Otras miradas

Las hacinadoras de gatos

Begoña Rojas

Gestora en el proyecto VIOPET

Begoña Rojas

Gatos en el albergue San Francisco de Asis de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid (SPAP). E.P./Jesús Hellín
Gatos en el albergue San Francisco de Asis de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid (SPAP). E.P./Jesús Hellín

Hoy, como tantos días, veo en el Facebook una petición desesperada, una señora mayor debe abandonar su domicilio o ha fallecido y quedan 15, 20... muchos gatos a los que hay que buscar casa o refugio. Los refugios no pueden asumirlos, están saturados. Y tal cantidad de gatos es imposible de asumir por un solo refugio o protectora, y ya los particulares...

Los que son sensibles al abandono animal, en la mayoría de las ocasiones, ya tienen más de un compañero, ¿como asumir entonces otro más? Los hijos, los herederos, que no renuncian nunca a la vivienda, pero no pueden hacerse cargo de los animales, ésos que fueron los compañeros de su madre, abuela, tía... posiblemente su única compañía y su único sentido vital. Si nadie se hace cargo abrirán la puerta o, los más sensibles, los llevarán a un zoosanitario. No van a hacer más, "es que la casa está en venta, y claro, ¿qué van a hacer ellos con los animales?" Porque los gatos no se heredan, lo que se hereda es la casa.

Os pareceré exagerada. Desde hace dos años NO ADOPTÓ, NO ME QUEDO, a veces con dolor, con animales de los que acojo (suelo acoger camadas de gato casi siempre de gatas ferales que socializo y luego se adoptan) y lo hago porque pienso que por mi edad, 61años, en cualquier momento me muero y que esos animales pueden vivir hasta 15 años más y yo no. Así que, a veces a mi pesar, solo acojo y me vuelvo loca por encontrar adopciones. Me parece absolutamente irresponsable no tener esto en cuenta. Pero no solo por esas personas mayores que no lo hacen, también por quienes, animalistas que las conocen y conocen estas situaciones, lo admiten, permiten y no ponen límite.

Lo óptimo (entiéndase óptimo como el menor mal) es que nuestros animales se vayan antes que nosotras. Casos como el de esta mujer, y tantos otros semejantes, no deberían darse porque el problema ella no puede solucionarlo y se convierte en un problema que, en muchos casos, termina con animales echados a la calle o enviados a zoosanitarios donde sabemos lo que les espera, desde luego sofá y manta no.

Es una enfermedad, dicen, síndrome de Noé. ¿Y qué?, como tiene nombre ¿lo permitimos?, como tiene nombre, quiénes saben de casos así miran para otro lado. La mayoría de las personas que nos movemos en este "mundillo" conocemos casos y no hacemos nada. Aún cuando, de alguna manera, este hacinamiento, estas situaciones (NOE) son maltrato, los animales viven hacinados, con estrés y, en ocasiones, no están cuidados adecuadamente. Muchos de estos animales están sin esterilizar, comiendo poco y de mala calidad. Además, significa un gasto que en detrimento de la propia dignidad de la persona que con ellos convive, porque sustrae a su magra pensión el dinero de la alimentación, de las vacunas, de las desparasitaciones... Y esto sin hablar de las urgencias y las esterilizaciones.

Desde los grupos que gestionamos colonias, muchas personas que colaboran en protectoras y refugios hacemos la vista gorda porque bastante tenemos, siempre mil animales que colocar, una gata que esterilizar... pero esto debería formar parte de lo que debemos solucionar, esto no puede seguir ocurriendo, si nos parece mal el hacinamiento que muchos cazadores aplican a sus animales y las condiciones en que les hacen vivir esto no podemos justificarlo ni admitirlo. Y nos parece mal que algunos ayuntamientos limiten el número de animales por vivienda.

Somos unas hipócritas, porque la limitación no es por nosotras, es por ellos, excepcionalmente, una familia puede tener más animales de los sugeridos por la norma pero no puede consentirse que se den estas situaciones y no las denunciemos, por mucho que sea la señora Mary, la que da de comer a los del parque, la loca de los gatos, ahora gusta mucho que nos llamen las locas de los gatos, pues dejemos de justificar la locura porque a ellos les afecta y no positivamente y seamos un poquito cuerdas y actuemos a su favor. Por mucho que nos signifique un trabajo extra buscar ubicaciones, pelearnos con Mary y económicamente resolver vacunaciones, esterilizaciones y conseguir adopciones.

Ser animalistas también implica denunciar y solventar ciertas conductas que lejos de ser sanas son formas de maltrato llenas de buena voluntad. Ser animalista nadie dijo que fuese fácil, es un compromiso no con la señora Mary, sino con los animales y su bienestar, y si decimos que somos su voz porque ellos no la tienen, seámoslo siempre y de verdad. Impidamos estas situaciones.

El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones.