Otras miradas

El Brexit: menos banderas y más derechos

Ángela Aguilera

Diputada no adscrita en el Parlamento de Andalucía

Miguel Urbán

Anticapitalistas

Vista del Peñón de Gibraltar, a través del hueco en una verja. REUTERS/Jon Nazca
Vista del Peñón de Gibraltar, a través del hueco en una verja. REUTERS/Jon Nazca

En junio de 2016, después de un ajustado referéndum, una exigua mayoría de Británicos apoyo abandonar la Unión Europea iniciándose uno de los divorcios mas largos y complejos de nuestra reciente historia continental. Más de cuatro años después con gobiernos británicos dimitidos en el camino, varias elecciones, tres prorrogas negociadoras aplicadas, y un periodo de transición que culmina este 31 de diciembre, en plena nochebuena con las alarmas puestas en un final de Brexit sin acuerdo, por fin, Bruselas y Londres suscribieron el acuerdo comercial que regirá las relaciones entre la UE y Gran Bretaña.

Un acuerdo de mas de mil paginas que intenta cerrar hasta el ultimo detalle de las futuras relaciones entre la isla y el continente pero que explícitamente excluye a Gibraltar a expensas de un acuerdo entre los gobiernos Español y Británico. Un acuerdo que se deberá de cerrar antes del uno de enero o podemos asistir finalmente a un Brexit duro en el peñón que afecte fundamentalmente al Campo de Gibraltar. A pesar de que esta situación esta pasando prácticamente desapercibida entre la opinión publica puede tener efectos muy negativos para miles de andaluzas y andaluces, no podemos olvidar que el 25% del PIB de la comarca depende de un modo u otro de Gibraltar.

Al final, si no hay acuerdo puede que Andalucía sea de los territorios más afectados por el Brexit. Una situación muy sintomática del olvido institucional al que se ha sometido históricamente al Campo de Gibraltar, una de las comarcas más deprimidas de España y de la UE y que tradicionalmente ha visto como sus problemas se tapaban con una bandera. Hay datos que hablan por si mismo, la Linea y Algeciras están entre las cinco ciudades de más de 20.000 habitantes de toda España con menor esperanza de vida según los indicadores urbanos del proyecto europeo Urban Audit. Además la Línea es la segunda ciudad con mayor tasa de paro en el país y está entre los municipios con menor renta neta media anual por habitante. El área metropolitana de Algeciras también se encuentra entre las que tienen menor renta. Así mismo el Campo de Gibraltar soporta  una tasa de desempleo de mas del 29 por ciento que se traduce en unas 40.000 personas paradas. Por todo ello hemos reclamado en todas las instituciones desde lo autonómico, a lo estatal y hasta en el plano europeo, que tanto la UE como el gobierno español deben de abordar un plan especifico de ayudas que asegure no solo que el Brexit no suponga una nueva losa sobre campogibraltareños sino que ponga en marcha un cambio de modelo productivo para que el Campo de Gibraltar tenga futuro.

Mucho nos tememos que tengamos que afrontar un Brexit duro sin los deberes hechos. El gobierno central con el súper ministro Marlaska a la cabeza  que no ve más allá de su política antidrogas, sigue sin cumplir ni un solo compromiso de los 900 millones para un plan especial en la comarca,  nos suena ya a broma pesada. Mientras el gobierno de la Junta de Andalucía no se ha quedado atrás en sus promesas incumplidas, mas allá de la propaganda barata de las 112 medidas, la realidad es que al Campo de Gibraltar no ha llegado mas que 4 vergonzosos millones de euros para enfrentar las consecuencias del Brexit. Lo que nos da una idea de la incapacidad de la derecha andaluza para tomarse en serio los problemas estructurales que padece la comarca.

Otro de los grandes asuntos a resolver es la situación de los trabajadores transfronterizos. A finales de 2019 había 14.500 trabajadores transfronterizos en Gibraltar, de los que 11.000 residen en La Línea de la Concepción. Aunque ciertamente los trabajadores transfronterizos afectados por el Acuerdo de Retirada podrán, más allá del 31 de diciembre de 2020, continuar de forma temporal trabajando en Gibraltar con los mismos derechos comunitarios que disfrutan actualmente. Es fundamental reiterar que los derechos no pueden ser transitorios ni tener fecha de caducidad. Sin embargo, tanto los campogibraltareños que encuentren trabajo en Gibraltar y los gibraltareños que  trabajen en España, verán mermados presumiblemente esos derechos. De aquellas que no tienen contrato alguno, la mayoría mujeres dedicadas al servicio doméstico o a los cuidados serán sin duda las más perjudicadas, puesto que no aparecerán en ningún acuerdo ni existen para  los discursos oficiales.

Si no se logra un acuerdo entre España y Reino Unido sobre Gibraltar y la frontera pasa a ser calificada como Frontera Exterior, cualquier desacuerdo entre España y el Reino Unido puede significar endurecer las condiciones de paso de la frontera, volviendo al lamentable espectáculo de colas interminables, que tienen como victimas y rehenes de esta situación a las miles de trabajadoras y trabajadores transfronterizos. Esos mismos trabajadores que siguen sin que el gobierno español les reconozca ni resuelva la cuestión de sus futuras pensiones. Trabajadores y trabajadoras que llevan cotizados ya más de treinta y cinco años en Gibraltar solo van a tener derecho a una pensión de poco más de 300 euros que les otorga la legislación gibraltareña. Estos,  una vez jubilados, han de pedir en España las pensiones no contributivas y aun así no llegan a una pensión digna. Por todo ello es fundamental que el gobierno español impulse e incluya en cualquier acuerdo un Estatuto del Trabajador/a  Transfronterizo que  asegure sus derechos laborales y sociales.

Además cualquier acuerdo debe de escuchar y tener en cuenta a los municipios y habitantes que sufren las consecuencias de las decisiones que se toman en las moquetas de Madrid y Londres. Gibraltar, La Línea de la Concepción y el Campo de Gibraltar deben ser escuchados y considerados porque son los verdaderos protagonistas y quienes padecen con más rigor estas decisiones. La convivencia de estos pueblos debe ser prioridad para los negociadores y no un "sobrante" en la negociación. La negociación de Gibraltar no puede ser una vez mas la guerra de banderas a la que nos tienen acostumbrados; los derechos de los trabajadores y trabajadoras transfronterizos deben estar en el centro del debate, al igual que las ayudas para poblaciones especialmente afectadas como las del Campo de Gibraltar, el resto son fuegos de artificio de patriotas con banderas en las muñecas y cuestas corrientes en paraísos fiscales.