Otras miradas

Moral de victoria

Anita Botwin

Varias personas en un vagón de metro en Barcelona. EFE/Alejandro García
Varias personas en un vagón de metro en Barcelona. EFE/Alejandro García

Mientras nos pedían sacrificios y moral de victoria, y tan solo un día después en que se restringía la vida social y la movilidad para frenar el contagio, personalidades de la política y la economía aparecían en una lujosa cena con Pedro J. y su diario El Español. Varios de lo asistentes sin mascarillas, siendo 150 personas en total, cuando el aforo de los bares se reduce a su mitad y muchos de ellos se ven obligados a echar el cierre.

"Cada sociedad tiene los delincuentes que se merece" decía Emma Goldman y nosotros nos estamos acostumbrando peligrosamente a no exigir a nuestros gobernantes responsabilidades inmediatas. En Madrid debe ser que somos especialmente delincuentes o permisivos porque tenemos a una presidenta, que lejos de estar loca (es una hija sana del neoliberalismo), sí terminará por enloquecernos a todos.

Este letargo en el que vivimos, este encerramiento físico y me atrevería a decir mental, nos está haciendo permitir perder derechos a marchas forzadas y sin rechistar. Renunciamos a derechos con la finalidad de favorecer el bien común, pero hay alguien que no está cumpliendo con su parte del asunto.

La noche del jueves se desahuciaba a una familia con tres niños en el barrio obrero de Nou Barrís. "A nadie le gusta ir a una casa y sacar a una familia con 3 niños pero vivimos en un estado de derecho", decía por su parte el comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent. Un estado de derecho, con un derecho fundamental, el derecho a una vivienda digna, que goza de muy poco amparo, dicho sea de paso.

Ahora vayan y pidan moral de victoria a los desahuciados. "Te dicen quédate en casa, y te echan de la vivienda", denuncian. Por su parte, el ministro Ábalos se sorprendía desde la tribuna, y dijo que en teoría no estaba permitido el desahucio de la pasada semana en Carabanchel, donde también se dejaba a una familia en la calle en plena pandemia.

María Teresa solo pide un mes para encontrar un lugar donde vivir para su madre de 82 años y sus dos hijas. Denunció a su marido porque le pegó un puñetazo. "Dormía en la puerta en un colchón por miedo a este hombre -su ex-. Hemos pedido alquiler social y se han negado, solo pedimos un mes". No están desahuciando por vulnerabilidad ante el covid, pero sí ante otras vulnerabilidades como lo son la violencia machista.

Mientras, los alquileres siguen inflándose, muchas familias no llegan a fin de mes y han acudido a "las colas del hambre" para pedir ayuda para comer. Las redes vecinales, las asociaciones y plataformas están dando respuesta a una situación de hambre, que las instituciones en su mayor parte desoyen.

La gente va a trabajar en metros abarrotados, donde no se ha aumentado la frecuencia a pesar de todo. Por supuesto, no se puede mantener la distancia social, esa de la que te habla el ministro de Sanidad. ¿Acaso hay ventilación? Se habla del contagio en botellones y en comidas familiares, pero poco conocemos sobre el contagio en el transporte público o en el trabajo. Precisamente, me pregunto por qué es tan complicado exigir el teletrabajo a las empresas; es sencillo, a ellas no se les piden sacrificios, a los y las trabajadoras sí. Del mismo modo que se decreta el estado de alarma y se limitan derechos fundamentales (con confinamientos, toques de queda...) se podría imponer la obligatoriedad del teletrabajo como medida excepcional y siempre que las circunstancias del puesto de trabajo lo permitan.

De esta no sé si saldremos mejores, pero sí sé que sólo podemos salir en común y en colectivo. No le pidan moral de victoria a quien lleva haciendo muchos más sacrificios de los que puede aguantar, a quién va al trabajo en hora punta en el metro, a quien gana un sueldo miserable que no le permite llegar a final de mes, a quién ha tenido que cerrar sus negocios y espera las ayudas públicas que tardan en llegar. No se puede pedir morar de victoria desde la torre de Babel a una sociedad que sufre las consecuencias de esta crisis.

Por mi parte, decir que llevo semanas intentando contactar con el SEPE para solicitar un subsidio. Ninguna respuesta, me dan una cita en un mes solo para informarme. Me consta que muchas personas, familias, llevan tiempo esperando una respuesta que no llega. Es necesario y urgente que se contrate a más personal y que se incorpore el que ya ha aprobado la oferta de empleo público. Solo restricciones, pero cada vez menos ayudas. No le pidas moral de victoria, Pedro, a la gente que le ruge el estómago por el hambre.

Mientras aguantamos atónitos y estoicamente la desfachatez de unos, la incompetencia de otros, quedémonos con el buen hacer de unos pocos y sobre todo, cuidémonos, cuidemos a nuestro entorno, porque no hay acto mayor de rebeldía y solidaridad que el resistir en común frente a este neoliberalismo atroz que nos quiere más solas que nunca. Que por nosotros no quede.