Otras miradas

El hidrógeno verde y el Estado Español emprendedor

Álvaro Gaertner Aranda

Ingeniero Físico y autor principal del informe 'Reconstruyamos el futuro: Por un Green New Deal para España'

Hidrógeno verde.
Hidrógeno verde.

La espectacular reducción de costes de las energías renovables en los últimos años, junto con la necesidad de descarbonizar sectores que no pueden ser electrificados han puesto sobre la agenda la posibilidad de que este proceso de descarbonización se lleve a cabo a través del uso de hidrógeno verde. La Unión Europea no se ha hecho esperar y ha situado el hidrógeno como uno de los pilares de la recuperación económica posterior al coronavirus. Esto va a tener como consecuencia que una parte de los 750.000 millones de euros del fondo de recuperación vayan a ir al fomento del desarrollo y la instalación de esta tecnología. En el caso de España, el gobierno ha anunciado que, en total, se dedicarán 1.500 millones de euros a apoyar el desarrollo del hidrógeno verde.

La apuesta europea por el hidrógeno ya ha provocado movimientos en el sector empresarial español, donde ya se han anunciado varios proyectos para la instalación de plantas de producción de hidrógeno verde. Una compañía que, probablemente con la expectativa de tener importantes apoyos públicos en sus iniciativas, se ha involucrado particularmente en el desarrollo del hidrógeno verde ha sido Iberdrola, que además de anunciar varios proyectos para producir hidrógeno renovable ha anunciado, junto con la empresa vasca Ingeteam, la constitución de una compañía que se dedicará a producir electrolizadores a gran escala en España. Esta noticia es particularmente importante porque nos deriva, de manera directa, a un debate sobre cómo debe impulsarse la innovación en sectores limpios y punteros, y, por lo tanto, nos lleva de manera directa a hablar de Mariana Mazzucatto y del Estado Emprendedor.

Tal y como planteaba Mariana Mazzucatto al exponer cómo se han desarrollado las energías renovables desde su nacimiento como tecnologías prometedoras pero comercialmente inviables a su estado actual de madurez en el que son capaces de competir con los combustibles fósiles, harán falta tanto políticas de demanda como políticas de oferta para que esta tecnología avance y su cadena de valor se sitúe en España. Las políticas de demanda son, en este caso, las que garantizan que el hidrógeno verde que se produzca tenga demanda y sea competitivo frente al hidrógeno marrón producido a partir de gas natural, y eso deberá llevar aparejadas subvenciones de algún tipo mientras que las tecnologías necesarias para producir hidrógeno verde, esto es, las renovables y los electrolizadores, maduran y bajan sus costes. Por otro lado, las políticas de oferta son, en este caso, aquellas que garantizan que las empresas que producen electrolizadores y trabajan en las innovaciones que los harán más eficientes y más baratos contarán con el capital y el acompañamiento necesarios para desarrollar sus productos desde el momento de la innovación tecnológica hasta el de la comercialización.

