Otras miradas

Sáhara, quizá la última oportunidad... Carta abierta al presidente del Gobierno

Gonzalo Moure y Ricardo Gómez

Miembros de Escritores por el Sáhara-Bubisher

Sr. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España:

En estos tiempos de pandemia sanitaria y calamidad mediática, salta la noticia de que el crepuscular presidente de EEUU reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y, de pronto, Twitter electriza las cancillerías de medio mundo. Menos mal que se impone cierta cordura: poco después de este anuncio, la ONU recuerda que la descolonización es la única solución del problema de la última colonia africana. Los intentos del agónico mandatario por asegurar los negocios en la zona de su hija y de su yerno no pueden distraernos de un viejo y vergonzoso problema que arrastran desde casi medio siglo los sucesivos gobiernos de España.

Pero esta advertencia de la ONU no detiene el golpe. Francia se ha apresurado a apoyar una autonomía del Sáhara dentro de Reino de Marruecos. Una autonomía que, como la del Rif, sabe que quedará en papel mojado. Nada de eso debe sorprendernos. EEUU cubrió logísticamente la Marcha Verde y colaboró en la construcción y dotación del muro militarizado de 2700 km que recorre como una cicatriz el desierto del Sáhara, separando los territorios ocupados de los campos de refugiados argelinos. Y Francia no se resiste a dejar de jugar un papel activo en una zona que fue francófona.

Usted, señor presidente, ha decidido aplazar la visita que iba a realizar el próximo 17 de diciembre a Marruecos. Suponemos que no ha tenido más remedio. Mientras otros jugadores movían piezas en un tablero de ajedrez, usted llevaba en su mano una ficha de parchís. No podemos juzgarle como único responsable. Es al parchís, a pasar el tiempo con el problema del Sáhara, a lo que han jugado todos los presidentes de Gobierno de nuestra democracia.

Usted no puede acordarse de lo ocurrido porque tenía tres años cuando sucedieron los hechos. Tampoco puede saberlo por sus clases en el colegio o el instituto, porque la historia de la España contemporánea lleva décadas ocultándose en colegios e institutos. Lo sabrá, sí, porque es usted presidente del Gobierno, pero no está de más recordarlo.

Ya en 1966, la ONU había instado a la descolonización del Sáhara Occidental, señalando a España como potencia descolonizadora. En 1975, cuando tenía usted tres años, el Sáhara Occidental era la provincia 53 de España, con ciudadanos censados y representantes en las Cortes. Por esas fechas, ante las pretensiones marroquíes sobre el territorio, el rey Juan Carlos I visitó la zona y prometió que sus habitantes no serían abandonados. Meses más tarde, durante la agonía del dictador, la Marcha Verde expulsó a los españoles. O, mejor: el ejército español recibió la orden de retirarse vergonzosamente. Los propios militares hablaron de traición.

La retirada no fue tan pacífica como el silencio de los medios de comunicación quieren hacer ver. El Sáhara Occidental fue ocupado por las armas. Los saharauis huidos fueron bombardeados por aviones Phantom, asesinando a hombres, mujeres y niños. Hubo represión en los territorios ocupados. Hubo guerra con Mauritania, y muertos mauritanos. Hubo guerra con Marruecos, y muertos marroquíes. Se llegó a una paz endeble, bajo la promesa de que la ONU instaría a un referéndum de autodeterminación.

Argelia acogió a los huidos en los actuales campos de Refugiados. Entretanto, Marruecos, gracias a empresas de EEUU, construyó un muro que separó familias e intentó ahogarlos económica y humanitariamente. Pero los saharauis alzaron jaimas, habilitaron escuelas, precarios hospitales y edificios administrativos y se procuraron una supervivencia endeble, siempre dependiente de la ayuda exterior. La MINURSO, la Misión Pacificadora de la ONU, se estableció en la zona como fuerza de interposición, con el objetivo de elaborar un censo para realizar el referéndum. Con el tiempo, los saharauis ocuparon territorios del Sáhara Occidental sin interés económico para Marruecos, los llamados Territorios Liberados, donde pastaba el ganado y se creaba un cierto intercambio de mercancías básicas con Mauritania. Pero en 1991, mientras se ultimaba el referéndum, Marruecos bombardeó e invadió esos territorios, envenenó pozos y mató a los animales, sembrando el terror entre los civiles.

