores niveles de democracia, vertebración nacional, igualdad y mínima exclusión social.