A lo largo de la historia, tal y como indicaba Mazzucatto, hemos visto que la implementación de esta combinación de políticas por parte de los Estados ha sido capaz de provocar el crecimiento de muchas tecnologías, entre ellas unas tecnologías fundamentales para la producción de hidrógeno renovable, las energías renovables. De esta manera, el comienzo de la industria eólica no podría entenderse sin las medidas de apoyo al desarrollo de esta tecnología por parte de empresas nacionales que llevaron a cabo Estados como Dinamarca, cuyos programas de I+D tuvieron como resultado el establecimiento de Vestas como una empresa líder en el mercado eólico. De igual manera, el comienzo de Vestas tampoco podría entenderse sin los incentivos a las renovables que California había establecido, que permitieron a Vestas tener suficiente demanda para sus productos para impulsar sus primeros pasos en este campo. La importancia de estos esquemas que garantizan la demanda de nuevas tecnologías se pueden ver claramente con el hecho de que el fin de los incentivos a las renovables que se produjo en California en 1985 estuvo a punto de causar el fin de Vestas, que tuvo que reestructurarse y vender el resto de sus negocios para poder seguir produciendo turbinas eólicas y remontar. De igual forma, el desarrollo de la industria solar tampoco se puede entender sin las políticas que introdujo Alemania para incentivar la instalación de paneles solares, que garantizaron durante mucho tiempo una demanda suficiente a los productores de placas solares de todo el mundo que les permitieron mantenerse en el mercado. Además, al igual que en el caso de la eólica, la acción de los Estados para apoyar a empresas nacionales de producción de paneles solares con lo que Mazzucato llamaba capital paciente, que les permitió tener acceso a los recursos necesarios para innovar, desarrollar sus productos y llegar al estadio del comercio a gran escala a bajo precio, ha sido lo que, en última instancia, ha determinado qué empresas han sido las que han capturado una mayor parte del mercado de las placas solares. En este caso, el Estado más paciente fue en muchos casos el Estado chino, que gracias a su paciencia y a su financiación constante a varios fabricantes de paneles solares logró absorver tecnologías que habían sido desarrolladas en otros países que no supieron dar el apoyo necesario a sus empresas como para aprovecharlas, como Estados Unidos, y convertirse en el país que produce la mayor parte de los paneles solares del mundo.

Estas experiencias exitosas son las que España debería intentar replicar para lograr convertirse en un país líder en Europa en producción de hidrógeno verde y líder en el mundo en la producción de las tecnologías que permiten producirlo, como los electrolizadores. Además, España debería intentar aprender de estas experiencias exitosas y también de las que no lo fueron tanto para asegurarse de que el apoyo que el Estado dé a las distintas empresas que intenten progresar en la carrera del hidrógeno se transforme en poder de decisión y réditos para el país en el caso de que alguna de esas empresas tenga éxito y se convierta en una empresa líder en el mundo.

Además, si España finalmente consigue replicar con éxito estas estrategias y se convierte en un país líder en la producción de hidrógeno verde barato, no sólo estará consiguiendo ser puntero en un sector tecnológico fundamental para el futuro de la economía y del planeta, sino que abrirá las puertas a atraer a otros sectores tecnológicamente punteros que marcarán la economía del futuro, como por ejemplo la producción de acero. Hasta ahora este material se ha producido utilizando coque, un material hecho a partir de carbón, con las consiguientes emisiones de CO2, pero recientemente se ha comenzado a investigar cómo se podría sustituir el proceso que utiliza coque por otro que utiliza hidrógeno e incluso ya hay una planta piloto en Suecia para avanzar en la implantación de esta tecnología. Este proceso todavía es caro en comparación con los procesos estándares, pero si el desarrollo de esta tecnología cuenta con políticas de demanda y políticas de oferta como las que se han presentado anteriormente, puede ser competitivo en el medio plazo frente a los procesos actuales de producción del acero. Por esta razón, si España acierta con el desarrollo de la industria del hidrógeno y dispone en el futuro de hidrógeno verde barato, este hecho junto con la existencia de energía renovable barata hará que nuestro país esté inmejorablemente situado para ponerse a la cabeza de este mercado también.

En conclusión, en este artículo hemos visto como el actual despegue de las renovables, favorecido de manera muy cuerda por el gobierno, puede ser fundamental para lograr unos precios de la electricidad tan bajos que permitan que España, si apoya el desarrollo de la tecnología del hidrógeno verde, pueda convertirse en un país líder en este sector. Además, hemos visto que si España apuesta de manera decidida y adecuada por el hidrógeno verde y consigue, con la ayuda de las renovables, producirlo de manera masiva y barata, puede situarse en una muy buena posición para convertirse en un país líder en los sectores industriales que, para descarbonizarse, necesitan de hidrógeno verde barato, como el acero. Por lo tanto, hemos visto que si el gobierno aplica desde este mismo momento las enseñanzas de Mariana Mazzucato en los distintos sectores de la transición ecológica, puede que asistamos al nacimiento de una política industrial que convierta a España en un país diversificado económicamente, industrializado y, ante todo, en el país líder en la transición ecológica mundial.