Otras miradas

Hombres como Álex García

"Descubrí comportamientos míos, y sigo descubriendo, que todavía los tengo que mejorar, que los tengo adquiridos, los tengo incorporados. Y que detrás de este chaval majo y comprometido, que sé que eso existe y soy así, todavía hay un tío que puede hacer daño y que puede poner a una amiga o una chica en una situación violenta. Y eso en ‘Jauría’ era una buena manera de conocerme a mí mismo" .

Así comienza el actor Álex García una reflexión en la cadena Ser, en el programa de Mara Torres, cuando hablaba de cómo había influido en él su papel en "Jauría", la obra de teatro sobre la violación de La Manada de Pamplona. Lo positivo no es sólo lo que dice sino cómo lo dice, sin arrogancia, sin estar a la defensiva, sin ir de víctima. Reconoce en voz alta: me pasa esto y quiero cambiarlo. No estamos acostumbradas a escuchar reflexiones así y quizás de ahí la gran repercusión que han tenido sus palabras. Las palabras me han dado un poco de calma ante la rabia que me ha producido ver hombres de mi entorno, este 25N, venirme con el #NotAllMen y con "las mujeres dejáis a los hombres fuera del feminismo". Frases pronunciadas incluso en actos donde se honraba la memoria de las víctimas. Y si sumamos la reacción con el caso de Maradona, apaga y vámonos.

Lo que reflexiona Álex García en cuanto al fondo, en cuanto a lo que ocurre, no es nuevo, es lo que nosotras llevamos diciendo desde hace años. Es lo que siempre han dicho nuestras predecesoras. Cada una de nosotras hemos descubierto, no sin dolor, que hasta que nuestro mensaje no está en boca o difundido por un hombre, no empieza a causar cierto efecto en otros hombres. Porque, al fin y al cabo, ellos siguen siendo la autoridad. Nosotras podemos mostrar los efectos de esa violencia y explicarla, pero nos tacharán de exageradas, locas y absurdas. Solo hay que ver cómo se ha reaccionado frente al mensaje de la cantante Izaro Andrés o el gesto de la jugadora de fútbol, Paula Dapena. Las dos criticadas , insultadas y amenazadas por dar una respuesta feminista ante la muerte de Maradona. Quizás porque las dos han podido ver con sus propios ojos los efectos de la violencia sobre las mujeres. A esto nos referimos cuando decimos que las víctimas de violencia machista son víctimas de segunda porque su memoria y honor no respeta igual que a otras, jamás. En cambio, la reflexión de Álex García ha sido valorada por la  mayoría aunque, por supuesto, no tardaron en aparecer los verdaderos machotes para decir (reproduzco literal): "El Álex este se lo debe mirar ya. Ya está tardando en ir al psiquiatra. Cómo se permite hablar en nombre de los hombres". 

No podemos decir que vivimos en una sociedad feminista cuando aún no habéis comprendido de qué va el feminismo. Ya escribí la semana pasada que el feminismo no es un club, como en el fútbol, donde abonar una cuota y cumplir. El feminismo no es como asistir a misa de domingo para limpiar la conciencia. El feminismo no va como un carnet por puntos, unas instrucciones y que demos a los hombres un pin de enhorabuena por los retos superados. El feminismo es un movimiento que comparte su filosofía de derechos humanos de las mujeres para hacer consciente, al resto de la población, de cómo se ha generado de forma silenciosa esta historia de desigualdad. Y concienciar a los hombres y al resto de la sociedad está siendo muy muy muy lento. Y por eso siguen los asesinatos, y las violaciones, y los acosos y los desprecios.

El feminismo va de compromiso y de hechos. El feminismo va de hacerse preguntas muy incómodas y de respondernos con honestidad. El feminismo va de reconocer los errores que cometemos y de desarrollar estrategias para solucionarlo. Y esto no es solo de hombres. No os podéis ni imaginar lo que supone para nosotras abrir los ojos. Lo que supone leernos entre nosotras, escuchar nuestras experiencias y que logremos poner conceptos y palabras a lo que hemos vivido. No podéis imaginar lo que supone ser feminista y ver cómo tu entorno te mira por encima del hombro. No podéis imaginar lo que supone ser feminista y que te quieran hacer sentir ridícula. No podéis imaginar lo que supone para nosotras asumir que, a veces, tenemos miedo de responder por si viene un insulto que sabemos que nos dañará. Asumir que tenemos aprendido que es mejor callar si quieres salvarte. Asumir que psicológicamente se desarrolla una dependencia que impide defenderte por temor a perderlo y estar "sola" (porque no nos enseñaron tampoco a la felicidad de estar mejor sola que mal acompañada). Cuántas mujeres maltratadas hubiesen dado por escuchar una reflexión como la de Álex García, que su maltratador dejara de culparla y reconociera que el problema está en él.

