Otras miradas

Tramas y trampas de la industria farmacéutica en plena pandemia

Imagen de un voluntario recibiendo la segunda dosis en los ensayos de la vacuna contra el COVID-19 desarrollada por el laboratorio chino Sinovac Biotech. EFE/Sebastiao Moreira
Imagen de un voluntario recibiendo la segunda dosis en los ensayos de la vacuna contra el COVID-19 desarrollada por el laboratorio chino Sinovac Biotech. EFE/Sebastiao Moreira

Una vez, en marzo, cuando estábamos encerrados y asustados por la Covid y se hacían discursos grandilocuentes en el G20, en la OMS y en Naciones Unidas, sobre la "universalización" de los tratamientos contra la pandemia, creí que el mundo podía ir a mejor,  que esta emergencia sanitaria global  impondría cordura en la gestión internacional de la salud. Luego pasaron cosas como estas:

1– La Unión Europea ya reconoce haber comprado más de 1800 millones de dosis de vacunas de cinco grandes farmacéuticas distintas, cuando somos 450 millones de europeos. Cabemos a 4 por cabeza;  eso sí, lejos de la gesta estadounidense que ya tiene precompradas 8 vacunas por cada norteamericano.

¿Qué locura es esta en la que se compran vacunas sin saber si van a funcionar? ¿Acaso tenemos los europeos cuatro brazos y los estadounidenses ocho? ¿No nos da vergüenza comprar vacunas así, cuatro por europeo y ocho por cada norteamericano, y al resto que le den morcilla?  ¿Tiene algún sentido todo este despilfarro?

2–El consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla, vendió la mitad de sus acciones al día siguiente de anunciar, por nota de prensa, que su vacuna es, presuntamente, la pera, embolsándose más de 5 millones de dólares.

¿De verdad no está prohibido y penado que los directivos se forren de manera fraudulenta? ¿En serio?

3–Los directivos de Moderna, incluido el español Juan Andrés, hicieron lo mismo, después de su anuncio gemelo, y se llevaron 75 millones, pero han prometido que no volverán a hacerlo hasta que su vacuna no se comercialice. Moderna lanza un mensaje:  hemos sido un poco malos pero no volveremos a hacerlo, no como la competencia.

¿Somos tan cretinos como para que tenga valor publicitario un anuncio como este de Moderna? ¿Qué apoyo social tiene ser listillo y llevárselo muerto pero solo un poco?

4–Los dueños de Remdesivir, un medicamento que también parecía la solución, firmaron un contrato millonario con la UE, de 2000 Euros por paciente, unos días antes de que la OMS publicara un estudio que dice que su medicamento ni cura, ni acorta las hospitalizaciones. Sus acciones subieron y bajaron y, en ese proceso, alguien se llevó este contrato y con él unos cuantos millones a casa.

¿Se podrán devolver los Rendemsivir que hemos pagado a precio de oro? ¿Por qué nadie publica esa letra pequeña?

5–AstraZeneca, la farmacéutica británica detrás de la vacuna de Oxford, que prometió no lucrarse con la Covid "mientras dure la pandemia", no se hará cargo de las posibles demandas por responsabilidad civil por efectos secundarios. Desconocemos quién filtró este significativo dato. Su acuerdo firmado con la UE dice ser confidencial, pero autoridades europeas han justificado este hecho con que su precio es el más barato. Con la suma de estos factores, los antivacunas ya la habrán puesto la primera de su lista negra, aunque quienes vayan a hacer frente a esas hipotéticas demandas sean los estados. Conclusión:  la vacuna de Oxford, la menos lucrativa, la más solidaria, ya ha sido revolcada por el barro antes de empezar la partida.

¿No es una pena que el ejemplo de AstraZeneca no haya cundido? ¿No deberían los estados, con su financiación, apoyar más o solo iniciativas como esta?

6–La Unión Europea, con la Fundación Bill Gates y unos cuantos han firmado un acuerdo para hacer préstamos a los países más pobres, que no van a poder pagar por las vacunas lo que las farmacéuticas pidan. Los expertos dicen que si Covax, que así se llama el programa, consigue cumplir con sus objetivos logrará llevar algunas vacunas a los más pobres pero no a los de en medio.

¿Dónde paga impuestos en Europa Microsoft? ¿Cómo es posible que una vez más, se busquen y se firmen mecanismos para dar limosna, en vez de para hacer justicia?

y 7– El 17 de diciembre se decidirá en la Organización Mundial del Comercio si se levantan las patentes de las vacunas de covid, mientras dure la pandemia, para facilitar el acceso universal a estas trascendentes medicinas. De momento, India y Sudáfrica lo piden y Médicos del Mundo y cientos de asociaciones por la igualdad de derechos sanitarios lo reclaman. España se ha posicionado con el resto de la UE, con Estados Unidos, Japón y otros países ricos en contra. Todos ellos ya han gastado fortunas precomprando vacunas en este sálvese quién pueda.

¿Se puede argumentar, sin vergüenza, que el derecho a especular prevalezca sobre el derecho más humano de todos: el derecho a seguir vivo? ¿Cómo se puede justificar la competencia empresarial y la guerra comercial que conlleva, en una emergencia sanitaria mundial? ¿Si no somos capaces de colaborar para esto, cómo vamos a ser capaces de colaborar en ninguna otra cosa? ¿Cómo es posible que en el siglo XXI las farmacéuticas sigan sin límites a su lucro, con patentes por 20 años, cuando mucha de su investigación es financiada con dinero público o con precontratos con los estados? ¿Para cuándo unos beneficios de no más del, pongamos, 10%? ¿No es lo más triste de esta pandemia que no esté sirviendo para avanzar en la guerra más larga, la que se batalla por más salud, por menos desigualdad insultante, aunque sea a costa de menos negocio?

PD: ¿Ni siquiera un Gobierno que se dice de coalición de izquierdas va a tener la valentía de defender públicamente, en organismos internacionales, lo que todos saben que sería justo y necesario?