Durante 55 años, España ha tenido en sus manos iniciar un proceso de descolonización, algo que no ha querido asumir ningún gobierno español. Los intereses económicos, el temor de irritar a un vecino irascible, el miedo, la desidia o la corrupción han pesado más que las leyes internacionales y el derecho humanitario. España, a quien la ONU reclamaba que asumiese un papel fundamental, queda relegado ahora a una esquina del tablero. Y, lo que es peor, tanto los saharauis en los territorios ocupados como los refugiados en los campos argelinos, quedan de nuevo abandonados a su suerte.

Hace pocas semanas, los saharauis se hartaron y, tras la violación de Marruecos del espacio de exclusión de Guerguerat, declararon roto el alto el fuego. Están en guerra. Decepcionados por el silencio del gobierno español, hastiados de la inoperancia de la MINURSO, reprimidos en los territorios ocupados, hostigados por el ejército marroquí, están en guerra. De momento, no hay víctimas saharauis ni marroquíes, pero previsiblemente las habrá. ¿Cuántos muertos hay que exponer al sol del desierto para que la comunidad internacional se conmueva?

Quizá sea tarde ya. No sabemos cuál era su agenda de trabajo para ese encuentro del 17 de diciembre. Ante la actual situación excepcional de guerra, ¿iba usted a comunicar que iniciaba ese proceso de descolonización? Habría sido una opción digna, quizá la única opción digna dadas las circunstancias. Ahora nos quedaremos sin saberlo. O no. Depende de usted, de su gobierno.

De momento España está fuera de juego, como un espectador alelado. Usted sabe que hay miles de familias españolas que han mantenido vínculos con niños y niñas saharauis que hoy son adultos y que han sido llamados a la guerra. Hay saharauis que, al cabo de este tiempo, tienen familias españolas. Y españoles que tienen familias saharauis. Algunos son hijos o nietos de los que, cuando usted tenía tres años, eran ciudadanos españoles.

Solo hay una salida decente para España. La ONU sigue apostando por la descolonización. Está por ver si el próximo presidente de EEUU refrendará la medida tomada por el actual inquilino de la Casa Blanca. Ahora que hay guerra y la opinión internacional debe pronunciarse, España tiene una oportunidad. Una sola, y ya puede ser tarde. Saque usted del bolsillo la reina del tablero y apueste por la descolonización. Evite un baño de sangre que nos salpicará a todos. Evite que medio millón de saharauis, entre los Campos de Refugiados y los atrapados en el Sáhara Ocupado queden abandonados a su suerte.

No somos ingenuos. Sabemos que las dificultades son muchas. Hay intereses de empresas españolas en las costas y los territorios ocupados. Hay una presión migratoria que se gradúa a conveniencia del país ocupante. Hay otros elementos de chantaje, innombrables. Habrá pataleos, amenazas y declaraciones altisonantes. Habrá alusión al reconocimiento del incurable presidente de EEUU. Pero hay un mandato insoslayable: la legislación internacional, porque España sigue siendo la potencia descolonizadora. Basta con iniciar un expediente al respecto. La ONU tendrá que pronunciarse y hacer el resto.

También puede usted hacer lo mismo que sus predecesores: agachar la cabeza, cerrar los ojos, taparse los oídos y coser su lengua. Pero en este tiempo que usted lleva presidiendo su Gobierno ha adoptado medidas que otros presidentes no se han atrevido a llevar a cabo, intentando recuperar parte de nuestra dignidad. Ahora se enfrenta a un grave problema que no debería eludir: ante esta situación de guerra, le recordamos, España sigue siendo responsable de la descolonización del Sáhara Occidental.

Usted tenía tres años cuando España abandonó el Sáhara. Entonces no era culpable. Ahora sí puede serlo. En nombre de millones de españoles, le rogamos encarecidamente que cumpla con sus obligaciones.

Atentamente,