Y parte de ese camino es verbalizarlo y asumirlo. Eso fue lo que hizo Álex García, con el reconocimiento de esos comportamientos machistas automáticos y nombrando a la violencia por su nombre.

"Sobre todo, la violencia que el hombre antropológicamente no es consciente que genera a la mujer, teniendo en cuenta que la mujer viene de estar no vista, golpeada y violentada normalmente. Estamos hablando de una situación que hemos normalizado y que genera más violencia de la que se dice, en el 96% de los casos, y yo he descubierto que yo participaba muy activamente de eso. Sin llegar a extremos, en algún momento sí he podido llegar a estar cerca de eso."

Escucho a Álex y solo él sabrá esas actitudes que ha tenido, que no manifiesta, pero en su forma de decir y de mirar parece verlas en un espejo con incomodidad sobre sí mismo. Es importante que además, como hombre, subraye esa participación cómplice y automática de la normalización. Las mujeres estamos tan condicionadas que la violencia sobre nosotras aún, en su mayoría, se vive como vergüenza y con culpa (porque así nos lo enseñaron). Violencia que no se muestra, se cubre con maquillaje, se tapa con ropa, se intenta esconder pareciendo fuerte cuando por dentro estás rota. Porque no lo vemos, pero aseguro que cada día una mujer podría subir una foto en las redes sociales con las huellas de los golpes. O una foto donde ver cómo cambia un rostro cuando todos los días cae sobre ti la violencia psicológica. No porque no se fotografíe, no porque no se muestre, no ocurre. Quedaría por ver si, de hacerlo, tendría la condena total de la sociedad o si esa normalización haría que pasara casi de puntillas, como cada vez que ocurre un asesinato.

Estamos cansadas de hombres que usan el feminismo para ligar, para acercarse. Estamos cansadas de hombres que usan el feminismo para vender. Estamos cansadas y decepcionadas de muchos hombres que dicen ser feministas, que los queremos, pero aprovechan la mínima para desautorizarnos, nos quitan la palabra o nos insultan. Estamos cansadas de hombres que nos den lecciones de feminismo. Y este discurso no sólo tienen que ser escuchado por hombres (heterosexuales y homosexuales, que ser homosexual no te hace feminista) también por mujeres. Las mismas que niegan la violencia machista, las mismas que se creen superwoman y que creen que esto nunca les va a pasar. Las mismas que lo tienen tan normalizado que aún no son ni capaces de reconocerlo, y que atacan a feministas porque viven en la autonegación para no afrontar el dolor. Ni el hombre nace machista ni la mujer feminista, sino que el machismo lo aprendemos en los mandatos de género por la división sexual entre hombres y mujeres. Por eso, la ruptura con esos mandatos de género es lo único que rompe todas las estructuras de poder. 

Dice Álex que se "tambalea" cuando es consciente de todo lo que antes no asumía y ahora sí. Dice que se pregunta "‘dios mío, cómo hago yo para gestionar esto porque es que soy así’. Y en mi caso yo quiero cuidarlo, saber verlo para saber evitarlo".

Muchas nos quedamos con esa sensación de tambaleo cuando nos hacemos feministas. Y lo hacemos cada día. Cuando hablamos con otra compañera, conocemos otro asesinato o cuando reconocemos por qué reaccionamos así. Parte de la igualdad llegará cuando discursos como el de Álex dejemos de verlos como excepcionales y sean cambios reales. Porque lo de Álex es solo el comienzo. El cambio, si hay un verdadero compromiso, tendrá que trabajarlo cada día.

Pero quizás el discurso de Álex García sí tiene un punto cuando esta semana hemos visto tantos machunos que se dicen feministas. Kelley Temple lo resumió muy bien en una frase: "los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista". Tan sencillo... pero les cuesta conseguirlo porque para crear un espacio feminista hace falta dejar el machismo. Y porque no todos están dispuestos a "saber verlo para saber evitarlo".